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¡En el colegio me están molestando!

¡En el colegio me están molestando!

Columnista invitada.

¡En el colegio me están molestando!
Por: Annie de Acevedo*
21 de Agosto de 2012
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Hoy en día vemos que muchos niños sufren en silencio el dolor de ser agredidos de manera repetitiva por sus compañeros. Es lo que llamamos bullying, matoneo, o que “se la tienen montada”. Este bullying es un tipo de violencia intencional: viene de un niño que es más fuerte o mayor que el otro y la agresión se da muchas veces.Este maltrato siempre sucede a espaldas de los adultos y la víctima se siente atrapada, pues les teme a las consecuencias de denunciar el hecho. De ahí que siga ocurriendo, ya que los otros niños que son testigos no hacen nada por defender a su compañero y, por el contrario, muchas veces incitan o alientan al agresor.Este tipo de maltrato continuado deja secuelas para toda la vida. De allí la importancia de estar pendiente de si su hijo es víctima de este atropello.

La agresión puede ser física, verbal o a través de Internet, lo cual la hace pública. Los niños son más dados a dar puños y las niñas tienden a hablar mal de las otras y a aislarlas. El bullying puede ocurrir en cualquier parte: en el colegio, en una fiesta, en la casa de los amigos, en el bus, etc.El bullying verbal humilla y descalifica mediante las burlas continuas. Los apodos malintencionados también son muy ofensivos. Todo tipo de matoneo va acabando con la autoestima de los niños. Dicen que el 11 por ciento de los niños son molestados de manera severa, pero que la mitad de la población infantil ha tenido, por lo menos, un episodio en su vida escolar.

Los padres atentos se dan cuenta cuando algo de bullying ocurre con su hijo. Si el niño se ve triste, opacado, no quiere ir al colegio, llora con frecuencia y se vuelve inseguro, es una muestra de que está sufriendo matoneo. Igualmente, si a veces llega con moretones o marcas de pellizcos. A las niñas excluidas nadie las invita a nada, cosa que es muy diciente. Son temerosas y permanecen ávidas de atención y reconocimiento. Lo primero es lograr que el niño rompa el silencio y les cuente a sus padres, y estos le ayuden a denunciarlo en el colegio.

El bullying es problema de todos: de los niños, de los padres y del colegio. Hay que ponerse las pilas e intervenir ante un golpe o cualquier cosa que sea indicio de maltrato. Los colegios tienen que estar atentos y castigar estas conductas de manera contundente. Obviamente, el agresor es un niño que también está necesitado de ayuda, pues debe vivir en un entorno agresivo. Tanto el agresor como la víctima se hacen en la casa y luego desarrollan esta conducta por fuera de ella. Por eso, papás, críen hijos fuertes, felices y con buena autoestima. No los regañen a toda hora ni les secunden sus debilidades cada vez que hagan algo inadecuado. Muéstrenles que sí son individuos merecedores del buen trato. Los niños de “ojo aguado”, muy consentidos e hiperobedientes, además de tener algo distinto, como gafas, ser gordos, o cuando no miran a los ojos y se enganchan fácilmente en cualquier conflicto, son propensos a ser víctimas.

Papás, no le digan al niño que devuelva más duramente al agresor. La solución va por el lado de empoderar al niño y de denunciar en el colegio lo que pasó. Si no hay colaboración por parte de este, sería bueno buscar otra donde sí respalden al niño víctima. Más importante es acabar con este “maltrato atroz”. Se hace lo que sea necesario para que su hijo pueda recuperar la tranquilidad y fortalecer su seguridad emocional.

* Especial para EL TIEMPO

 

 

 

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