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Amor sin límites, amor que daña

Amor sin límites, amor que daña

Tomada de archivo particular

Amor sin límites, amor que daña
Por: Pamela Rueda
16 de Junio de 2014
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Frases como ‘No es que mi hijo sea malcriado, lo que pasa es que aún es muy pequeño’, ‘él me pega, pero es jugando’, ‘si no le doy gusto, quién lo va a hacer’, ‘no son berrinches, es que tiene carácter’, son parte de las excusas que los padres utilizan para aprobar los malos comportamientos de sus hijos.

Este tipo de pretextos solo contribuyen a que los infantes se vuelvan indisciplinados, irrespetuosos, narcisistas, caprichosos y egoístas. “Los padres de hoy quieren hacerlo todo por sus hijos. Jamás les dicen no, asumen responsabilidades que son de ellos, no establecen límites claros, exageran cuando se trata de recompensarlos y evitan llamarles la atención aun cuando saben que deben hacerlo; todo esto en nombre del descomunal amor que les tienen”, señala la psicóloga Dora Sanabria Pedraza.

Según ella, el amor no va en contravía de la formación íntegra de los hijos; al contrario, el amor debe ser responsable, objetivo y exigente. “Aunque no existe un manual que revele la fórmula para la buena crianza, sí se han establecido parámetros que sirven de guía para que este proceso resulte menos complejo y más exitoso”, comenta.

Por su parte, Natalia Izquierdo Álvarez, psicóloga de familia, dice que es normal que los padres se equivoquen, no solo una sino varias veces. “Los desaciertos hacen parte de la crianza del niño, una crianza en la que, además de enseñar, también se aprende. Lo importante es reconocer los errores no solo en privado sino también públicamente, corregirlos y evitar reincidir en estos”, agrega.

Los errores más comunes:

 

1 Permisividad

“Es común que los padres piensen que el ser niños justifica que puedan hacerlo todo. En un avión o restaurante, por ejemplo, solemos verlos saltar, correr y oírlos gritar o llorar sin que sus padres les llamen la atención, porque suponen que esto es normal para la edad del infante.

Sin embargo, no lo es. Lo normal es que los adultos le expliquen al pequeño que está en un lugar público y que se debe respetar a las demás personas, que sus actitudes molestan a los presentes y que hay formas de divertirse o entretenerse sin indisponer a nadie”, asegura la doctora Sanabria.

A esto se suma que los adultos creen que los niños no entienden, y nuevamente se equivocan. Hablarles claro, desde su nacimiento, será clave para que asimilen e interpreten el mundo

que los rodea.

¿Cómo corregirlo?

Establezca límites claros mediante el diálogo. No importa cuán pequeño sea su hijo. “Vamos a salir y habrá cosas que no podrás hacer, pero para que no te aburras llevaremos algunos juguetes que escogeremos juntos. Tu compromiso es hacerme caso y el mío leerte ese cuento que tanto te gusta antes de irnos a dormir”, ilustra Sanabria.

La idea es, entonces, involucrar al niño en un pacto. No se puede pretender que se esté quieto, porque es un niño, pero sí se pueden idear maneras de entretenerlo. Así, si usted colorea con él, arma el rompecabezas con él, le cuenta una historia, le canta y lo incluye en las conversaciones, minimizará al máximo las posibilidades de que salte, corra, grite y llore cuando no lo debe hacer.

Ahora bien, si se trata de un bebé de brazos, a las anteriores alternativas súmele un delicioso biberón y los placenteros arrullos.

2 Confundir paternalismo con paternidad

Lo primero se refiere a los padres que idealizan a tal extremo la vida de sus hijos que quieren vivirla por ellos. “Escogen por ellos, piensan por ellos, asumen responsabilidades que son de ellos, irrespetando totalmente la autonomía, los gustos y la forma de pensar de los menores de edad. Son esos padres que buscan la perfección y no admiten errores ni acuerdos porque consideran que tienen la verdad absoluta”, afirma Izquierdo.

La paternidad, en cambio, guía y corrige, pero jamás anula los deseos y la personalidad del infante.

¿Cómo resarcirlo?

“Lo primero es entender que el tener hijos no nos da derecho a adueñarnos de sus vidas. Si bien hay situaciones en las que ellos no pueden decidir mientras están en formación, debemos considerar sus opiniones. Permítales que se apropien de sus responsabilidades, así al principio se equivoquen, y téngalos en cuenta a la hora de tomar decisiones que les competen”, menciona Natalia Izquierdo.

3 Inculcar autoridad sin fundamento

La autoridad no se consigue a los gritos ni infundiendo temor. La autoridad se da cuando a través de nuestras acciones logramos que el pequeño entienda que nuestra experiencia nos hace saber

cosas que ellos ignoran y que, por esta razón, nuestra obligación como padres es guiarlos.

“Esa guía debe ir acompañada del diálogo: ‘Cuando yo era pequeña/o también me gustaba ver televisión hasta tarde, pero al otro día me sentía agotada/o no tenía la misma energía que mis amigos. Por eso es importante que duermas bien’. Una frase así será mil veces más fácil de asimilar para el niño que un ‘Vete a dormir ya y punto, no voy a discutir contigo’ ”, dice Izquierdo.

¿Cómo corregirlo?

Tenga en cuenta que ellos están aprendiendo y que cada orden que usted les da debe ser explicada las veces que sea necesario. No se limite a mandar tras el argumento de que el adulto es el que decide, hable con sus hijos, acérquese a ellos a través de los ejemplos propios o de personas cercanas, escúchelos, sea receptivo, llegue a acuerdos cuando sea posible y argumente los ‘no’; es decir, lo que definitivamente no puede negociarse.

4 Creer que no necesita apoyo de terceros

Por más ganas que tenga de hacerlo todo, y bien, no siempre lo va a lograr. El trabajo en equipo no es exclusivo de la oficina y, por el contrario, también se necesita en casa.

“Los abuelos, los primos, los tíos e incluso los amigos pueden ayudarle a recoger al niño cuando usted no alcance a hacerlo, cuidar de él para que invite a su esposo a comer, llevarlo al parque para que se divierta al aire libre. En pocas palabras, pida ayuda si la necesita”, comenta la experta.

Ahora bien, existen otros tipos de ayuda como, por ejemplo, las relacionadas con los especialistas. Una consulta psicológica, una terapia de lenguaje o un refuerzo escolar, entre otras cosas, son necesarias para contribuir a la solución de conflictos que, definitivamente, no pudieron remediarse en el hogar.

Autoevalúese

Realice una evaluación de su relación con el niño, en la que pueda definir sus fortalezas y debilidades como padre. Una vez la tenga hable con el pequeño y juntos creen un plan de acción para mejorar el vínculo. Pídale que le describa cómo es usted, qué es lo que más le gusta y lo que le molesta de sus actitudes; luego, haga lo mismo refiriéndose al infante y, una vez tenga el inventario de lo bueno y lo regular entre ambos, ideen formas para mejorar lo que sea necesario. “Muchos de los padres que han aplicado esta técnica se sorprenden al escuchar a sus hijos. Ellos son los mejores y más sinceros evaluadores, además de creativos”, señala Sanabria.

Si luego de un mes de aplicar los correctivos establecidos no ve mejoras, anímese a buscar la ayuda de un especialista, y no olvide considerar las opiniones de las personas más cercanas a ustedes: la maestra del niño, sus familiares y amigos.

Recompensarlos a diestra y siniestra

Los padres que están ausentes, generalmente por ocupaciones laborales, se exceden en regalos y atenciones para llenar los vacíos que ocasiona su lejanía. Otros, en su afán de motivarlos, los premian porque elaboraron bien la tarea, se comieron todo, organizaron su habitación y no hicieron pataleta; todos estos  son deberes, no favores.

“En la vida real no siempre te premian por hacer lo que debes hacer, entonces ¿por qué crearles un mundo irreal? La recompensa puede ser un reconocimiento verbal a sus buenas acciones, una felicitación: ‘He notado que tienes tus juguetes ordenados y todo se ve muy bonito, me siento orgullosa de ti’, será suficiente para que entienda que está obrando adecuadamente”, dice Sanabria.

¿Cómo resarcirlo?

Si es de los padres ausentes, propicie un diálogo con su hijo, explíquele por qué pasa tanto tiempo fuera de casa, pero sobre todo organice su agenda e incluya al niño en esta.

Adicionalmente, haga un trueque y empiece a cambiar los obsequios por compañía.

“Un almuerzo a la semana, una mañana en la que puedan bañarse juntos, contarle una historia entretenida mientras lo lleva al jardín, un sábado de películas en la cama, entre otros planes, tendrán muchísimo más valor que el regalo más moderno, sofisticado y costoso del mercado”, recalca Sanabria. 

 

 

 

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