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Enseñando a amar la naturaleza

Enseñando a amar la naturaleza

Las instituciones educativas han hecho énfasis en el cuidado del ambiente.

Enseñando a amar la naturaleza
Por: Astrid López
12 de Septiembre de 2014
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Siguiendo los principios de la propuesta de la Unesco, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, muchos colegios y jardines infantiles en Colombia se han dado a la tarea de ajustar sus pénsums académicos para que en todas y cada una de las asignaturas, pero más allá de ello, en el quehacer social y de la comunidad educativa, se estimule y se cree una conciencia de conservación de los recursos naturales.

Para Amanda Anaya Arias, psicopedagoga y analista de modelos educativos aplicados, existen muchos recursos que pueden ser utilizados desde las aulas o los centro básicos de formación, “obviamente, con el refuerzo en casa” para ir formando una conciencia individual y colectiva de lo que es el respeto por el medio ambiente y la promoción de normas, conductas y pensamientos enfocados a una cultura de prevención frente a la contaminación y el desperdicio.

“Con los bebés, por ejemplo, se puede iniciar acondicionando el espacio en el que viven y se desarrollan bajo el criterio de la educación ecológica, utilizando colores que evoquen la naturaleza, como el azul cielo, el verde de las plantas, y aumentando la posibilidad de que sean ambientes con luz natural y ventilación adecuada.

“Además, los padres y también los directivos de los jardines maternos deben estudiar los productos que utilizan para adecuar ese cuarto, o los salones, pensando en pinturas cuyos componentes no afecten el agua o no impacten negativamente en el aire”, explica Anaya.

Ya en el escenario escolar se requiere de otros factores para formar e impulsar hábitos enfocados a la protección del medio ambiente, que contribuyan a vincular la teoría con la práctica y a familiarizarse con acciones y tareas que protejan el medio ambiente. Esto facilita que comprendan la importancia de su protección y sus distintos factores, a nivel escolar, regional y luego nacional, en busca de un beneficio colectivo.

La idea, dice Anaya Arias, es reconocer el cuidado de la naturaleza como un valor que, como todos, necesita identificarse, interiorizarse y luego trabajar en él para que haga parte de nuestras conductas, “simplemente esto debe ser un estilo de vida, no algo que se cumple como obligación o como cuando se hace una tarea, o se adquiere un conocimiento, y que después se olvida hasta el momento en el que se ha necesario recordarlo. No, el pensamiento ecológico debe ser una constante que se vuelva un objetivo y se interiorice y se exteriorice en todos los roles de la vida”.

La revista ABC del Bebé consultó con algunas de las directivas de los centros educativos que han visto en la enseñanza ecológica un tema de primordial importancia para el aprendizaje y el relacionamiento hombre-naturaleza, como uno de los binomios universales que no tiene y no debe desarrollarse por separado.

La Enseñanza, forjadores

Este colegio que pertenece a la Compañía de María, ubicado en Bogotá, en el que estudian niños y niñas decidió, hace algún tiempo, que la vida debe verse reflejada en la promoción de ella misma, y que era necesario incorporar al quehacer educativo de sus alumnos un tema  importante como lo es el pensamiento y actuar ecológico.

“En el Colegio La Enseñanza buscamos formar personas con una mirada crítica y comprometida con los problemas sociales contemporáneos, por ello, desde los primeros años de preescolar, nuestros alumnos aplican valores, como el respeto por lo natural. Formamos personas capaces de enfrentar retos como los que suponen la globalización y el cambio climático”, dice Daniel Zárate Delgado, asistente de Gestión Ambiental del colegio.

Para hacer de sus objetivos una realidad, han ajustado el pénsum y en el área de ciencias naturales ven temas como hábitat, ecosistemas, el agua y su cuidado, relaciones entre los seres vivos, contexto geofísico y actualidad ambiental, y los han llevado a hacer parte de forma interdisciplinaria del trabajo en aula y fuera de ella en las materias de física, matemáticas, lenguaje, artes, ciencias sociales, inglés y hasta educación religiosa. “Desde prejardín a grado primero, los niños trabajan una hora a la semana en el proyecto de ‘Huerta escolar’, donde aprenden sobre el proceso de siembra, crecimiento y cuidado de las plantas, lo que necesitan para vivir y su importancia en la supervivencia de todos los seres vivos.

“En este espacio también realizan actividades de cuidado y mantenimiento del ‘Lombricultivo’, y con la técnica obtienen el abono que luego utilizan en las huertas. En todo momento se les recalca el cuidado del medio ambiente, y qué pueden hacer ellos en el colegio y en su hogar para contribuir a ese proceso. Queremos iniciar así, la construcción de una conciencia ambiental en todos nuestros alumnos”, insiste el vocero del colegio.

De 2o. a 5o., los niños continúan con el trabajo en la huerta de primaria en sus clases de ciencias naturales y también con el lombricultivo, reforzando las prácticas de reciclaje y cuidado del medio ambiente que traen de preescolar. Ya, los más grandecitos de 6o. a 9o. grado, trabajan la asignatura de ecología, interiorizando “el respeto por la vida y su entorno. Pretendemos que el alumno adquiera un conocimiento racional de la naturaleza y que logre actitudes que redunden en el cuidado y preservación del medio ambiente”, dice María del Pilar Munar, coordinadora de la Sección Infantil.

Igualmente, todos los grados realizan salidas ecológicas para sensibilizar y generar una cultura ambiental. Y, desde la asignatura de artes, los alumnos de todos los grados elaboran diversas manualidades y proyectos artísticos con material reciclado, creando artículos piezas para participar en eventos dentro y fuera del colegio, y para el uso personal, como vemos en la imagen de la izquierda, en la que los niños elaboran un portalápices con un rollo de papel higiénico.

Zárate comenta que para evaluar a los alumnos se tiene en cuenta su compromiso con el medio ambiente en las tareas relacionadas, pues actividades como la clasificación de basuras, la participación que cada uno haga en las campañas de recolección de residuos y, en general, en el cuidado de su entorno impactan para la nota en las distintas asignaturas.

“Desde el 2006 venimos realizando campañas de recepción de reciclaje y se inició el trabajo en aula con los alumnos para hacer separación en la fuente. Al mismo tiempo, la institución se preparó para certificarse bajo la norma ambiental ISO 14001, y lo logramos, somos el primer colegio en Colombia que obtuvo esta certificación en el 2008 y seguimos renovándola año tras año”.

También desde hace 2 años, el colegio participa en campañas ambientales para el buen manejo de residuos sólidos, algunas con un sentido social. Por ello, recolectamos tapas plásticas para la Fundación Sol en Los Andes, que ayuda a niños con cáncer; en la campaña ‘Papel Planeta’, dirigida al reciclaje, y en la campaña ‘Pilas con el Ambiente’, por la adecuada disposición de pilas usadas.

“Considero que algo muy importante es que los padres de familia participan activamente en las campañas ambientales, ya que colaboran con sus hijos en la separación, recolección, empaque y transporte de los residuos reciclables hasta el colegio. Además, ellos hacen conciencia ecológica a través de las mismas campañas y reciben información de estos temas, y mensajes ecológicos desde la revista digital y el correo interno de la institución, con lo que la tarea se vuelve social y comunitaria”, indica Diana Gaitán, docente de ciencias naturales.

 

 

 

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