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Duelo por la mascota: preparación para futuras pérdidas

Duelo por la mascota: preparación para futuras pérdidas

La tristeza, la rabia y la culpa son reacciones normales del niño.

Duelo por la mascota: preparación para futuras pérdidas
Por: Karen Johana Sánchez
27 de Agosto de 2014
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Una mascota puede representar en la vida de un niño una relación afectiva muy importante; su muerte, generalmente, es una de las primeras pérdidas significativas que experimenta, y lo preparará para futuros duelos. De allí la importancia de manejar la situación con franqueza y paciencia.

Según Jevrahym Castellanos Jiménez, psicólogo y asesor psicosocial de la Fundación Momentos de Alegría, los padres regalan animales a los hijos para desarrollar su sentido de responsabilidad y de cuidado, y las mascotas retribuyen en compañía y afecto. Sin embargo, existen muchas posturas e investigaciones al respecto.

"Algunas sostienen que las mascotas permiten desarrollar empatía y capacidad de cuidar a otros, ayudan a enfrentar situaciones desafiantes, contribuyen en la adquisición de estrategias de autocontrol, y fomentan la reducción de ciertos problemas de comportamiento".

Para Cecilia Gerlein, miembro fundadora de la Fundación Omega, grupo experto en el tema de duelo, un animal le transmite al niño muchos estados anímicos y "representa más que una cosa; puede ser una relación afectiva similar, a la que puede tener con sus familiares".

Por eso, si ha sido fuente de compañía, cuidado, entretención o refugio, y llegase a morir, hay que validar la reacción del niño y tener un duelo adecuado.

"En ocasiones, cuando los adultos desconocen la importancia de este momento, le dicen al niño que no llore y que van a reemplazar el animal, sin darse cuenta de que es una oportunidad para desarrollar estrategias de afrontamiento sano de futuras pérdidas, dice Paulo Daniel Acero, especialista en trauma y resiliencia.

Reacciones y rituales

Si la mascota se encuentra enferma, el niño debe enterarse. "Hay que explicarle qué puede pasar con el animal, por qué está sufriendo y, si es el caso, cómo lo ayudarán a que no sufra más. Incluso, se puede realizar una despedida", aclara Gerlein.

Si muere repentinamente, también se debe actuar con franqueza. Evitar el pánico y usar un lenguaje sencillo.–dice Jevrahym–, sin frases como 'está de viaje' o 'se perdió', porque esto solo alimenta la idea de que la mascota regresará.

"Si, por ejemplo, desean llorar, lamentarse o sentir rabia, y recordar, es conveniente mostrarse comprensivo y apoyar a los niños en su sufrimiento con compañía, contacto físico y frases afectivas", explica el psicólogo.

Los niños también pueden responder con pataletas y alteraciones de sueño o alimentación. Y –dice la psicóloga– es normal pues cuando ellos viven una pérdida, sienten miedo de perder algo más.

Ahora, las reacciones dependen de la edad del niño, de su relación con la mascota y del tiempo de convivencia con esta. "Una niña de 7 años, cuyo animal llevaba más de un año con ella y su relación era bastante cercana, podría reaccionar intensamente. Pero si la relación fue más corta, es probable que las respuestas sean menores", aclara Castellanos.

En cuanto a los rituales, es importante que el niño participe en ellos, según las creencias familiares. Armar una caja, enterrarlo, comprarle una flor, hacerle una carta o un dibujo, etc. También, hablar de los buenos recuerdos y anécdotas del animal, y responder todas sus dudas.

Incluso, dice Cecilia Gerlein, se le puede preguntar al pequeño qué cree de la situación, cómo se la imagina y hasta inventar cuentos del lugar donde podría estar la mascota. Es decir, dejar que establezca sus creencias.

También es bueno permitir que conserven temporalmente objetos para favorecer la transición entre el haber tenido a un fiel compañero y sentir ahora su ausencia, o elaborar un álbum de fotos y buenos momentos, afirma Castellanos. Pero todo debe supervisarse para evitar extremismos de los niños y prolongar su duelo.

En psicología, afirma Acero, se dice que las mascotas les permiten a los niños ir dándose cuenta de las realidades de la vida, y una de ellas es entender que, así como los animales, un día los seres que aman se irán.

¿Se deben remplazar?

Cada mascota es única y aporta características específicas al niño, entonces es irreemplazable, opina el psicólogo Jevrahym Castellanos Jiménez. Si se decide tener otra –agrega–, "no se recomienda hacerlo tras la pérdida de la anterior, y menos si se trata de conseguir otra igual porque se busca que, a través de su propio proceso de duelo, consiga cierto grado de madurez emocional que se logra con el desprendimiento de su antiguo compañero, lo que a su vez le ayuda a aprender que los afectos no son reemplazables".

Además, antes de obtener una nueva mascota, hay que preguntarle al pequeño si está de acuerdo y preparado para asumir establecer una nueva y sana relación.

La psicóloga Cecilia Gerlein opina que la compra de otro animal no debe reemplazar el anterior ni usarse para negar el duelo o tapar el dolor del niño, ya que él tiene derecho de extrañar y seguir queriendo a la mascota que murió.

El momento de consultar

Si ha pasado, por ejemplo, más de un mes, y el niño todavía no retoma sus actividades rutinarias y expresa continuamente deseos de morir para estar con su mascota o, por el contrario, después de fallecida y teniendo una relación cercana, actúa como si nada hubiera pasado, se puede considerar la opción de buscar ayuda, dice el psicólogo Jevrahym Castellanos.

 

 

 

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2 Comentarios

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Comentarios (2)

2
mcvm
Hace 2 años
huuu triste
1
blacaman
Hace 2 años
Buen artículo
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