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El miedo a los fantasmas no es un juego de niños

El miedo a los fantasmas no es un juego de niños

Sentir que algo o alguien está debajo de la cama, en el armario o que se esconde en la oscuridad no es solo producto de la imaginación, sino que es una fase n

El miedo a los fantasmas no es un juego de niños
Por: Redacción ABC del bebé
29 de Octubre de 2013
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Sentir que algo o alguien está debajo de la cama, en el armario o que se esconde en la oscuridad no es solo producto de la imaginación, sino que es una fase natural del desarrollo que, según los expertos, puede aparecer desde los 2 o 3 años de edad y permanecer hasta los 6 años, aproximadamente. “El miedo a los fantasmas y a los monstruos es algo muy normal en los seres humanos, y aunque es adquirido es un sentimiento adaptativo que protege de los peligros; es un aviso para alejarse”, explica Martha Cecilia Gutiérrez, especialista en psicología clínica y coordinadora de la maestría en salud mental de la niñez y la adolescencia de la Universidad Ces de Medellín.

Por su parte, Milton Eduardo Bermúdez-Jaimes, director del Laboratorio de la Facultad de Psicología de la Universidad Javeriana, añade que “el temor es una de las emociones más potentes y con una larga historia evolutiva que todos tratamos de evitar y reducir”. Sin embargo, indica que es indispensable para crecer, y “es una buena manera de aprender sobre el control y la regulación de las emociones, en especial para que padres e hijos desarrollen estrategias que les ayuden a afrontar las situaciones adversas”, añade. Para Gutiérrez, el temor a los fantasmas y seres sobrenaturales aparece al descubrir los niños que las personas y los animales mueren, lo que genera una mezcla de atracción y miedo pues los niños sienten la curiosidad propia de su desarrollo. En la mayoría de los casos, dicen ambos expertos, el miedo a los fantasmas surge de asociaciones que el niño hace de pesadillas, programas de televisión, películas e, incluso, narraciones.

En estos casos, el acompañamiento y cariño de los padres es primordial para que el niño supere este tipo de miedo. Además, nunca minimice lo que sienta el niño, no lo critique ni trate de menospreciarlo o de dejarlo en ridículo, y no ignore la situación pues por sí solo el miedo no desaparecerá, sostiene Bermúdez-Jaimes. Hable del tema solo cuando los niños puedan conceptualizarlo, y procure que el ver películas o escuchar cuentos de espanto no sea frecuente.

Cuando el susto se disfraza

Mañana, en la celebración del Día de los niños, algunos padres se confunden porque sus niños temen al disfraz de otros pequeños o al de los adultos que, con sus atuendos, semejan seres repulsivos. Ese temor, que suele ser pasajero, también es común y, en tal caso, los adultos deben estar atentos a sus reacciones y no dejarlos solos. “Cuando esto sucede no hay que presionar al pequeño obligándolo a que se acerque o toque al disfrazado. Esta es una fiesta, por lo que puede tener excesos pero sobre todo debe divertir, y si el niño no se siente a gusto no hay necesidad de permanecer en ella. Lo mejor es buscar otra actividad en la que el pequeño se sienta cómodo”, concluye Gutiérrez.

 

 

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