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Problemas auditivos y visuales del niño pueden generar bajo desempeño escolar

Problemas auditivos y visuales del niño pueden generar bajo desempeño escolar

Los padres, cuidadores y profesores deben estar atentos ante cualquier cambio en el rendimiento del niño en el colegio. En la etapa preescolar y escolar su hij

Problemas auditivos y visuales del niño pueden generar bajo desempeño escolar
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07 de Abril de 2011
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Los padres, cuidadores y profesores deben estar atentos ante cualquier cambio en el rendimiento del niño en el colegio.

En la etapa preescolar y escolar su hijo recibe gran parte de la información a través de dos canales: la visión y la audición. Cuando los órganos de estos dos sentidos presentan alguna anomalía, seguramente su rendimiento académico se va a ver afectado.

Cabe aclarar que las enfermedades que afectan los ojos o los oídos no generan trastornos del aprendizaje; solo ocasionan molestias en el desempeño escolar. 

“La definición de la Academia Americana de Pediatría dice que los pacientes que tienen dificultades es un proceso de aprendizaje no tienen problemas auditivos ni visuales. Es decir, un niño que no ve ni escucha es aquel que no va a tener un buen aprendizaje porque no tiene buena recepción de los estímulos. Pero cuando el problema no radica en estos aspectos, tiene que ser remitido a un neurólogo, para descartar un problema de otra naturaleza”, explica Felipe Escallón Buendía, oftalmólogo pediatra y ex presidente y miembro fundador de la Asociación Colombiana de Oftalmología pediátrica y Estrabismo –Cope–.

 

Al escucharEl desarrollo del sistema auditivo surge cuando el bebé está en el vientre de su madre. Si no hay ningún contratiempo y el proceso es óptimo, el niño cuenta con todo su sistema para recibir la información del mundo que lo rodea.

Este sentido permite “identificar, reconocer, sintetizar y analizar toda la información que le ofrece el mundo exterior y le va a permitir llevarlo a un aprendizaje formal, como el colegio”, afirma Érika Romero Bermúdez, fonoaudióloga de la Universidad Manuela Beltrán, especialista en educación especial y máster en educación.

Este sentido, se puede ver afectado, según la especialista, por las hipoacucias de tipo conductivo. Estas, aunque requieren seguimiento, no son tan delicadas, pues se trata de una sordera que no afecta las frecuencias del lenguaje. La pérdida puede ser de leve a moderada o de moderada a severa; en esta última se necesitan adaptaciones de audífonos. “Todo eso requiere de un proceso de rehabilitación para adaptarse a escuchar de una manera diferente y entrenarse en el uso del aparato”, explica Érika Romero.

 Cuando el niño no escucha bien en su ambiente escolar, tiene alta tendencia a la distracción, porque tiene otros intereses para el aprendizaje, parte de su ejecución lingüística puede estar alterada y rompe el canal de comunicación con el mundo que lo rodea. Existen otros casos más graves, como la hipoacucias de tipo neurosensorial, que están relacionados con sordera profunda, señala Romero, y necesitan una intervención diferente, con un enfoque sicoeducativo y sicopedagógico.

 

Ojos que no ven… Entre el 7 y el 9 por ciento de los pacientes niños necesitan anteojos, dice el doctor Felipe Escallón. No todos los problemas son hereditarios, pero usualmente tienen un antecedente familiar cercano. Cualquier problema que disminuye la visión del menor puede afectar su escolaridad. Entre ellos se encuentran:• Miopía. Aparece alrededor de los 9 o 10 años; en la minoría, antes. Se caracteriza por una mala agudeza visual para ver a distancia. “Si uno de los dos padres es miope, el paciente tiene un 30 por ciento de posibilidad de desarrollar miopía. Si los dos padres son miopes, tiene el 60 por ciento”, afirma el doctor.En estos pacientes, es necesaria una corrección óptica (gafas o lentes). • Astigmatismo. La visión cercana y lejana disminuye y produce cansancio visual. Por eso, se necesita también una corrección visual.• Hipermetropía. En la inmensa mayoría de los casos, es un hallazgo normal en niños; cabe anotar que gran parte de ellos no necesitan gafas. Al ojo le llega una imagen borrosa o desenfocada, pero el organismo tiene unas funciones de compensación que permiten enfocar la visión. Cuando el defecto es alto o está por encima de lo normal, se necesitan anteojos. En clase, dice el oftalmólogo pediatra, “el niño hipermétrope alto, que necesita gafas y no las tiene, puede pasar como un pequeño con problemas de atención. Y como tiene que hacer un esfuerzo, cambia de actividad constantemente. Entonces, son niños que terminan en terapia ocupacional, cuando lo que necesitan es ir al oftalmólogo”.Los síntomas generalmente son una recurrente distracción y acercarse demasiado al tablero, al texto o al televisor.

 

Con los oídos                                 • El padre de familia puede detectar problemas auditivos, cuando ve fallas en el desarrollo (no hace lo del resto de niños o se queda ensimismado en una misma actividad).• Cuando el niño nazca, se deben hacer exámenes genéticos que determinen la pérdida auditiva del neonato.• En la etapa escolar, realizar siempre los exámenes que sugiere el colegio.• Estar pendiente de las etapas de crecimiento y desarrollo que permiten identificar las facultades del pequeño. • Ir de la mano con el docente para ver qué falla en su proceso académico.

 

Ojo con el ojoFelipe Escallón Buendía, oftalmólogo pediatra, ex presidente y miembro fundador de la Asociación Colombiana de Oftalmología pediátrica, explica:• Colocar anteojos no modifica el curso de un defecto. Una miopía aumenta con el tiempo y se estanca entre los 15 y 17 años, en mujeres; y entre los 17 a 19, en hombres.Las hipermetropías, por su parte, tienden a disminuir entre los 12 y 13 años. El astigmatismo es estable.• Los factores de crianza, como ver televisión de cerca o cuando se es bebé, no van  a inducir un problema de gafas. • Cuando los defectos son disparejos, se necesita lentes de contacto. A partir de los 9 a los 11 años, ya se pueden usar lentes.• No se recomiendan las cirugías refractivas en niños. Los ojos todavía están en desarrollo, los defectos no se han acabado de estabilizar y, si se operan, son pacientes que terminan condenados a ser sometidos a más procedimientos.

 

Por Karen Johana Sánchez

Redactora ABC del bebé

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