Síguenos en:

Sí se puede vivir con la diabetes

Sí se puede vivir con la diabetes

Un niño necesita el apoyo de sus padres y asumir que esta enfermedad simplemente es una condición que requiere ciertas modificaciones en su estilo de vida. Es

Sí se puede vivir con la diabetes
Por:
16 de Noviembre de 2007
Comparte este artículo

Un niño necesita el apoyo de sus padres y asumir que esta enfermedad simplemente es una condición que requiere ciertas modificaciones en su estilo de vida. Es importante que aprenda a conocerla y a controlarla.

Hace casi un año, durante una película, María José fue al baño cinco veces y se tomó las gaseosas que sus padres habían comprado antes de ingresar a la sala de proyección. Aún así, no logró calmar su sed, la cual, en los últimos tres días, permanecía insaciable.

A sus 7 años, muy próxima a los 8, tiene diabetes tipo 1. Desde el momento en que le diagnosticaron la enfermedad, lo asumió muy bien. “Ella ha sido la que nos ha dado valor a nosotros, cuando debería ser al revés. Aún recuerdo aquel viernes en la noche, cuando nos dijeron que ‘Majo’ tenía la enfermedad y debía ser hospitalizada. Intenté no llorar delante de ella, pero se me escurrían las lágrimas y me decía ‘mamita, no llores, yo estoy bien’ y así ha sido”, comenta Johanna Velásquez, su mamá.

María José se mide el azúcar en la sangre seis veces al día y se aplica insulina cuatro veces. En casa, todo lo endulzan con stevia y se consumen productos sin azúcar, con el fin de que la niña no se sienta diferente. En el colegio pasa igual: su almuerzo es similar al de sus compañeros, sólo que con ajustes en las porciones de los alimentos que consume para regular, por ejemplo, la ingesta de carbohidratos.

Johana Velásquez, química farmacéutica, y Jaime Reina, médico (padre de la menor) estaban muy asustados cuando recibieron la noticia de la situación de la niña. Desconocían de qué se trataba y comenzaron a sentir miedo, rabia, culpa e, incluso, por la mente de Johana pasó la idea de que María José iba a morirse.

Finalmente, aceptaron la diabetes de su hija. Ahora, tratan de hacerle ver que no es una enfermedad sino una condición con la cual debe aprender a vivir. Le colaboran con la insulina y la medición del azúcar para que sientan que es una responsabilidad familiar.

“Buscamos hacer un primer acercamiento con los padres quienes, desde el diagnóstico, se ven enfrentados a dos cosas: choque emocional ante la confirmación de la enfermedad, pues las personas, cuando piensan en diabetes, se imaginan complicaciones, y el reto de manejar una situación nueva y diferente”, afirma la sicóloga Adriana Flórez, de la Asociación Colombiana de Diabetes, educadora certificada en diabetes.

¿Cómo manejarlo?

El problema comienza cuando un niño se da cuenta que es diferente a los otros y no es así. Se puede vivir con la diabetes, no para la diabetes. Esta debe asumirse como un reto por medio del cual el infante aprende a ser más responsable y a llevar buenos hábitos de vida.

El pequeño debe saber que dentro de su organismo ha ocurrido un cambio y que existe una sustancia que no se está produciendo de manera adecuada, por lo cual hay que inyectársela. Además, hacerle comprender que son necesarios ciertos cuidados en su alimentación y que la actividad física es muy importante.

Es clave, de igual modo, explicarle al pequeño qué procedimientos van a realizarse de ahora en adelante, de una manera práctica y sencilla. Cuando comience a crecer, es importante que él mismo aprenda a administrarse insulina, a medir sus niveles de azúcar, de modo que se haga cargo del control de su condición. De esta manera asume dichos procedimientos como parte de una rutina.

“Ante todo, necesita conocer la verdad de su enfermedad e incentivarlo a que se eduque sobre la misma para que conozca las complicaciones y cómo prevenirlas a través de un control adecuado”, afirma la endocrinóloga pediatra Silvia Chahín Ferreyra.Tener diabetes no es una tragedia. Sí se puede vivir con ella.

El acompañamiento de los padres desde el momento del diagnóstico es vital para el pequeño, así como en todas las situaciones a las que éste se enfrente. Deben educarse en la enfermedad para saberla manejar.

La idea es que se familiaricen con procesos ‘instrumentales’ como administrar insulina y realizar glucometrías, así como las modificaciones en la dieta y en el estilo de vida, lo cual no implica que el niño sea distinto a los demás.

Los padres, explica la sicóloga Flórez, al comienzo pasan por un proceso de duelo, se culpan por la enfermedad de su hijo y se preguntan en qué fallaron, como lo hicieron Johana y Jaime. Sin embargo, en una diabetes tipo 1, no hay nada que los padres hubieran hecho o dejado de hacer para evitar que esta apareciera. Se trata de una predisposición genética.

¿Qué sentido tiene buscar culpables cuando es una situación que no se puede reversar?Ninguno. Para la especialista, es clave que los adultos apoyen a su hijo, le den ánimo, lo hagan feliz y le expliquen que tiene todas las posibilidades de llevar una vida normal.

Incluso, deben separar la diabetes de la crianza. “Algunos flaquean en reglas y son supremamente permisivos con su hijo, sobreprotegiéndolo. Si hay más hermanos, es el más consentido. El niño diabético, como cualquier otro, necesita reglas, límites, rutinas y no ser tratado como un ser raro”, sostiene Flórez.

Un adulto tranquilo le transmite lo mismo a su hijo y éste aprende a manejar mejor su condición y las situaciones que se derivan de ella. En cambio, un infante ansioso y desesperado es producto de unos padres igualmente ansiosos que no tienen control de lo que está sucediendo. Si piensan que el pequeño va a enfermar pronto, muy posiblemente lo hará y en caso de existir tensión en la familia, el menor presentará con mayor facilidad descompensaciones.

Adicionalmente, el miedo y las preocupaciones pueden afectar el rendimiento escolar del niño. Para aprender y rendir debe haber condiciones emocionales óptimas.Igualmente, reitera la doctora Chahín, es imprescindible que exista una relación estrecha de los padres y el niño con el grupo multidisciplinario de atención en diabetes, conformado por: endocrinólogo pediatra, nutricionista, deportólogo, psicólogo, trabajadora social y educador en diabetes.

“Ha sido un gran apoyo saber que hay más niños en la misma situación y que son normales y felices, inclusive bebés; ahora nos sentimos más tranquilos y ya hemos aprendido a convivir con la diabetes”, puntualiza Johanna.

Los dulces

Algo muy importante: en casa no deben existir tentaciones. Si el niño come gelatina light, todos deben comerla y no guardar productos de azúcar refinada en una gaveta con seguro, pues el niño se convertirá en un ‘experto cerrajero’.

De la forma como los padres reaccionen cuando su hijo consuma mucho dulce o descubran que este cometió un ‘pecadillo’ en el colegio o en la calle, dependerá la sinceridad del menor. En tal caso, deben preguntarle: ¿qué hizo que te comieras el chocorramo? ¿En qué momentos hay mayor posibilidad de que lo comas? ¿Qué se te ocurre que podemos hacer? Tus niveles de azúcar están muy altos, ¿hacemos ajustes de insulina? Así le permiten al niño asumir responsabilidad frente al acto cometido y hacerse partícipe al respecto.

Andrea Linares G.Redactora ABC del Bebé

Comparte este artículo
Tags de artículo

0 Comentarios

imagen
publicidad
publicidad

Herramientas ABC

  • Calendario de Embarazo

    Nada más emociónate que entender cómo cambia mi bebé en estos 9 meses,  Bárbara Mora.

  • Calendario de Ovulación

    Toda mujer que esté pensando en tener un bebé, debe no solo conocer su ciclo menstrual, sino también el día más fértil de este.

  • Índice de masa corporal

    Es una medida de asociación entre la masa y la talla de un individuo ideada por el estadístico belga Adolphe Quetelet, por lo que también se le conoce como índice de Quetelet