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¡A jugar con tus hijos!: refuerza el vínculo afectivo y desarrolla habilidades físicas en ellos

¡A jugar con tus hijos!: refuerza el vínculo afectivo y desarrolla habilidades físicas en ellos

Jugar en familia permite que todos sus miembros se conozcan mejor y se respeten.

¡A jugar con tus hijos!: refuerza el vínculo afectivo y desarrolla habilidades físicas en ellos
Por: Redacción ABC del bebé
23 de Diciembre de 2015
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La familia es el elemento que acompaña al niño durante toda la vida. Los padres son quienes les facilitan a sus hijos la educación, la crianza y el aprendizaje desde que están muy pequeños; son los mediadores y el ejemplo a seguir. Y en el juego, las reglas son las mismas. Son los adultos quienes deben proveer los elementos necesarios para que el niño explore, se divierta y socialice.

Es decir, no existe nada mejor que jugar en familia. Y no existen límites. Desde que nacen, los padres pueden hablarles, acariciarlos, contarles un cuento. Más grandes, juntos pueden estar en el piso y lanzar un balón, ir al parque, cantar, bailar. Luego, montar en patines, bicicleta, hacerse cosquillas. Hay tantas ideas como espacios, sin indicaciones ni un reglamento.

Pero el principal beneficio es que, cuando se juega con la familia, hay un vínculo de por medio que posibilita un aprendizaje sano; es decir, los adultos brindarán lo mejor de sí para sus hijos y ellos, por su parte, tomarán el conocimiento del mejor de los ejemplos.

Ahora, lo importante es que este tiempo compartido sea de calidad, pues los padres no solo comparten con ellos momentos de placer, sino que les transmiten conocimientos en cuanto a forma, color, tamaño, posición, tiempo, cantidad, lenguaje y esquema corporal.

Los padres, entonces, son los que proveen las situaciones y los elementos que van a estimular y a afianzar todos los conocimientos básicos del niño sobre la percepción.

Por su parte, la sicóloga clínica Cecilia Zuleta, especialista en desarrollo y crianza, señala que detrás del juego hay una intención de comunicación y de vínculo con mamá y papá, quienes les dan significado a las sensaciones del pequeño. Según ella, a la hora de escoger los juegos hay que tener en cuenta los gustos, necesidades y habilidades de un niño en cada etapa de su evolución.

Los padres también son los encargados de fomentar la madurez emocional, puesto que orientan a sus hijos y los ayudan a sobrellevar las emociones de la frustración, la competencia, las derrotas y las victorias. El juego en familia también estimula la creatividad, el pensamiento y la capacidad de espera.

En este aspecto, es fundamental promover el esfuerzo de los niños por ganar las cosas, así como el hecho de conocer sus fortalezas y debilidades, pues de esta manera aprenden a reconocer para qué son buenos y en qué casos deben luchar más por alcanzar una meta.

Con el juego familiar también se refuerzan y asimilan mejor conceptos como la noción de cantidad, espacialidad y temporalidad. Así mismo, los colores, los tamaños y las formas.

Una tarea sencilla, cotidiana

La idea no es imponer, sino respetar el proceso de desarrollo del niño. Es decir, en los primeros meses no se debe jugar bruscamente, sino hacerle masajes, cantarle, hablarle. El juego se inicia, incluso, desde que los niños nacen, e involucra gestos, caricias, palabras y movimientos.

Luego, al crecer, aparece otro tipo de habilidades físicas y cognitivas en el infante que dan la pauta para la puesta en marcha de diferentes actividades lúdicas. En los primeros años, es posible distinguir los gustos. Por ejemplo, hay unos pequeños a los que les gusta más leer, otros se enfocan por el arte y hay algunos que prefieren los juegos de mesa.

Cuando ya pueden moverse solos, no hay que pensar mucho. Los juegos pueden ser muy sencillos, los cotidianos. Cocinar, saltar, correr, jugar a las escondidas, tirarse al piso y salir al parque del barrio. Además están las adivinanzas, los túneles caseros, los títeres, los trabalenguas, etc.

Ahora, en el día a día también se presentan espacios que permitirán jugar: como el momento de la comida, la hora del baño, la hora de vestirse, antes de dormir, obviamente sin dejar a un lado el objetivo del momento, pero se puede hacer una antesala o inventar un juego o contar un chiste, después de cada hábito.

“En esos momentos especiales con los niños, se les debe permitir que piensen, ejecuten y hagan cosas cotidianas. Ellos necesitan que los toquen, ‘patanear’ y tener actividades especiales”, indica Zuleta.

Para el adulto, además, es una oportunidad de volverse un niño de nuevo. De crear, imaginar, inventar, representar personajes. Puede ser una muy buena experiencia para desinhibirse, conocerse más y conocer a su hijo.

 

 

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1 Comentarios

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Comentarios (1)

1
wfewfwefwefyhgbi796460
Hace 37 semanas
Ajajaa tan chistoso
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