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Diabetes infantil: verdades sobre la enfermedad

Diabetes infantil: verdades sobre la enfermedad

Con un buen control de la diabetes, tanto de tipo 1 como 2, el niño puede llevar una vida normal. La administración de insulina y la medición del azúcar en

Diabetes infantil: verdades sobre la enfermedad
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16 de Noviembre de 2007
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Con un buen control de la diabetes, tanto de tipo 1 como 2, el niño puede llevar una vida normal. La administración de insulina y la medición del azúcar en sangre deben ser estrictas en el tipo 1.

La diabetes es una enfermedad crónica caracterizada por la ausencia de insulina (el páncreas no la produce de forma suficiente) o la existencia de circunstancias que se oponen a la acción de ésta (el organismo no es capaz de utilizarla de manera eficaz).

La insulina es una hormona producida por las células beta del páncreas, que les permite obtener glucosa de la sangre y utilizarla para producir energía. Cuando dicha hormona no se genera o no actúa de manera adecuada, se produce un aumento de los niveles de glucosa.

Existen dos tipos de diabetes que con frecuencia se presentan en la población: uno y dos. En la primera, sostiene Silvia Chahín Ferreyra, presidenta de la Asociación Colombiana de Endocrinología Pediátrica (ACEP), las personas deben aplicarse inyecciones de insulina porque su páncreas produce muy poca o ninguna cantidad. Es más común en niños y adultos jóvenes y aparece de manera súbita. Sus síntomas: sed excesiva, boca seca, ganas de ir al baño con frecuencia, cansancio, pérdida de peso, hambre permanente, infecciones recurrentes y visión borrosa.

La diabetes tipo 2, en cambio, la padecen con mayor frecuencia personas mayores de 45 años, con sobrepeso. En este caso, no pueden utilizar la insulina eficazmente y el tratamiento de esta clase de patología se basa en cambios en el estilo de vida (dieta y ejercicio), medicamentos y a veces insulina.

“Las personas con esta diabetes pueden tener los mismos síntomas que aparecen en la 1, pero no resultan tan obvios. Cerca del 50 por ciento de ellos pueden tener la enfermedad y no saberlo, situación que puede tener graves consecuencias porque cuando se descubre la diabetes la persona puede tener ya complicaciones”, indica la doctora Chahín.

La diabetes tipo 1, comenta, está creciendo a un ritmo del tres por ciento por año en niños y adolescentes y a un 5 por ciento por año entre niños de edad preescolar.

Se estima que 70.000 niños menores de 15 años contraen diabetes tipo 1 cada año (al menos 200 al día) en el mundo. Hace 10 años, precisamente, se hizo un estudio en Bogotá para conocer la incidencia de esta diabetes en dichos infantes. “Se encontró que había tres a cuatro casos nuevos por año por cada 100 mil niños menores de 15 años”, afirma Pablo Aschner, director científico de la Academia Colombiana de Diabetes, quien lideró este estudio.

En el país, explica Aschner, existen entre 7.000 y 8000 infantes con diabetes tipo 1.

¿Cómo afecta la enfermedad a los niños?

En ellos, las manifestaciones que permiten descubrirla suelen ser graves, específicamente en el caso del tipo 1. Si en una o dos semanas no se ha diagnosticado, el niño puede terminar en urgencias o corre el riesgo de morir.

“Algunos debutan con alteraciones de la conciencia y esto conlleva a que les tomen exámenes y allí se encuentra el problema”, dice Gustavo Márquez, presidente de la Federación Diabetológica Colombiana y de la Fundación Colombiana de Diabetes.

Los factores de riesgo asociados a la diabetes tipo 1 en niños son, básicamente, antecedentes familiares, es decir, cuando tienen una persona cercana con la enfermedad, son posibles candidatos a desarrollarla (entra en juego la genética) y factores ambientales. En este último caso, explica la doctora Chahín, como posibles desencadenantes aparecen los virus, las toxinas de la cadena alimentaria y los componentes de la dieta, aún sin comprobar.

En la diabetes tipo 2 –añade la especialista- influyen el sobrepeso y la obesidad, el sedentarismo, dieta alta en grasas y baja en fibras, origen étnico, historia familiar, edad, haber tenido bajo peso al nacer, antecedentes familiares de diabetes tipo 2 e hipertensión.Esta diabetes se consideró durante un tiempo como una enfermedad exclusiva de adultos.

Sin embargo, hoy es más frecuente en los niños. En Estados Unidos, por ejemplo, se estima que este tipo de diabetes representa entre un 8 a un 45 por ciento de nuevos casos de la enfermedad en pequeños.

“Se cree que el aumento de la diabetes tipo 2 es, en parte, consecuencia del cambio en los hábitos alimenticios. Cada vez más personas consumen alimentos altos en grasas, enormemente procesados y bajos en fibra”, afirma la endocrinóloga pediatra Silvia Chahín.

La mayoría de niños con diabetes tipo 2, cerca del 85 por ciento, sufre sobrepeso u obesidad en el momento del diagnóstico. Se calcula que uno de cada diez niños tiene sobrepeso. Además, varias investigaciones muestran que los hijos de mujeres que desarrollan diabetes gestacional tienden a padecer diabetes tipo 2.

“Ahora hemos visto un fenómeno en el cual hay niños con tipo 1, que empiezan a ser obesos y pueden empezar a tener resistencia a la acción de la insulina, un comportamiento de diabético de tipo 2”, añade el doctor Márquez.

¿Cómo se trata?

Para un buen control de la diabetes tipo 1 se necesitan varias insulinas: una de acción prolongada (basal), que controla el periodo de ayuno entre la noche y la mañana y otras que se administran después de cada comida con el objetivo de atenuar los picos de glucosa en sangre posteriores a la ingesta de alimentos. “Cuando queremos simular de la mejor manera posible la función fisiológica del páncreas, se deben aplicar de tres a cuatro dosis diarias”, comenta el presidente de la Federación Diabetológica Colombiana, Gustavo Márquez. Hay insulinas conocidas como análogos que trabajan muy parecido al páncreas, pero no las cubre el sistema de salud.

“La insulina no sirve si no hay una medición frecuente del azúcar que permita controlar la cantidad que se debe administrar, lo cual cambia según lo que el niño coma y sus niveles de azúcar. Si él aprende a calcular cuánta insulina necesita para cada comida, tiene la posibilidad de llegar a adulto y tener una vida normal; por el contrario, cuando un control es malo, el promedio de vida es de 15 a 20 años después del diagnóstico”, afirma el director científico de la Academia Colombiana de Diabetes, Pablo Aschner.

Según el doctor Márquez, este control inapropiado de los niveles de azúcar puede generar, a futuro, complicaciones en la retina, los riñones y los nervios periféricos.

Los dulces no deben estar en la dieta del menor. Es necesario acudir a los sustitutos (productos light, sin azúcar), pues los primeros están hechos de azúcares refinados y, a pesar de que el infante reciba insulina, esta dosis no alcanza a actuar frente a la rapidez con que se absorbe el azúcar posterior a su ingesta y se elevan los niveles de glucemia en sangre.

La alimentación debe ser equilibrada, ajustada a la edad, peso y talla del menor. Debe contener los tres tipos de alimentos básicos, como son carbohidratos, proteínas y grasas, en las proporciones justas, a fin de conocer el comportamiento de su glucemia y aplicarse la insulina requerida para tener un buen control metabólico. El niño debe realizarse por lo menos cuatro glucometrías al día.

No debe ingerir excesos de comida o de golosinas porque esto lo descompensará. Debe, igualmente, hacer ejercicio.

Para el diabético tipo 2, se realizan cambios significativos en la dieta y en el estilo de vida. El tratamiento es con hipoglucemiantes orales, aunque a algunos niños se les administra insulina. El ejercicio también es clave.

Exámenes

La glucemia en ayunas o postprandial (después de haber ingerido alimento) es el primer paso para determinar la existencia de diabetes tipo 1 y 2. “Si en dos ocasiones repetidas la persona tiene más de 125 miligramos de glucemia por decilitro ya estamos en presencia de diabetes”, afirma el especialista Márquez.

¿Cómo corroborar el resultado cuando se tienen dudas? Se administra una carga oral de glucosa (75 gramos) y a las dos horas se examinan los niveles de glucemia en sangre: si está por encima de 200 miligramos se hace diagnóstico de diabetes. Si una persona, en cualquier momento del día, tiene más de esta cantidad, independientemente de que sea en ayunas, se dice que es diabética.

El endocrinólogo pediatra, una vez confirmada la enfermedad, la controla a través de glucometrías antes y después de cada comida principal, glucemia en ayunas, hemoglobina glicosilada, función tiroidea, parcial de orina y microalbuminuria. De igual forma, mide su peso, talla, IMC (Índice de Masa Corporal) y presión arterial. También se le realizan periódicamente los siguientes exámenes: valoración nutricional, examen oftalmológico, examen de los pies, vacunación (especialmente contra la influenza) y apoyo psicosocial.

Andrea Linares G.Redactora ABC del Bebé

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