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La mezcla perfecta de disciplina y amor

La mezcla perfecta de disciplina y amor

Los niños que crecen con normas claras son eficientes.

La mezcla perfecta de disciplina y amor
Por: ABCdelbebe.com
09 de Octubre de 2014
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Según la psicóloga María Carolina Sánchez Thorin, “los límites son el eje fundamental en la crianza, porque le dan a los niños seguridad, coherencia y son la herramienta primordial para la madurez emocional basada en el equilibrio entre el principio de placer y la realidad. Los límites son cariñosos y permiten hacer evidente el apego como una forma de contención y de comprensión”.

Los límites son esos parámetros de crianza que los padres quieren y deben enseñar a sus hijos. Christian Muñoz, psiquiatra infantil, afirma que “una buena definición de normas desde que son pequeños les ayuda a adaptarse al mundo, a la sociedad, a relacionarse con otros y a entender la autoridad”.

Es fijarles el camino para tener un paso seguro, esto les da confianza y seguridad. Los padres deben tener en cuenta que definir límites en sus hijos no se trata de impedirles crecer, desarrollar la curiosidad ni explorar su entorno.

Así, pues, cuando los padres definen límites también le enseñan al niño a regular paulatinamente sus emociones, a reaccionar cuando algo no se puede hacer, a conocer qué sienten en esos momentos y cómo manejarlo.

En estos casos lo importante es enseñarle al niño que sus emociones son válidas, pero no por esto es permitido dejarse llevar totalmente por sus impulsos. Si un niño siente rabia con su hermano porque le quitó el juguete, no significa entonces que tiene derecho a pegarle. En este caso, por ejemplo, los padres deben validar la emoción y explicar la actitud con frases como: “Entiendo que tengas ira, sí, tienes todo el derecho porque te quitaron un juguete, pero no está bien que le pegues a tu hermano”.

Es fundamental que el niño entienda que tiene derecho a sentir algo, pero que también sepa cómo reaccionar con lo que siente.

Las primeras normas se fijan siendo bebé, creando hábitos de alimentación, higiene, sueño y cuidado. Con estas rutinas, paulatinamente, el niño entiende que hay un orden, una manera de hacer las cosas y que alguien está pendiente de él. También hay límites de tipo físico, se adquieren cuando el infante empieza a diferenciar entre el cuerpo de la madre y el propio.

Generalmente, los padres aprenden en el camino, los jardines infantiles y los pediatras son de gran utilidad en ese proceso de fijación de límites.

Desde temprana edad se les debe explicar de qué se trata y para qué sirven las normas, ya que deben entender que son importantes y necesarias, y que en caso de no cumplirlas se deberán asumir las consecuencias, que no son sinónimo de castigo. Un ejemplo es que el niño dejó los juguetes en la sala y no podrá sacar uno nuevo hasta que guarde los primeros.

Es importante permitir que los hijos se equivoquen, porque esto les enseña que no todo sale bien en la vida, pero, sobre todo, les muestra desde pequeños que son humanos y que tienen herramientas para aceptar los fracasos y salir de estos. Cuando un niño corrige algo que está mal, gana seguridad en sí mismo; cuando crece sabiendo que es normal equivocarse, que puede pasar y tiene derecho a hacerlo, también gana seguridad en sí mismo.

Estudios recientes han demostrado que cuando un niño crece creyendo que todo lo que hace es perfecto, con el tiempo se vuelve temeroso y no intentará nuevos retos por miedo a que suceda algo que no espera y que no sabrá manejar, y porque tendrá mucho miedo de decepcionar a otros.

Los niños que se equivocan o que tienen resultados que no son los que se esperan, aprenden que eso no les quita el amor de sus padres, que, por el contrario, serán igualmente amados tal y como son.

La palabra ‘no’ también incluye no darle gusto en todo. Esto le enseña a valorar lo que realmente importa y aprenden que no todo en la vida se consigue, que a veces las cosas no salen como se espera, que en ocasiones es necesario un tiempo para conseguir un logro.

La disciplina es un marco de referencia para hacerle saber a los niños cuáles son sus límites. A través de esta pueden organizarse en su vida cotidiana y aprenden a anticiparse a ciertas situaciones.

Las rutinas y las reglas son parte esencial de este proceso y son los padres a quienes les corresponde esta labor. Algo importante: si bien hay que actuar con firmeza, esta no implica maltrato, brusquedad ni malas palabras. Los papás pueden sentir rabia pero tienen que aprender a controlarse. Ante todo, el amor y el respeto.

Un niño se portal mal cuando no se siente importante, y hay que mostrarle cómo se debe comportar en el mundo. Es vital buscar los motivos detrás de un mal comportamiento: es posible que el niño se sienta relegado, le falte atención o esté acostumbrado a que lo miren todo el tiempo. Cómo fijar límites

Lo más importante es definirlos en pareja, con claridad y que le permitan al niño hacer cosas por sí mismo, como vestirse, bañarse o comer solo (si ya tiene la edad). Se deben analizar a medida que crecen los niños, ya que las habilidades y necesidades cambiarán con la edad. Los padres deben ser coherentes entre lo que dicen y hacen, transmitir el mensaje de manera positiva a sus hijos, de forma clara y oportuna.

Se debe dialogar con los niños y tratar de definir normas sencillas para cumplir en casa. Es clave que los padres no cambien las normas según sus estados de ánimo, por el contrario, deben ser permanentes y adaptarse al crecimiento del niño.

En el proceso de disciplina no solo deben establecerse límites para las cosas que no resultan correctas por parte de los niños, sino resaltar su buen comportamiento y animarlo a seguir así.

Evite emplear la fórmula del chantaje con frases como ‘si haces la tarea, sales a jugar’ o ‘si no la haces, le digo a tu papá’, pues no son una forma efectiva de disciplinar al niño y sí pueden hacer que el pequeño se aleje de esa figura de autoridad que trata de imponérsele, o se vuelva rebelde. Es mejor dar pautas y explicaciones claras que el niño pueda entender.

Establecer límites no es sinónimo de castigar de forma física ni verbal. La mejor forma de educar es a través del ejemplo, con diálogo constante y respetando la opinión del infante.

 

 

 

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2 Comentarios

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Comentarios (2)

2
diegotorres50
Hace 1 año
Muy bien
1
diegotorres50
Hace 1 año
Muy bien
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