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Despierte el talento artístico de su hijo

Despierte el talento artístico de su hijo

Lo más importante es sensibilizar al niño durante sus primeros años

Arte
Por: Karen Johana Sánchez
30 de Noviembre de 2012
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“Las artes conforman un lenguaje que se mueve, a través de diferentes elementos (movimiento, gesto, palabra, imagen, luz, objetos) que permiten expresarnos. Y tienen como particularidad que la creatividad siempre está implícita”, afirma la antropóloga Maritza Díaz, directora del Centro de expresión artística y jardín infantil Mafalda.
En ese sentido, dice la experta, el arte no es solamente un asunto de forma, estética o goce, sino que es una manera de vivir el mundo, de ser integralmente. Por eso, los niños no separan ni clasifican el arte. Porque, por ejemplo, mientras un niño está pintando, narra lo que están haciendo. A esa narración le pone sonoridad. Los niños también pintan sus canciones y las actúan.


Para María Francisca Roldán García, coordinadora del programa infantil y juvenil de formación artística de la facultad de Artes de la Universidad Javeriana, lo que hace el arte es dar conciencia a las emociones, sensaciones y de todos los conflictos que el ser humano tiene dentro; es un sistema completo que se trabaja desde temprana edad.


Desde que están en el vientre de la madre, los niños ya viven el arte. “Aprenden de literatura con la sonoridad de las palabras de su madre, se están moviendo y están haciendo gestos. De una manera, tocan y palpan lo que está a su alrededor”; explica Díaz.


Desde que nacen, van desarrollando una sensibilidad que les permite estar en contacto con el mundo y con el otro. Y esta se debe trabajar, a través de los sentidos. “Los niños, desde los 0 a 7 años están en una etapa muy concreta y necesitan que todo sea a través de sus sentidos”, dice María Francisca.


Además, “están en un proceso de descentración; es decir, funcionan como el sistema solar, son el centro de todas las atenciones, son soles. Cuando comienzan a entender que dejan de ser soles y empiezan a ser satélites, porque tienen a otro alrededor, es cuando los soles pasan a ser los adultos (guía en un proceso)”, dice María Francisca.


Entonces, el arte permite que los pequeños entren en un proceso de estructuración. Empiezan a ser conscientes de cuáles son sus defectos, qué les gusta, cuáles son sus preguntas y sus temores; sus ideas, sus impulsos. El niño se conoce a sí mismo, a los demás y lo expresa.


Es así como el arte es más que un talento, es un proceso de sensibilización ante la vida. Así que lo recomendable en sensibilizarlos ante el mundo y después preocuparse por descubrir si tiene un talento o no. Roldán enfatiza en que, “al hacerlos más sensibles, los  niños se vuelven mejores seres humanos. Eso permite que el niño se conozca tanto que puede llegar a decir qué es lo que más le gusta”.

Actividades naturales y guiadas
Las expertas coinciden en que los niños tienen habilidades artísticas innatas, que van desarrollando naturalmente, pero que eso no significa que el niño vaya a ser un artista, sino que le van a permitir desenvolverse durante toda la vida.
Por ejemplo, en el arte se trabaja la atención, la
motricidad fina y gruesa, la concentración, la imaginación. El pensamiento se vuelve flexible; por ende, se fomenta la creatividad.
Para María Francisca, “las actividades artísticas hacen que el niño mantenga su atención y, a la vez, tenga la capacidad de mantener esfuerzos sostenidos en el tiempo”. Y así, el arte se vuelve un complemento de la educación formal, porque le enseña al niño a
expresarse de otras maneras con el cuerpo, los colores, las formas, los sonidos.


Otro de los principios del trabajo con el arte es el juego, la actividad rectora de la primera infancia. Todas las actividades deben estar encaminadas a generar vínculo y disfrute. Estas también le generarán al niño confianza y autoestima.


Desde temprana edad, los niños deben explorar; es importante que sientan, se muevan, vivan y toquen. Por eso, el aprendizaje debe partir desde su propia experiencia, no deben estar encasillados en un solo tipo de actividad.


Para María Francisca Roldán García, coordinadora del programa infantil y juvenil de formación artística de la facultad de Artes de la Universidad Javeriana, existen niños con talentos, pero estos también se pueden desarrollar y enriquecer, de tal manera que los pequeños tengan una evolución que permita que sean muy buenos en la música, la plástica o el movimiento.


Maritza Díaz, antropóloga y directora del Centro de expresión artística y jardín infantil Mafalda, dice que el talento no se registra a una edad determinada, sino que “hay momentos de la vida en que los pequeños demuestran que hay una pasión hacia algún lenguaje. En el momento en que espontáneamente lo demuestren, se debe responder a ese interés, pero no en detrimento de los otros”, señala.


“Un literato, entre más haya podido gozar la pintura, la música y las plásticas, mejor literatura va a hacer. No hay que excluir lar artes, van integradas”, afirma.

Música
Con ella, un niño puede desarrollar habilidades emocionales, sociales, corporales, conceptuales y lingüísticas.
Desde pequeño, el niño se puede estimular musicalmente al hablarle, cantarle y al
favorecer los momentos de escucha, indica Carmenza Botero, directora de Malaquita proyecto musical.
“Escuchar es el acto musical más serio que podemos ofrecer a nuestros hijos. De la calidad con que los niños escuchen en los primeros años de vida, depende la producción del lenguaje y, así mismo, la de melodías, ritmos y acompañamientos musicales”, indica la experta.
Muchas veces los papás quieren que los niños canten rápido para tener evidencias de su musicalidad, pero en principio se recomienda que les permitan y propicien espacios para escuchar atentamente, bien sea el canto de la madre, la historia de la abuela, la música preferida de papá o los pajaritos. El canto llegará luego, cuando el aparato fonatorio madure y cuando el disco duro ya tenga algo que contar o, más bien, cantar, explica Botero.  
Desde los 0 a 6 años de edad, Carmenza recomienda que los niños hagan coreografías para, con el movimiento, evidenciar los cambios de ritmos o de instrumentos. Jugar
a discriminar auditivamente diferentes sonidos, experimentar con aquellos producidos por instrumentos musicales, y también con los del entorno.


María Francisca aconseja, además, trabajar con instrumentos de percusión menor (cajas chinas, maracas, pandereta, palitos, elementos con semillas), pero siempre de la mano de las canciones.


“La idea en esta etapa es favorecer el aspecto auditivo, el rítmico y el melódico a través de múltiples vivencias que involucren movimiento y sonido”, concluye Botero.  
Por otro lado, la directora del proyecto musical Malaquita dice que el talento del canto se puede identificar desde siempre, pero que con la disciplina instrumental se debe tener cuidado. “Antes de los 6 años hay muchas disociaciones motoras que no están maduras para asumir el rigor técnico de un instrumento. Aunque debe haber exploración con múltiples instrumentos hasta los 5 o 6 años, solo hasta esta edad se debe comenzar con el rigor técnico del instrumento, y de manera lúdica”.

Artes visuales
Dentro de estas se encuentran la plástica y la animación. En las artes visuales se trabajan la forma, el color y los materiales. Las formas delimitan el espacio; estas también permiten conocer las dimensiones. Incluso, con ellas se hacen ejercicios de selección y sucesión.
El color permite conocer los matices, los tonos, que los ayudan
a ser más creativos. Los materiales estimulan el tacto. También permiten desarrollar capacidades
de diferenciación, identificación
y clasificación.
A los niños se les debe permitir trabajar con ellos. Según Leonor Moncada, maestra en artes plásticas de la Universidad de los Andes, con posgrado en educación de museos, desde los 2 años se puede empezar a jugar y a experimentar con la pintura, pero solo con las manos. No se necesita ningún otro instrumento. A los 3 años se espera que empiecen a jugar con las plásticas, porque su desarrollo psicomotor está más avanzado.


Luego, con todo aquello que se pueda manejar fácilmente con las manos, como la plastilina
y la pintura. Y, si se desea darle una herramienta de agarre, las crayolas grandes y gordas son las más recomendadas.


A partir de los 4, que empiezan a ser más conscientes, dice la maestra Moncada, se les pueden dar instrumentos más específicos, como pinceles. También se les puede colocar papeles grandes que funcionen como murales.


Para ella, el talento o la facilidad por desarrollar esta área se puede identificar desde los 3 años de edad y, si el niño está interesado por este campo, es satisfactorio, pero está muy pequeño para limitarlo y se debe dejar explorar otros espacios mientras crece.


Por ningún motivo se recomiendan los libros para colorear, pues limitan la creatividad, según Maritza Díaz.
Otro de los beneficios de trabajar la plástica es que esta les favorecerá los procesos de lectoescritura. “Cuando el niño comienza a escribir necesita separar el brazo; saber que existen las articulaciones, la muñeca, el codo y el hombro. A través el arte, cuando el adulto le pone a hacer murales, sube y baja el brazo en diversas formas, hace
el trabajo de disociación y que la motricidad fina funcione mejor”, indica Roldán. Por otro lado, cuando se trabaja con plastilina, comienza a trabajar muy fuerte y tonifica los brazos.

Movimiento y conciencia corporal
Los niños ruedan, hacen botes, se miran en el espejo, hacen equilibrio y ahí entienden que existe el tiempo, que hay un antes y un después. Además, que hay un espacio que es tridimensional. Entienden lo que es su cuerpo y cómo se mueve en el espacio, a través del movimiento. Por eso, en el niño siempre se debe trabajar intencionalmente el movimiento, el tiempo y el espacio.


María Carolina Vélez, docente de danza y movimiento creativo, señala que los niños, desde que nacen, tienen el reflejo de explorar el mundo a través del movimiento.
Incluso, dice que cuando nace un bebé, la forma de moverse del cuerpo es perfecta: “Cualquier persona que no tenga discapacidad, tiene una habilidad innata para poderse mover, bailar o actuar. Porque la gestualidad y la expresividad son
naturales. A medida que los niños interactúan con el mundo, desarrollan cosas que obstruyen su movimiento hábil y ágil”.


“Ellos, de manera natural, van a tratar de agarrar cosas, a empezar a tener dominio sobre sus partes del cuerpo. Empiezan a desarrollar la coordinación ojo-mano, a fortalecer los músculos de su columna, a sostener la cabeza erguida. El proceso de gateo es una etapa muy importante, porque es la que va a permitir después afianzar la lateralidad y el equilibrio corporal”, añade.


Estas actividades se dan de manera natural, pero cuando los niños empiezan a ser más receptivos a los juegos de movimiento, que es cuando comienzan a afianzar las formas básicas de locomoción (gatear, arrastrar, caminar, correr, saltar y rodar), se pueden estimular con juegos que estén asociados a otras percepciones sensoriales, como objetos auditivos y visuales que acompañen el desarrollo corporal y motor.


Por ejemplo, para aprender a rodar, se puede colocar al bebé sobre una cobija; los adultos la agarran desde los dos lados y lo levantan como sobre una hamaca. Luego halan a un lado y dejan rodar al bebé desde el otro. “Si el niño rueda, ya va entendiendo que es una manera para moverse, para trasladarse de un lugar a otro”, dice la docente.
También se puede colocar el juguete favorito adelante, cuando el bebé está boca abajo, para que él trate de arrastrarse hacia él.
Por otra parte, los humanos nos movemos naturalmente con la música. Por eso, el estímulo auditivo es importante para fortalecer el movimiento.
Después del año de edad, se aconsejan los juegos de imitación, “pero no una imitación que los
lleve a hacer con su cuerpo como si fueran, por ejemplo, un gato; que el niño no imite solo algo, sino conozca cómo son sus manos, su espalda, sus patas, etc.”, asegura María Carolina Vélez.
A los 2 años y medio, que empiezan a ir al colegio, identifican formas u objetos de la cotidianidad. Entonces, pueden hacer como una pelota. O, con el brazo, imitar el columpio de un parque, indica la experta en movimiento.
Cuando están más grandes, no se recomienda un juego de roles impuesto, sino que ellos desarrollen su propia identidad y se les permita actuar como se les ocurra, que lo descubran.
En las obras de teatro y coreografías, hay que hacerlos partícipes, no solo del espectáculo final sino de todo el proceso creativo que este conlleva.
En cuanto a las disciplinas como tal, María Carolina Vélez, docente de danza y movimiento creativo, dice que el movimiento y la expresión corporal son innatos, y lo que se aprende es una técnica que, si se practica desde temprana edad, es más fácil desarrollarla.
• Por karen johana sánchez

 

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