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Pa' machos - Dulce compañía

Pa' machos - Dulce compañía

Aunque casi nunca nos gusta hablar de enfermedades, y menos de niños enfermos, hoy les voy a hablar de la diabetes y más de esa que les da a los niños.

Pa' machos - Dulce compañía
Por: Carlos F. Fernández*
17 de Diciembre de 2007
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Aunque casi nunca nos gusta hablar de enfermedades, y menos de niños enfermos, hoy les voy a hablar de la diabetes y más de esa que les da a los niños.

Pero no vayan a creer que me voy a despachar con la diatriba de rigor para describirles la función del azúcar en el cuerpo, y cómo se aumenta en la sangre cuando falla la insulina. No señores.

Tampoco a lo que produce en el cuerpo de los chicos y cómo les borra la sonrisa, nada de eso.

Pues bien, les contaré algo positivo. Para empezar, les diré que si su hijo la tiene eso no es una tragedia. Claro que es para preocuparse, pero más para develar todas las oportunidades que se abren para aprender, crecer y, sobre todo, estrechar los sentimientos no solo con él sino con toda la familia.

Empiece por saber que es posible vivir con esta enfermedad sin privar a los menores de nada. Jugar, estudiar, viajar, reír, todo lo pueden hacer. Atrás quedaron los tiempos en que había que aislarlos y casi esconderlos a riesgo de que no se complicaran.

Si usted no sabe cómo medir el azúcar de la sangre y qué significa cada cifra, es bueno que aprenda y no se haga el gringo. Esa actividad no hay que hacerla por hacerla, tiene que convertirla en algo rico, y ahí es donde entra en juego su imaginación.

¿Que hay que aplicar insulina?, no se corra. Tiene que volverse un erudito en eso de las jeringas y la asepsia y la antisepsia. ¿Qué no sabe?, corra al diccionario. Ah, nada de asustar con los chuzones de nuevo a crear situaciones gratas y manos a la obra.

Prepárese a comer lo mismo que su hijo. Ni de vainas se le ocurra engullirse cosas delante de él, eso es infame. La dietica igual. ¿Que no le gusta?, se sobó, no tiene escapatoria. A innovar sabores y platos se dijo.

No se haga el de las gafas y anticípese a contarle y explicarle a su hijo, con lujo de detalles, todos los cambios que suceden en su cuerpo. Aquí sí le recomiendo asesorarse muy bien.

Nunca esconda la enfermedad y acostúmbrense, los dos, a hablar de ella con tranquilidad, compartan la información y cuéntensela a los amigos. Acompáñelo al colegio a explicar lo que le pasa y no permita por nada, que se sienta estigmatizado o señalado.

Adviértale riesgos, pero no se priven de nada. Paseen, mucho aire libre y ejercicio les cae de perlas, no hay deporte que no puedan practicar y por encima de todo no hay excusa para que no se puedan abrazar.Ya tendrán tiempo de crecer y de hablar de cosas de adultos; por ahora, sea niño como él. No olvide que su hijo diabético es lo más dulce que el mundo le pudo dar.

Carlos Francisco FernándezAsesor Médico de EL TIEMPO

 

 

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