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Niños: Indefensos frente al castigo / Informe

Niños: Indefensos frente al castigo / Informe

Usar el castigo moderado con los niños es una práctica que legalmente no está prohibida en las familias de Colombia. Los intentos por acabarla totalmente, co

Niños: Indefensos frente al castigo / Informe
Por: Andrea Forero Aguirre
14 de Agosto de 2013
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Usar el castigo moderado con los niños es una práctica que legalmente no está prohibida en las familias de Colombia. Los intentos por acabarla totalmente, como sí se hizo en las escuelas con la Ley 1098 de 2006, no han prosperado, y lo cierto es que por maltrato, la forma extrema de castigo, diariamente ingresan 45 niños al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Desde enero de 2012 hasta el mismo mes de este año, el ICBF recibió 16.457 niños, niñas y adolescentes. Según la entidad, abundan principalmente: golpes con la mano o cables, correas, pantuflas, palos; pellizcos, cachetadas, puños, en lo físico. Insultos, rechazo, desprecio, burla y amenazas, en lo psicológico.

Al ser consultados los papás en redes sociales acerca de la necesidad o no de dar una palmada, un pellizco o un golpe a los niños para corregirlos, de los primeros 50 padres que respondieron en Facebook, 20 están de acuerdo con dar “una palmadita”, los otros 30 rechazan cualquier uso de la fuerza física.Los comentarios fueron de todos los matices. Desde el de Ana Milena González: “Una palmadita, con todo el amor posible, de esas que le duelen más a uno que a ellos”, hasta el de Ángela Mosquera: “Si nuestros padres en cierta época lo hicieron y somos lo que somos, ahora no creo que sea maltrato reprender al hijo con una palmada. No va morir si eso se hace. Y aún más, hasta Dios nos manda a reprender a nuestros hijos, porque el padre que ama reprende. Soy una mamá joven, fui criada como en la época ‘de antes’ y doy gracias a Dios porque mis papás se amarraron los cinturones y utilizaron estos métodos para hacerme una mujer de bien, si no lo hubiesen hecho, ¿qué habría sido de mí y de mis hermanos? No pasó nada, ¡no morimos!”. Esa fue una de las repuestas que más ‘me gusta’ recibió en la red. Sin embargo, los expertos creen que en un momento de ira es muy fácil pasar de una palmada a golpes fuera de control. Frecuentemente se conocen noticias, como la del 27 de mayo, de la niña de apenas 7 años de edad que llegó a un hospital de Bogotá luego de que su mamá le provocara múltiples lesiones en todo el cuerpo por haberse comido unas galletas sin su consentimiento.

Consecuencias

Para Olga Alicia Carbonell Blanco, psicóloga experta en infancia y desarrollo infantil de la Universidad Javeriana, el castigo corporal a los niños es un problema de discursos culturales que pasan de generación en generación. Añade que dar un golpe a un hijo puede resultar eficaz para frenar una conducta, pero lo lleva a actuar por miedo al dolor y sin razonar acerca de sus actos. “El maltrato genera rabia, cuando es permanente, resentimiento, una sensación de impotencia, de no poder hacer nada y hace personas profundamente tristes. El castigo corporal es humillante, es degradante, va contra los derechos del niño”, dice la psicóloga. Según la psicoterapeuta Isabel Cuadros, el castigo corporal a un niño puede desencadenar en situaciones tan complejas como suicidio, depresión, consumo de sustancias psicoactivas, irracionalidad y poca capacidad para interiorizar las normas. Los psicólogos advierten que usar la fuerza física con los niños daña la comunicación y la confianza entre padres e hijos. Además, su percepción de amor vs. violencia se puede repetir en otras relaciones de la vida.Con frecuencia el castigo corporal fomenta el carácter impulsivo y el uso de la fuerza física para resolver conflictos. Según la literatura, los niños que experimentan castigos corporales de manera recurrente suelen golpear a sus hermanos, a sus compañeros y mascotas.Una investigación, publicada en 2012 por la Canadian Medical Association Journal, concluyó que castigar físicamente a los hijos puede causar daño en su desarrollo en el largo plazo, e incluso reducir su coeficiente intelectual.De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS)  los actos de violencia exponen al consumo de tabaco, obesidad, malas calificaciones escolares, comportamientos sexuales de alto riesgo, embarazos no deseados, consumo indebido de alcohol y drogas.“A través de estas consecuencias en la conducta y la salud mental, el maltrato puede contribuir a las enfermedades del corazón, al cáncer, al suicidio y a las infecciones de transmisión sexual. Más allá de sus consecuencias sanitarias y sociales, el maltrato infantil tiene un impacto económico que abarca los costos de la hospitalización, de los tratamientos por motivos de salud mental, de los servicios sociales para la infancia y los costos sanitarios a largo plazo”, advierte el organismo.  Sin embargo, la ley colombiana no prohíbe tajantemente el uso de los castigos físico a los niños por parte de los padres y cuidadores. Cuando el exmagistrado Carlos Gaviria intentó cambiar la norma del Código Civil que da vía libre a los padres y cuidadores para corregir y sancionar a los niños de manera moderada, la Corte Constitucional votó negativamente en 1994.Exactamente el artículo 262 del Código Civil sobre ‘vigilancia, corrección y sanción’ dice: “Los padres o la persona encargada del cuidado personal de los hijos, tendrán la facultad de vigilar su conducta, corregirlos y sancionarlos moderadamente”. Gaviria explicó: “Si bien el Código Civil habla de sanción, lo que ocurre es que es lo mismo que castigo, y ¿quién determina cuándo es moderado y cuándo no? La Constitución de 1991, que es pacifista, quiere que no haya violencia en las relaciones familiares. Algunos magistrados, antes de la sala, me habían dicho que iban a votar positivamente ese día, alguno de ellos dijo que era un bello mensaje contra la violencia, pero finalmente perdimos por un voto”.  Entre los argumentos de los magistrados, cuenta Gaviria, estaban que el castigo, la corrección o sanción ‘moderada’ hacen falta en ciertas situaciones y que no es posible educar a los hijos de otra forma. Lo que más lamenta el jurista, dice, es que no se pudo hacer nada más al respecto, porque ya la Corte se refirió al asunto.“Desde el Congreso sí podría cambiar el tema, creo que habría una resistencia parecida o aun mayor, pero valdría la pena intentarlo”, señala. Por ahora, no hay ningún proyecto en curso al respecto, y cuando se intentó prohibir tajantemente el castigo corporal a los niños en el Código de Infancia y Adolescencia, aprobado en 2006, tampoco se hizo. Isabel Cuadros, directora ejecutiva de la Asociación.

Afecto y asesora del ICBF, se declara partidaria de la eliminación del artículo 262 del Código Civil, “no se trata de meter a todos los padres a la cárcel pero sí de que el Estado tenga un programa de crianza adecuada, porque hay una tolerancia extrema frente al castigo corporal”. Entonces, ¿cuándo actúa el ICBF? Según Cuadros, la ley permite a los padres usar la fuerza con la intención de corregir, sin llegar al maltrato, pero si se exceden esos límites, tan difíciles de definir, el Instituto interviene.“El castigo corporal se convierte en maltrato cuando se golpea un órgano o sitio del cuerpo de potencial daño, es decir, queda una señal o una marca. Generalmente, cuando se golpea con objetos. Se supone que la única parte donde no le pasa mayor cosa al niño es en la cola”, advierte la experta. Los niños menores de 4 años están, según la directora de la Asociación Afecto, en un alto subregistro, porque llegan a los hospitales golpeados y los médicos reportan simplemente un trauma de cráneo, por ejemplo, cuando en realidad, muchas veces, hay maltrato, pero los niños no lo pueden comunicar y los especialistas tampoco lo saben identificar.  A juicio de Cuadros, lo que ha faltado en el país para acabar la permisibilidad con el castigo corporal es voluntad política: “No ha habido interés en el Congreso, me parece que tenemos complejo adultocéntrico y no vemos a los niños”.  En Bogotá, el Concejo firmó el acuerdo 485 de 2011, con fines pedagógicos frente al tema: “Por el cual se establecen medidas educativas encaminadas a la erradicación del castigo físico, humillante y denigrante en contra de los niños, niñas y adolescentes de Bogotá, D.C”.  En sus campañas, el Distrito promueve: “si corrigiéndome se te va la mano… no me dejas crecer sano”.

En la historiaA lo largo de la historia el castigo corporal ha sido utilizado para corregir a los niños cuando no se comportan según las expectativas de los adultos. Su aceptación social ha sido tal que los maestros en las escuelas tenían todo el derecho de maltratar a sus estudiantes. Por fortuna, dicho punto ya fue erradicado, pero el paso no se ha dado en el ámbito de la familia donde las personas que, en teoría, están para proteger a esos niños son quienes siguen corrigiendo con dolorosas secuelas físicas y psicológicas.Carbonell Blanco dice que la primera vez que la humanidad se detuvo a pensar en la fragilidad de los niños fue al término de la Segunda Guerra Mundial. En 1959 la Unicef planteó, por primera vez, la declaratoria de los derechos del niño: supervivencia, desarrollo, un nombre, una familia, alimentación, salud y protección a cualquier situación que pudiera afectarlos”, cuenta la experta.Entonces solo se trataba de una declaratoria. 30 años después, en 1989, se hizo la convención de los derechos de los niños, según la cual deben estar protegidos contra toda forma de violencia. Es decir, pasaron de las palabras a los compromisos. Los países se comprometieron a crear leyes y a emprender acciones para proteger a sus niños, pero eso no implicó que la violencia en su contra cesara, y el Comité de los Derechos del Niño de la ONU, en 2006, se pronunció contra el castigo corporal y otras formas degradantes y crueles contra menores.Posteriormente, la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, en la Relatoría sobre Derechos de la Niñez de la OEA, en 2009, reconoció la gravedad y la seriedad de esta práctica, y recomendó a los países miembro acciones concretas: prohibir a los padres y a los adultos responsables, tanto en el ámbito privado del hogar como público, usar los castigos corporales como un medio para disciplinar a niños y niñas.A la fecha, solo 24 países del mundo, de los 193 que firmaron la convención, prohíben legalmente el castigo corporal incluso en el hogar, entre ellos Austria, Croacia, Chipre, Suecia. Solo tres de los países que han firmado son también miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA): Uruguay, Venezuela y Costa Rica. “Todavía en los demás países de la OEA el castigo corporal contra los niños permanece válido, como método disciplinario, entre ellos Colombia.  Esta práctica de socialización y control es utilizada de forma general por los adultos responsables de su cuidado y protección, especialmente en losprimeros cuatro años de vida”, agrega la psicóloga. Incluso el papa Francisco afirmó recientemente que una ‘bofetada’ a un niño representa un daño profundo a su dignidad.

Estrategias para formar

Oponerse al castigo corporal no significa permitir que los hijos hagan lo que quieran. Según la psicóloga Olga Alicia Carbonell, existen estrategias para socializar en el afecto y poner límites sin golpes. 

El diálogo:Educar no significa que el niño realice acciones sin entender por qué ni para qué. Lo ideal es que aprenda valores, el sentido de los comportamientos y los beneficios de sus actos.Aun cuando los niños sean bebés, sin largos discursos se les puede hacer entender que algo no está bien, con frases como: “Te duele, se daña, o le causas dolor a otra persona”.El niño tiene emociones de miedo, rabia, placer que no sabe controlar y son los papás quienes le deben poner palabras a las situaciones.  “No hay una mamá que no cargue a sus bebés sin hablarles, precisamente los metemos en la cultura con el lenguaje”, agrega.

La distracción:Quitarle abruptamente un objeto a cualquier niño puede ser motivo de molestia; para evitarlo, el papá o la mamá pueden cambiar el objeto peligroso o delicado por otro que pueda entretenerlo sin dejarlo frustrado. “Los niños no hacen las cosas para hacerle daño al adulto. Ellos no cogen el florero por dañarlo, es curiosidad; una de las conductas humanas es la exploración. Primero, lo hacen visualmente, porque no tienen la suficiente movilidad, después lo hacen con las manos, y cuando tienen movimiento van directamente a lo que les interesa. Y los padres deben saber responder”, recomienda.

Anticipar:Para evitar las comunes pataletas en lugares públicos, los padres se pueden anticipar y enseñarle a su hijo, desde muy pequeño, que lo acordado se cumple. Por ejemplo, “vamos al centro comercial, pero solamente te voy a comprar una golosina. O, mamá no tiene dinero hoy, así que debes saber que no te puede comprar siempre cosas”.Si la madre en casa le dice a su hijo que no le va a comprar nada y se lo compra porque lloró, él lo utilizará como una estrategia. Según la experta, al niño le deben pasar las pataletas en la medida en que adquiere lenguaje. Mientras tanto, como no regula sus emociones, Carbonell aconseja hacer time in: “Decirle ‘yo estoy aquí’, algunas veces abrazarlo y pedirle que se tranquilice, hasta que el niño termine cediendo, relajándose y,  entre llantos, pero no tan emocional, cuenta qué quería y, otra vez, a negociar”.

No ser abrupto:Para prevenir situaciones como sacar al niño del parque llorando porque no se quiere ir, su familia puede, antes de la hora de partida, recordarle que en 10 minutos deben marcharse y sugerirle jugar todo lo que pueda en ese tiempo, para que cuando la orden sea ir a casa, él esté preparado. “En ocasiones los niños pueden insistir, uno les recuerda que había un negocio y se van, puede que con la cara un poco triste, pero lo hacen. Si mamá es consistente, él lo sabe y sabrá negociar en la vida. Se trata de socializarlo con valores”, añade la experta. Claro, dice Carbonell, hay situaciones donde se puede aceptar, por ejemplo, en una fiesta, esperar cinco minutos porque empezaron a repartir el helado.“Hay cosas de peligro, negociables y aceptables. Las de peligro no se pueden debatir nunca -que el niño quiera cruzar la calle solo-, las segundas son la ida al parque, discutibles, y las aceptables son cosas por las cuales no merece la pena una discusión; por ejemplo, que el niño quiera la camisa verde y no la roja”, sugiere la psicóloga.

 

 

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2 Comentarios

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Comentarios (2)

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dalabe
Hace 3 años
Hola Andrea, es muy válido tu punto de vista, y nunca ni en niños ni en grandes la rabia o el malgenio puedes ser motores de las actuaciones del ser humano, evidentemente es más repudiable que sea con un niño, pero en general esa teoría debería ser revaluada, como en toda profesión las teorías y procedimientos deben ser evaluadas contra resultados, no creo que usted use una crema que quema calorías por 20 años sin ver resultados y simplemente apegada a los “principios” de quema de calorías, por lo que me remito a que evalué los resultados de esta tendencia claramente occidental, revisemos su culturalmente los jóvenes y adultos de hoy que son producto de esta filosofía son adultos acoplados en una sociedad, o si por el contrario son facilistas o en resumidas cuentas que hay de hoy en los adultos de Occidente. En lo que a mí respecta me parece que la función de los padres es formar no informar porque lo segundo lo hara el ser humano a lo largo de su camino, por lo que no hay ninguna razón para que un@ hij@ entienda que pasa si hace algo malo hasta que lo haga, el problema es que en la vida hay experiencias que una vez se tienen pueden dejar un problema muy grande (Adicciones, cicatrices, etc); en ese orden de ideas como usted lo menciona prefiero que mi hij@ tenga “miedo” (respeto) al fuego más que curiosidad por entender lo que trate de explicarle mostrándole el proceso de deshidratación de un material cuando es expuesto a altas temperaturas. Del pasado hay muchas cosas por corregir como seguramente un futuro lo dirá pero también es importante revisas sus frutos, ninguna de mis abuelas o incluso tíos se la pasa vomitando para mantener la talla, tampoco tiene obesidad mórbida, ni sufren de estrés clínico y aunque sufrían matoneo no eran tan inestables como para suicidarse y publicarlo en el “chismografo”. Entonces algo bueno hicieron, definitivamente hay que encontrar un balance porque estoy seguro todos queremos lo mejor para los hij@s pero la solución nunca está en pasar de negro a blanco de un momento a otro, todo extremo es malo.
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coquifer
Hace 3 años
El problema surge cuando el castigo es recurrente-se como se dice al final del artículo, en ese caso se vuelve maltrato infantil y violencia; sinembargo reprender al niño sin excederse en el castigo, no creo que sea tan terrible ni traumático, por el contrario, pienso que "una palmada al año no hace daño" y por el contrario se podría corregir a tiempo una mala conducta en el niño. De todas formas lo más importante es amarlos pero que haya disciplina. Jofer
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