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¿Por qué deben jugar los niños?

¿Por qué deben jugar los niños?

Pueden desarrollar destrezas sociales, motoras y cognitivas. Foto: Fotolia

¿Por qué deben jugar los niños?
Por: Redacción ABC del bebé
07 de Junio de 2013
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Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, decía que cuando los niños juegan se comportan como poetas pues crean su propio mundo, o mejor aún, reordenan las cosas ya existentes en una forma que les agrada y les divierte. Esta descripción de Freud acerca de una de las actividades más naturales e inherentes de la etapa de la infancia aporta de entrada uno de los beneficios del juego: es una de las fuentes más ricas de creatividad.

Incluso, los expertos en el tema coinciden en que el juego estimula la imaginación y es uno de los medios de socialización más primarios que los pequeños encuentran al empezar a relacionarse con el ambiente que les rodea. Es el método utilizado por los niños para aprender acerca de su mundo  y el canal con el que establecen los primeros lazos de confianza, de seguridad y de amistad con su entorno.

Para el pediatra Juan Fernando Gómez, vicepresidente de la Sociedad Colombiana de Pediatría, “el juego infantil se define como una actividad placentera, libre y espontánea, sin un fin determinado, pero de gran utilidad para el desarrollo del niño porque enriquece la imaginación, despliega la observación, ejercita la atención, la concentración y la memoria”. 

Gómez explica que así como una buena nutrición es esencial para el crecimiento, proporcionar espacios y momentos de juego es fundamental en el desarrollo emocional, cognitivo y social de un niño.

Una postura similar la tiene Petra María Pérez, catedrática de Teoría de la Educación de la Universidad de Valencia y miembro del Observatorio del Juego Infantil de España. La docente explica que aquellos niños que juegan con frecuencia interiorizan valores como la cooperación, la solidaridad, el reconocimiento del otro y el trabajo en equipo. “Aprenden a respetar las normas, a  resolver problemas y a afrontar nuevos retos por sí mismos, lo cual les da las habilidades que necesitarán en la vida adulta”, comenta Pérez.

Por su parte, Juana Gutiérrez, especialista en Psicología clínica y desarrollo infantil de la Universidad del Bosque, agrega que el juego les permite controlar la ansiedad y aliviar tensiones y frustraciones. “Cuando los niños juegan, exteriorizan sus emociones. Por esto, deben contar con espacios y materiales apropiados. Un niño que no juega lo suficiente acumula cargas de estrés”, advierte.

De hecho, el juego no solo favorece las competencias mentales y sociales. También ofrece beneficios al desarrollo corporal del niño al convertirse en su motor de actividad física. Un niño que juega está ejercitando permanentemente su cuerpo en crecimiento, aprende a controlar y coordinar sus movimientos, su equilibrio y su  fuerza muscular.

Además, el juego le permite al niño descubrirse a sí mismo, conocerse y conocer a los demás. Es su forma natural de relacionarse con el mundo y de aprender. Por esto, muchas escuelas educativas están basadas en el juego como su mejor herramienta de apredizaje.

No es una pérdida de tiempo

Para la psicóloga Laudys Pernett, coordinadora de asistencia de la Corporación Día de la Niñez, es preocupante que hogares y colegios tiendan a limitar los espacios de recreación. “Aun en esos ambientes donde se restringe el juego, es normal que los niños lo busquen de manera espontánea, porque usan su imaginación, que en definitiva es su mejor aliada”. Pernett comenta que a aquellos niños a los que no se les permite jugar les cuesta mucho más relacionarse socialmente y equilibrar sus emociones, despliegan en menor medida sus habilidades sensoriales y se les dificulta reconocer sus propios miedos y límites.

Además, uno de los errores que cometen frecuentemente los adultos es pensar que el juego es una pérdida  de tiempo. Por eso, muchos padres empiezan a ocupar los espacios de descanso y de ocio de sus hijos con actividades extraescolares que empiezan a temprana edad, como clases de inglés, refuerzo de matemáticas, entrenamiento en deportes, etc. “Parece que los adultos necesitemos organizar el tiempo libre de los niños en una suma de actividades, que si bien cada una de estas puede resultar interesante, sumadas pueden ejercer una presión excesiva”, explica la pedagoga Imma Marín, del Observatorio de Juego Infantil de España.

Para la educadora, padres y profesores están olvidando que el juego es la actividad que posibilita la ‘sana digestión’ de los conocimientos y aprendizajes, así como de las experiencias vividas por los niños. “¿Qué mejor actividad extraescolar que la de jugar? Dando tiempo al juego, damos tiempo a la creatividad, a la autonomía y a la salud”, agrega Marín.

Por eso, cada vez es más necesario que los jardines infantiles y los colegios integren las actividades lúdicas a la enseñanza de saberes, de forma que los niños aprendan jugando porque se sienten atraídos e interesados mientras van absorbiendo una gran cantidad de información.

De otra parte, Pernett destaca que el juego es la mejor estrategia con la que cuentan los padres para acercarse a sus hijos, y que estos se sientan como iguales y les permitan entrar a su mundo. “Lo ideal es que todos los días los adultos dediquen al menos media hora para jugar con los pequeños, abran los espacios adecuados y respeten las reglas de los niños”, asegura. “Los padres deben aprender a introducirse en el imaginario de los niños, dejar que sean ellos quienes propongan la actividad y no al contrario, explorar la casa  y aprovechar sus elementos: una cobija, una almohada, un libro son recursos bien interesantes para jugar. No siempre el juguete más costoso o más complejo es el que mayor disfrute proporciona. Ese es un error en el que caen los padres”.

¡A divertirse!

Estas son algunas recomendaciones del vicepresidente de la Sociedad Colombiana de Pediatría, Juan Fernando Gómez:

• Permita que el niño disfrute y repita la rutina del juego cuantas veces quiera. A través del juego los pequeños resuelven situaciones o inquietudes.

• Aplauda y alabe también los esfuerzos de los niños, sus intentos y su progreso. La atención no solo se debe concentrar en el éxito que tengan al ejecutar alguna actividad, puesto que es el desarrollo gradual de sus sentidos lo que los adultos deben acompañar de la manera más inteligente posible.

• No controle al niño cuando esté jugando ni trate de imponerle sus gustos, pues esto puede ser contraproducente. El juego debe ser elegido libremente por el niño. Mejor bríndele un espacio seguro para que él juegue tranquilo.

• No interrumpa bruscamente el juego. Explíquele al niño que pronto terminará para cambiar de actividad. Hay que respetarles a los niños sus espacios. La actitud de un niño será muy diferente si se le dice que puede jugar un rato más y que luego irá a comer, que si se le quita el juego y se le ordena "¡Ya está la comida servida!" con lo que se armará el caos.

• Hay momentos del desarrollo infantil en el que los juguetes no tienen sexo. Esa es una pregunta frecuente de los padres en los consultorios de los pediatras. Si una niña, por ejemplo, juega con carros no quiere decir que le vayan a gustar las actividades masculinas.

• Los libros son un excelente juguete. Lea con sus hijos.

Por Lizeth Salamanca Galvis / Especial para 'ABC del Bebé'

 

 

 

 

 

 

 

 

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1 Comentarios

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Comentarios (1)

1
LUCIABA
Hace 3 años
Bien se dice que el futuro de nuestro país está en manos de los niños y comobuenos ciudadanos debemos preocuparnos por esto, para ello debemos procurar quelos niños reciban una buena educación, que propicie valores y experiencias. http://bit.ly/4KVvlq
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