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Divertido método para enseñar matemáticas a través de la culinaria

Divertido método para enseñar matemáticas a través de la culinaria

Un colegio de Bogotá está enseñando esta asignatura en la cocina.

clase de culinaria
Por: Diana Bello*
22 de Noviembre de 2012
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La clase de matemáticas está programada para las 11:00 a.m. Cinco minutos después de esta hora, un grupo de niños entra al salón, que tiene una vistosa y pequeña cocina ubicada en la parte frontal del aula. “Buenos días niños”, entra diciendo un chef. “Hoy vamos a preparar una tartaleta de cereza para 10 personas y necesitamos dos tazas de 200 gramos de harina cada una”, continúa. Una maestra lo interrumpe y pregunta a sus alumnos: “¿En total, cuántos gramos requerimos?” Todos responden al unísono: 400 gramos profesora.
Así comienza otra divertida sesión de matemáticas y cocina para los estudiantes de tercer grado del colegio Montessori British School, en Bogotá, quienes desde hace 10 años, cuando se fundó la institución, participan en el 'Food Festival' los últimos dos meses del año escolar preparando postres, bebidas y platos fuertes, al tiempo que estudian fraccionarios, nociones de geometría y unidades de medida y magnitud. “Durante el último bimestre del año, los niños involucran tres tipos de pensamiento en una sola clase: el numérico, el geométrico y el métrico”, explica Marisol Babativa, profesora de matemáticas.
El programa hace parte de la metodología Montessori y del proyecto curricular del colegio, cuya propuesta es organizar un evento académico para cada grado al culminar el año escolar. Los alumnos de segundo de primaria, por ejemplo, participan en el Pet Project donde aprenden la responsabilidad que implica tener una mascota en casa. Todas las asignaturas dictadas en el plantel están estructuradas bajo la metodología Montessori, que plantea como tesis principal que debe haber un entorno apropiado para el aprendizaje. Para los estudiantes de tercero, las directivas vieron la posibilidad de que a través de una sesión de cocina los alumnos aprendieran matemáticas, pues es justo en ese año cuando realizan operaciones con fraccionarios, ejercicio que resulta difícil de asimilar para algunos, sostiene Babativa.
La culinaria, que tiene un alto componente lúdico, es una solución para que los alumnos comprendan los conceptos de forma práctica e interactiva, lo cual se evidencia en cada clase, pues generalmente responden acertadamente las preguntas que la profesora les formula. En la sesión de la tartaleta de cereza, por ejemplo, no cabe duda que estaban motivados hacia el aprendizaje. Ninguno se ‘rajó’.
“Necesito un voluntario que me ayude a mezclar los 400 gramos de harina con 200 de fécula de maíz”, dijo el chef. La profesora nuevamente interrumpe: “¿Cuántos gramos se mezclarían y cuántos necesitaríamos de harina si quisiéramos hacer una tartaleta para 20 personas?”. A la primera pregunta, todos responden: 600, y a la segunda, 800 gramos de harina y 400 de fécula de maíz.
El chef y la profesora dirigen en conjunto la clase con el propósito de que los niños, además de entender y practicar conceptos matemáticos, aprendan a preparar divertidos y sencillos platos que luego puedan replicar en sus casas. “Cuando el clima es cálido hay que ponerle solo un poco de agua a la masa, que luego debe reposar en la nevera”, es uno de los datos curiosos que cuenta el chef a los menores mientras explica ‘el paso a paso’ de la receta.
Marisol Babativa, una vez más, aprovecha la intervención del experto en culinaria para cuestionar a sus pupilos, aunque en esta oportunidad se asegura de subir el nivel de dificultad. “¿Creen ustedes que existe alguna relación entre la unidad de masa (los gramos) con la unidad de capacidad (litros)”? pregunta. Y continúa: “Así es. Si tomo una gota de agua (un mililitro) y la coloco sobre una balanza, podré obtener su peso en gramos obviamente restándole el peso del recipiente donde coloqué el líquido”, dice.
Y así prosigue la media hora destinada para esta clase, en la que los niños intervienen entre una y otra explicación con preguntas, como ayudantes de cocina o para responder los interrogantes de la profesora.
Finalmente, queda lista la tartaleta después de haber sido horneada, rellenada y decorada con cerezas en la superficie. El siguiente paso: dividirla en partes iguales para los comensales. “Teniendo en cuenta que su forma es redonda, ¿en cuántas líneas debo dividir la circunferencia para obtener 10 pedazos?” pregunta Marisol Babativa a sus estudiantes. Uno de ellos responde: “En cinco líneas para que cada uno coma 1/10”. “Hemos terminado la sesión de hoy. Ahora sí a comer”, concluye satisfecha la maestra.

Con buen aroma
Este modelo de aprendizaje también se ha aplicado con los de prescolar que, como parte de su plan de estudios, reciben la asignatura ‘cocina’ una vez a la semana en la cual aprenden matemáticas. “Algunos temas en cuarto y quinto de primaria también se han trabajado mediante la culinaria”, explica la profesora Babativa, quien aclara que los de tercero estudian esta ciencia bajo una metodología lúdica solo durante un bimestre. El resto del año,
los conocimientos son impartidos de forma tradicional.
Uno de los beneficios es que los niños expresan alta motivación al unirse a las actividades del Food Festival. “Eso se hace evidente con las buenas calificaciones que obtienen en las evaluaciones”, añade la profesora Babativa. Durante 4 años la institución ha participado en las olimpíadas matemáticas anuales que organiza la Universidad Antonio Nariño, logrando un buen desempeño. “Hemos estado siempre en los primeros 10 lugares”, destaca la maestra.
Para la especialista en matemáticas, uno de los aspectos más interesantes es que los alumnos aprenden de manera intuitiva el orden de las fracciones y saben representarlas gráficamente por lo que llegan a un nivel de comprensión mayor que en un entorno solo teórico. “La materia pierde esa rigurosidad que dificulta el entendimiento del lenguaje matemático”.

*Especial para ABC del bebé


 

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