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No más orejas de 'conejo'

No más orejas de 'conejo'

Existe el tratamiento adecuado, para que los niños con orejas demasiado grandes, puedan ser tratados y le digan adiós al complejo de 'Dumbo'. Alguno

No más orejas de 'conejo'
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28 de Enero de 2008
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Existe el tratamiento adecuado, para que los niños con orejas demasiado grandes, puedan ser tratados y le digan adiós al complejo de 'Dumbo'.

Algunos pequeños que las tienen grandes, paradas o sin el pliegue en el extremo superior se intimidan tanto que, incluso, no levantan la cabeza. Otros, en cambio, no sienten pena por su diferencia estética. Al ‘gordito’, ‘gafufo’ y ‘chiqui’, se suma el 'conejo' del salón.

Un niño con orejas en pantalla –como llaman los expertos a aquellas que son grandes y muy paradas– a veces puede sentir su estima afectada por las críticas y burlas que recibe. Deja de ser un compañero más, para ser ‘el orejón’. Para los varones, es difícil pero para las niñas no tanto, pues las ocultan debajo del pelo; no obstante, en ambos géneros es un defecto que baja la autoestima y aumenta la inseguridad.

Algunos padres recurren a métodos caseros: si las orejas del menor son muy grandes y abiertas, le ponen una balaca para mantenerlas pegadas a la cabeza o, cuando falta el pliegue del borde superior, lo doblan y sostienen con esparadrapo. Este método no siempre surte efecto.

La otra opción es la cirugía estética u otoplastia. “Su finalidad es corregir las anomalías que presenta la oreja durante su desarrollo, tales como aumento excesivo y desproporcionado del tamaño respecto de la cabeza del niño, alteraciones en la forma (ausencia del pliegue del cartílago en el pabellón de la oreja) o presentación anómala, por ejemplo, cuando cuelgan hacia delante (orejas de pantalla)”, explica el cirujano plástico Ernesto Andrade.

También son comunes las alteraciones por falta de crecimiento, como las orejas pequeñas debido a la ausencia total o parcial del pabellón auricular. “Es recomendable realizar la cirugía entre los 5 y 6 años de edad del niño, cuando los cartílagos alcanzan su tamaño máximo; si se practica antes de tiempo, se daña el curso normal del crecimiento de la oreja y si se deja para después, se somete al menor a un trauma por las burlas que recibe”, agrega Andrade.

Sin embargo, los especialistas indican que no siempre un pequeño con orejas defectuosas desarrolla grandes traumas psicológicos. Y los que aparecen, lo hacen cuando el menor comienza su vida escolar y no antes, pues no tiene con quién compararse. “Si surgen antes del ingreso al colegio es por cuestión de los papás. Se preocupan por la apariencia del niño, sin tener en cuenta que, con el crecimiento, estos defectos pueden desaparecer”, explica el psiquiatra infantil Germán Casas.

De este modo, se recomienda esperar a que los cartílagos se desarrollen completamente para decidir si hay que operar o no. “Lo que hay —de acuerdo con Casas— es una insatisfacción de los padres al no tener el ideal de hijo perfecto, porque tiene defectos en su cuerpo y no en su personalidad, que son los que realmente importan”.

Así es la intervención

La cirugía se realiza por la parte trasera de la oreja, para que la cicatriz no sea visible y genere otras burlas hacia el menor. “Se retira el exceso de cartílago y piel; luego se acomoda y da forma al cartílago. Así, la oreja queda pegada a la cabeza”, explica Andrade.

La otoplastia dura entre 30 y 40 minutos, es ambulatoria, requiere anestesia general y guardar reposo entre 2 y 3 días, luego de la cirugía. “No requiere gran cuidado postoperatorio, simplemente evitar golpes y para ello, se usa una balaca que protege las orejas. Sus beneficios son definitivos, por lo que no necesita retoques”, agrega Andrade.

Otras anomalías no implican remover cartílago para ser corregidas. Basta con suturas que sujetan las orejas hacia atrás y las acercan al cráneo. “La otoplastia cambia la calidad de vida del niño. Deja la agresividad al no recibir más burlas ni agresiones por ser ‘orejón’. Le da más seguridad, logrando tener más y mejores relaciones”, enfatiza Andrade.

Las alteraciones más frecuentes

Las orejas en pantalla no son la única alteración, pero sí son las más frecuentes. Existen otras, por ejemplo, con el extremo superior caído (oreja porcina), hay orejas en canoa (similares a las orejas en pantalla, pero exageradas y algo alargadas) y satíricas (alargadas, en forma de hoja de árbol).

La anotia, o ausencia del pabellón auricular, es otra anomalía. “Puede ir acompañada de problemas auditivos. Para corregirla, requiere tres cirugías: una para sacar cartílago de las costillas y ubicarlo debajo de la piel; las otras, para dar forma a la oreja”, explica el cirujano plástico Mauricio Linares. Existe una forma de anotia parcial. No falta la oreja completa, sino que es tan pequeña como un fríjol o un maní. Se trata con un implante de cartílago.

Recomendaciones para padres y maestros

Los padres no deben apresurarse y someter a su hijo a una intervención quirúrgica antes de tiempo. Recuerden que hasta los seis años los cartílagos alcanzan su tamaño definitivo. “Los maestros no deben señalar al niño ni hacer evidente la diferencia. Deben tratarlo de manera natural, siempre recordando que se trata de algo estético, no de un problema”, explica el psiquiatra infantil Germán Casas.

Si los defectos en las orejas generan baja estima en el niño o comprometen su calidad auditiva, es aconsejable pasarlo al quirófano, siempre y cuando el médico lo considere necesario. No olvide que antes de cualquier procedimiento estético hay que visitar al psicólogo o psiquiatra, quienes decidirán la pertinencia o no de la intervención.

Los maestros deben enseñar a los alumnos a aceptar y respetar la diferencia. Un niño con orejas grandes en el aula es la oportunidad para educar en cuanto a tolerancia. No todos los niños generan traumas por sus orejas. Los padres deben escucharlos antes de llevarlos al quirófano La otoplastia se practica a partir de los 5 o 6 años de edad, cuando el cartílago ha alcanzado su tamaño máximo.

Pilar Bolívar

Redactora ABC del bebé

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