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Valoraciones médicas para realizarle a su hijo antes de ingresar a clases

Valoraciones médicas para realizarle a su hijo antes de ingresar a clases

Que sus hijos comiencen el año escolar con muy buena salud, es un propósito que todos los padres deberían tener en mente. El aprendizaje depende, entre otros

Valoraciones médicas para realizarle a su hijo antes de ingresar a clases
Por: ABCdelbebe.com
18 de Enero de 2008
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Que sus hijos comiencen el año escolar con muy buena salud, es un propósito que todos los padres deberían tener en mente. El aprendizaje depende, entre otros factores, de una adecuada capacidad visual y auditiva del niño. Si alguna de las dos llegara a tener limitaciones, esto conlleva dificultades en la manera como un infante recibe y procesa la información que le brinda el entorno.

De allí la importancia de practicarle una serie de exámenes y valoraciones para garantizar que cuenta con la salud, bienestar, disposición y ánimo para iniciar con pie derecho sus retos académicos. De hecho, varios jardines y colegios los exigen.

* Carné de vacunación al día. Un niño debe tener completo su esquema de vacunación y, en lo posible, contar con vacunas que no se encuentran dentro del Plan Ampliado de Inmunizaciones (PAI) como hepatitis A, varicela y neumococo. “Esto no solo evita que se enferme por infecciones prevenibles sino que el solo hecho de estar vacunado favorece la disminución de la incidencia de la enfermedad en el resto de población”, afirma el pediatra Gustavo Cortés Garzón.

En el caso de la hepatitis A, por cada niño infectado pueden presentarse entre cuatro y cinco casos más. Aunque el virus que produce la enfermedad se considera benigno, se ha demostrado que puede llegar a provocar fallas hepáticas severas. Y qué decir de la varicela: una enfermedad incapacitante y altamente contagiosa.

El período de incubación (sin síntomas) de esta enfermedad es de unas dos semanas. Los síntomas iniciales incluyen fiebre súbita y sensación de cansancio y debilidad. Luego le sigue una erupción de vesículas que comienzan en el cuerpo y en la cara, y que continúan brotando durante tres o cuatro días, extendiéndose por todo el cuerpo, y evolucionando a la desecación con formación de una costra antes de caerse.

Cuando un infante ingresa al jardín -recalca el doctor Cortés - se expone a una serie de infecciones virales. Su primer ingreso le representa, en promedio, de cinco a siete gripas, dos diarreas y una otitis al año (especialmente en el caso de los niños bogotanos). Esto sin contar los mordiscos, chichones, rasguños, peladuras y demás riesgos que puede sufrir un pequeño dentro del establecimiento educativo.

• Certificado médico. Es clave una constancia del pediatra en la cual certifique que el menor no padece enfermedades contagiosas o eruptivas propias de la infancia.Es necesario, además, constatar que no tenga pediculosis (piojos en la cabeza) y, de ser así, realizarle el tratamiento indicado por el médico lo antes posible.

Ojo con los ojos

La valoración de los ojos, a través de un examen oftalmológico y de optometría es importante porque, muchas veces, un mal rendimiento escolar (infantes que se saltan palabras o letras y leen despacio) puede ser causa de una mala visión.

El primer examen oftalmológico de un niño sano se hace hacia el primer año de edad y permite detectar anomalías congénitas del desarrollo visual, así como patologías adquiridas posteriormente. “El inicio de la escolaridad es un buen momento para hacer un segundo examen muy completo”, afirma el oftalmólogo Guillermo Marroquín Gómez, presidente de la Asociación Colombiana de Oftalmología Pediátrica y Estrabismo, Acope.

Entre las causas de mala visión se encuentran los defectos refractivos, es decir, que las imágenes no se enfocan con nitidez en la retina y llevan a un emborronamiento de la visión; puede ser miopía (ve mal de lejos), hipermetropía (visión borrosa de objetos cercanos, fatiga ocular) o astigmatismo (pierde renglones, confunde letras o números, los invierten).

También está la ambliopía (ojo perezoso), es decir, la falta de desarrollo visual en un ojo y se origina, especialmente, por defectos refractivos no corregidos oportunamente, y estrabismo (ojo desviado, éste ve mal y el cerebro actúa como si no existiera y trabaja solo por el otro).

“La ambliopía es tratable antes de los 5 o los 6 años de edad. Después de este tiempo, el tratamiento ya no es exitoso”, afirma el médico oftalmólogo Guillermo Marroquín.

“A veces, los niños se rascan mucho los ojos y parpadean con frecuencia, por lo cual vale la pena examinarlos”, indica la optómetra Sonia Linares.

Saber escuchar

Para saber qué también está oyendo su hijo, hay que hacerle una audiometría. Se trata de una prueba audiológica y su objetivo es determinar el umbral mínimo de audición de una persona para cada una de las frecuencias e intensidades del sonido. Las frecuencias van desde los sonidos más agudos hasta los más graves (de 125 Hz a 8.000 Hz) y los niveles de intensidad se miden en decibeles de 0 a 110.

“Si la curva de audiometría da entre 0 y 20 decibeles, significa que la persona escucha muy bien. Si a un niño le hacen esta prueba y es normal, quiere decir que está recibiendo la información auditiva de forma correcta”, explica la fonoaudióloga María Paola González.

La buena audición garantiza un aprendizaje escolar correcto. A veces pasa que un niño escucha mejor por un oído que por otro y no es fácil de detectar este problema sin previo examen. De igual forma, puede tener un retardo en el lenguaje asociado a una disminución de la agudeza auditiva.

Según la fonoaudióloga Aixa Materón, estas son algunas señales que podrían indicar retraso en el lenguaje del niño:- Solo señala y se comunica por gestos o no muestra intención de comunicarse por ninguna vía.- No se le entiende nada de lo que dice.- Presenta enfermedades crónicas a repetición como otitis, rinitis y reflujo, lo cual altera los patrones de sonidos.- Tiene año y medio de edad y no pronuncia ninguna palabra.- A los 2 años es incapaz de unir dos palabras para formar frases sencillas.- Pasa el tiempo y no incrementa progresivamente su vocabulario.

Buscar el lugar adecuado

Selección. Vale la pena que aquellos padres que se encuentren preocupados por un comportamiento en particular de su hijo, busquen orientación con un sicólogo infantil para saber qué tipo de jardín o colegio le conviene al pequeño. "Si se trata de un niño muy sensible, que no ha tenido ningún tipo de estimulación ni mayor contacto con otros infantes de su edad, les recomendaría un jardín personalizado. Para pequeños que permanecen todo el tiempo en un apartamento y no cuentan con parques cerca, debe escogerse un lugar con amplias zonas verdes”, indica la sicóloga infantil Paula Bernal.

Según la experta, es recomendable que la cultura familiar no difiera mucho de la que se imparta en la institución educativa seleccionada. De igual forma, que ésta llene las expectativas, deseos y necesidades de los padres y el niño. En caso tal que el menor tenga un problema sicológico previamente diagnosticado por el especialista, los padres deben asegurar que el jardín o colegio cuente con un sicólogo infantil.

Cuidar los dientes

Cepillado. La valoración odontológica es vital antes del ingreso al colegio, para que llegue sin problemas de higiene oral. “Un pequeño con caries u otra enfermedad bucal va a tener problemas para alimentarse, además de otras incomodidades, y no va a rendir en el colegio”, dice Francisco Hernández, presidente electo de la Academia Colombiana de Odontología Pediátrica. El odontólogo hace énfasis en la importancia de mantener una higiene bucal adecuada, especialmente cuando muchos pequeños pasan su jornada escolar sin cepillarse los dientes. En este caso, el doctor Hernández recomienda disminuir el consumo frecuente de alimentos durante la permanencia en el jardín o colegio (algunos pican el día entero toda clase de golosinas y comidas de paquetes, lo cual debe evitarse), hacer enjuagues bucales vigorosos con abundante agua después de haber comido y cepillar los dientes apenas lleguen a casa.

Andrea Linares G.Redactora ABC del bebé

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