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Cuidado con la deshidratación de los bebés

Cuidado con la deshidratación de los bebés

Algunas sugerencias de los expertos para prevenirla a tiempo.

Cuidado con la deshidratación de los bebés
Por: Tatiana Quinchanegua
01 de Diciembre de 2014
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Generalmente, cuando va a consulta o de urgencias con el pediatra, tras una jornada de diarrea y/o vómito en su hijo, le han preguntado, ¿le ha dado abundante líquido al niño? La respuesta no siempre es positiva, producto del desconocimiento, inexperiencia o la ‘primiparada’. Lo que sí deben saber los padres es que “cuando el cuerpo no tiene tanta agua y líquidos como debiera”, se produce deshidratación, que sin tratamiento oportuno puede desencadenar daño cerebral permanente, convulsiones y, en el peor de los casos, la muerte, así como lo define la Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU.

La deshidratación se puede presentar de manera leve, moderada o grave, dependiendo de la cantidad de líquido corporal que el niño haya perdido o que no se haya repuesto.

Según el doctor Andrés Portilla, médico pediatra de la Universidad Nacional, en los bebés y en los niños la deshidratación se presenta, especialmente, cuando hay vómito o diarrea.

Otros factores asociados son sudoración excesiva, altas temperaturas y actividad física sin consumir agua de manera abundante. También, porque no tienen ganas de comer o beber porque se sienten enfermos, con malestar, náuseas, dolor de garganta o úlceras bucales (pueden aparecer en las encías, en los labios o en la lengua).

La doctora Magnolia Arango, pediatra de la Universidad Nacional, afirma que la mayoría de las causas de deshidratación en la población infantil son ocasionadas por infecciones virales e inadecuados hábitos de alimentación.

Por su parte, Yésica Castillo, pediatra, asegura que los padres pueden reconocer que su hijo se encuentra deshidratado porque los infantes expresan que sienten sed, lloran sin lágrimas, la boca se les seca, al pellizcarlos suavemente la piel no se reestablece fácilmente, tienen los ojos hundidos, se ponen irritables e inquietos.

Los adultos deben preocuparse y consultar al pediatra de manera inmediata, cuando los niños dejen de tomar suficientes líquidos, no los acepte o vomite, y se les vea decaídos o somnolientos.

Cabe recordar que la deshidratación es peligrosa en todas las edades, cuando no se trata oportunamente. Sin embargo, en el caso de bebés es aún más delicado si presentan alteraciones de la conciencia o dejan de orinar. Además, son más frágiles.

Para hacerle frente a la deshidratación, la doctora Arango asegura que se les debe ofrecer a los niños abundantes líquidos, que no sean gaseosas o bebidas azucaradas. En estos casos se debe optar por brindar suero de rehidratación, que se consigue en las farmacias y hay de diferentes sabores. Otra opción es preparar caldos con sal y azúcar.

Preparación del suero casero

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, para preparar el suero casero se pone a hervir un litro de agua, se agregan cuatro cucharadas de azúcar y dos cucharaditas de sal. En ocasiones, los padres piensan que el suero es más salado y lo preparan al contrario, lo que ocasiona problemas, porque se provee más sodio del necesario, lo que genera convulsiones. Por eso, los sueros ya preparados son más confiables.

Los sueros comerciales de sabores vienen de diferentes tipos: 45 y 90 mil. equivalentes de sodio. Para comprar el de 90 se necesita fórmula médica. Los más usados son los de 45.

Los mejores sabores son los que el bebé ya conoce.

Se le debe dar de acuerdo con su peso. Diez centímetros por cada kilo: si el bebé pesa tres kilos, se le dan 30 centímetros. Las jeringas ayudan a medirlos. Un error frecuente es suspender la alimentación y solo dar suero, porque con este se reponen los líquidos perdidos, pero el pequeño necesita los nutrientes que le provee la comida, así que debe continuar con su dieta rutinaria.

¿Qué cantidad de líquido deben consumir los niños diariamente?

Para mantenerse hidratados, los pequeños deben consumir, aproximadamente, cinco vasos al día si tienen entre 1 y 3 años; si están entre los 4 y 8 años deben aumentar la ingesta a siete u ocho vasos, recomiendan expertos del Instituto de Bebidas para la Salud y el Bienestar de EE. UU. Entre sus beneficios está que aumentan la concentración, disminuyen la sensación de fatiga y cansancio, mejoran el estado de la piel, contribuyen a aumentar la resistencia física. Las bebidas a base de leche contribuyen al fortalecimiento de los huesos, y los jugos naturales son fuente de vitamina C y potasio.

Los niños deben ingerir bebidas con más frecuencia que una persona mayor, debido a que su peso corporal es menor que el de un adulto y pueden perder líquido con facilidad.

En caso de que su hijo presente vómito o diarrea, para evitar complicaciones cada vez que el niño haga una deposición o devolución, debe ofrecérsele una bebida.

Aquí también cuentan las sopas, la leche e, incluso, las frutas, las verduras y los cereales, que tienen en promedio 65 por ciento de agua.

 

 

 

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1 Comentarios

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Comentarios (1)

1
diegotorres50
Hace 2 años
Interesante
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