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¿Cómo se da el proceso del habla en los niños?

¿Cómo se da el proceso del habla en los niños?

El niño descubre que puede expresar con mayor exactitud sus intereses.

Palabras para decidir
Por: Andrea Forero Aguirre
11 de Abril de 2013
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“El lenguaje le da al niño la posibilidad de tomar y comunicar decisiones, una de las características fundamentales de la autonomía y la independencia. Tiene tanta riqueza que, a través de este, el infante negocia toda su realidad”, así lo asegura el psicólogo Milton Eduardo Bermúdez Jaimes, experto en desarrollo socioemocional y cognitivo de la niñez.

La relación entre el lenguaje y la independencia es todo un proceso que arranca desde muy temprano, hasta llevar al niño a entender que el mundo no solo se suscribe a su cuidador.

Las habilidades comunicativas están presentes desde el nacimiento. Su primera forma de manifestación es el llanto, pero no siempre tiene el mismo significado y los padres logran identificar lo que pasa con el niño. Con esta forma de comunicación, los primeros 12 meses de vida, él expresa necesidades fisiológicas, enojo y dolor.

Otras formas más sofisticadas de información son los gestos. Tras aclarar que el acto de señalar es algo exclusivamente humano, el doctor Bermúdez explica que el niño indica con su dedo que hay algo que llama su atención, por ejemplo, un gato que pasa. Y también señala para pedir algo, como una galleta o un juguete.

Señalar es muy importante porque el niño va ganando esa independencia a través de la manifestación de lo que llama su atención o no, o incluso de lo que quiere.

Lo verbal

Primero vienen los gorjeos y luego las primeras palabras. Estas coinciden con una especie de distancia que él toma de sus cuidadores. “En principio el niño tiene una relación muy cercana con madre o padre, prácticamente vive fusionado, se siente como una prolongación del cuerpo de la persona que está con él. Con el lenguaje se da cuenta de que existen otras cosas fuera del entorno y que con este puede actuar a distancia”, explica el psicólogo.

Por ejemplo, si quiere tetero ya no va a tener que señalar o llevar a su mamá halada hasta el objeto para que se lo alcance, sino que va a decir “quiero tete”. Y caer en la cuenta de que con la palabra es posible actuar a distancia va a complementar su desarrollo cognitivo para entender que el mundo tiene muchas posibilidades más amplias.

“Ese logro le da la independencia y la autonomía de comunicar de manera mucho más exacta, que a través del llanto. Expresar alegría, amor, frustración, rabia y tristeza será mucho más fácil. Sumado a eso aprenderá a leer en los otros qué está pasando, porque se unen la expresión y la comprensión”, dice el experto en desarrollo socioemocional y cognitivo de la niñez.

El equilibrio ideal 

Desde el punto de vista evolutivo, explica el psicólogo Bermúdez, por el hecho de tener marcha bípeda nacemos antes que otras especies y, en consecuencia, los periodos de infancia son prolongados, por eso, es una necesidad tener a un adulto que se haga cargo de nosotros.

“Eso facilita en principio la supervivencia, pero no es posible que un adulto vaya a estar siempre al cuidado de nosotros, y lo más grave es que si no hay una cierta independencia los niños no van a tener un comportamiento exploratorio del mundo, que cuando sean mayores les dará mejores logros a nivel cognitivo y emocional. Como decía Albert Einstein: ‘La genialidad está en la base de la curiosidad, si la restringimos, lo estamos coartando absolutamente todo, su universo cognitivo y emocional’ ”, dice el investigador.

No obstante, el tránsito a la independencia del niño debe tener un equilibrio, pues advierte el psicólogo, el proceso debe contar con todo el acompañamiento de los padres, de manera que en vez de seguridad no se vaya a generar inseguridad por vivir en la incertidumbre de que cuando le pase algo no va a tener a quién acudir.

“Los papás deben estar disponibles, incluso, en la vida adulta. La dimensión negativa de la independencia es que los hijos se sientan solos. Lo ideal es llegar al nivel de la interdependencia: Tengo mi independencia, mi criterio y mi autonomía, pero sé que cuento con otro y ese otro cuenta conmigo”, concluye  el experto.

 

 

 

 

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