Síguenos en:

Padres alertas frente al matoneo

Padres alertas frente al matoneo

Conozca las características de los niños que promueven esta situación

Padres alertas frente al matoneo
Por: Annie de Acevedo*
12 de Febrero de 2015
Comparte este artículo

Con el inicio de la temporada escolar, pueden llegar también problemas de convivencia entre los estudiantes. Por ello, es importante que tanto los padres como los profesores estén conscientes del bullying o matoneo para, así, poder prevenir que suceda y, en algunos casos, escale a mayores. 

Desde hace unos años hemos visto que el número de víctimas del matoneo va en aumento. A raíz del cyberbullying, este fenómeno se ha extendido de una manera desproporcionada. 

Este problema genera una serie de actos devastadores y humillantes para quien lo sufre, ya que se pierde la confianza en sí mismo y la tranquilidad. También genera rabia, deseos de venganza y temor. Por esto, es necesario miremos más a fondo sus características para poder identificarlo. 

Rasgos puntuales 

La definición de bullying implica tres elementos: es un acto de agresión intencional, es repetitivo y siempre existe un desequilibrio de poder entre los implicados. Hay muchos conflictos que no tienen estas características y, por lo tanto, no se pueden calificar como actos de matoneo. Por ejemplo, no es cuando hay un conflicto entre dos personas, con la intención de arreglarlo o cuando el maltrato no es repetitivo. 

La estadística para el matoneo escolar es más o menos del 12 por ciento de la población. En este tipo de actos hay tres protagonistas: el victimario o agresor, la víctima y los testigos. También existe una variable que lo permite y lo perpetúa: el silencio. 

Las víctimas generalmente son niños sobreprotegidos o con alguna dificultad, ya sea cognoscitiva o física. El niño que se ve débil o frágil a nivel psicológico también es presa fácil para los agresores. 

Por su parte, el victimario es un niño acostumbrado a ver violencia en su casa e igualmente, es un menor con muchas carencias psicológicas, las cuales maneja siendo líder negativo y cometiendo actos inadecuados contra aquellos que percibe como vulnerables. 

Finalmente, el testigo es aquel que presencia una acción de estas y generalmente no hace nada para evitarla. Son pocos los testigos que se atreven a denunciar estos actos violentos. Desafortunadamente, el silencio de los testigos es el que permite que se siga dando el matoneo. 

Ellos no dicen nada por diversas razones: miedo, complicidad, por no involucrarse en problemas ‘ajenos’, por celebrar burlas o porque no saben qué hacer y no quieren empeorar la situación. 

Sin el silencio de los testigos, el bullying no existiría, ya que tienen el poder para hablar y de esta manera se pueda hacer algo al respecto. Según las estadísticas, solo el 20 por ciento de los testigos habla. Es importante que hablemos y nos pongamos en los zapatos de los otros. 

Tipos de agresión 

Existen diferentes tipos de matoneo. El primero es el físico, el cual se caracteriza por conductas en las que se agrede con patadas, mordiscos, pellizcos o puños, entre otros. También está el verbal, que incluye burlas, chismes, comentarios descalificadores, ofensas, amenazas o extorsión. La exclusión y los rumores son otro tipo de matoneo y abarca conductas como: ignorar, dejar fuera de actividades intencionalmente, revelar secretos, dañar la buena imagen o dejar a una persona en ridículo. Es más común en las niñas que en los niños. Por último, está el cyberbullying, con un alcance muy amplio para destruir, donde se crean identidades falsas o mensajes anónimos para divulgar en las redes sociales. 

¿Cómo saber si su hijo es una víctima? 

Existen algunos signos de alerta para saber si el niño puede estar desempeñando el rol de víctima en el matoneo. Es importante notar si su hijo llora con facilidad, no quiere ir al colegio, cambia los hábitos de comida, le faltan materiales escolares y se queja frecuentemente del trato de sus compañeros y de la soledad. 

La víctima sabe que el maltrato es intencional, no quiere ir al lugar donde se encuentra la persona que lo intimida, no quiere contarle a nadie pues si habla puede ser peor.  

Además, tiene miedo, tristeza y frustración, y siente que es un tonto que se merece lo que le hacen. Generalmente, los niños que se convierten en víctima han sido sobreprotegidos y no han desarrollado habilidades sociales para defenderse. También pueden ser personas diferentes física, académica o económicamente. Las víctimas suelen ser niños ansiosos, inseguros, pasivos, tímidos o, por lo contrario, ser muy activos (hablan duro, no saben parar o se mueven mucho). 

El matoneo es un proceso violento que con el tiempo se intensifica si no se interviene. El sufrimiento de las víctimas se incrementa hasta ser casi inmanejable. Debemos estar informados acerca del tema para actuar de manera inmediata. 

Denuncias en el colegio 

Es importante siempre denunciar actos de violencia. Muchos niños tienen la confianza de hacerlo con sus padres y ojalá estos, a su vez, vayan al colegio a comunicar lo sucedido. También puede haber un sistema en el colegio en el cual los niños puedan comunicar estos actos sin peligro de recibir más agresión, a través de un buzón anónimo. 

Es igualmente importante que el colegio tenga una política clara de cuáles son las consecuencias disciplinarias para aquellos niños que ejercen el matoneo. Los estudiantes deben saber que este es inaceptable. Obviamente, también tiene que haber un tratamiento psicológico para el victimario y la vítima. 

 

 

 

Comparte este artículo

0 Comentarios

imagen
publicidad
publicidad

Herramientas ABC

  • Calendario de Embarazo

    Nada más emociónate que entender cómo cambia mi bebé en estos 9 meses,  Bárbara Mora.

  • Calendario de Ovulación

    Toda mujer que esté pensando en tener un bebé, debe no solo conocer su ciclo menstrual, sino también el día más fértil de este.

  • Índice de masa corporal

    Es una medida de asociación entre la masa y la talla de un individuo ideada por el estadístico belga Adolphe Quetelet, por lo que también se le conoce como índice de Quetelet