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Buen dormir para que vivan sanos

Buen dormir para que vivan sanos

Conozca los beneficios del sueño.

Buen dormir para que vivan sanos
Por: Astrid López
01 de Julio de 2014
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Que el sueño alimenta, que hace crecer a los bebés, que les permite desarrollar sus capacidades intelectuales, frases como estas se les han escuchado decir a madres y abuelas, al referirse a las bondades del sueño, pero ¿qué de todo esto es cierto? y ¿qué puede ocasionar en un bebé el que no logre dormir?

Para Franklin Escobar Córdoba, profesor de psiquiatría, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia, el sueño en los bebés es tan importante como la lactancia, pues contribuye al crecimiento y desarrollo normal del cerebro y del sistema nervioso en general.

“Un pequeño que duerme bien es un bebé que en general está sano. Es más, cuando ellos presentan un desarrollo deficiente en estatura y peso se debe sospechar de algún trastorno del sueño y el médico ha de evaluarlo”, indica. Para ir respondiendo a lo que dicen las abuelas y lo que confirman los médicos, empecemos con la relación entre sueño y crecimiento, la cual existe sin lugar a dudas, y se basa en la hormona somatotropina.

Como lo explica el doctor Escobar Córdoba, en los primeros meses de vida el sueño contribuye a los procesos de maduración del sistema nervioso central, principalmente del cerebro, permitiendo la producción de la hormona del crecimiento y esto estimula el desarrollo físico y mental del bebé.

La hormona actúa sobre muchos tejidos del cuerpo e influye en el metabolismo. Precisamente, ésta se segrega en mayor cantidad a los 50 o 60 minutos de haberse iniciado el sueño nocturno, aunque estudios han comprobado que en siestas largas, como las de los recién nacidos, también ocurre de igual forma.

El sueño ‘alimenta’

El sueño en los recién nacidos y durante los primeros meses puede efectivamente entenderse como un ‘alimento’, si se piensa en que en esta etapa hay largos periodos para dormir con intervalos para comer, y ese alimento permanece en su aparato digestivo en formación ayudándolo a que se adapte al proceso, por lo que dormir ‘alimenta’.

Además, en el caso de los lactantes debe existir un balance nutricional. En ellos, la leche materna los lleva a establecer valores equilibrados que les ayudan a conciliar el sueño. De allí que el tiempo en que el bebé duerme el organismo va asimilando y distribuyendo los nutrientes que requiere para su desarrollo, y para cada una de las funciones tanto cerebrales como motoras.

Un cerebro ágil

Otro aspecto que se liga comúnmente al sueño es el del estado de ánimo y el comportamiento. En los recién nacidos, y hasta el año de edad, el niño que tiene una buena rutina de descanso se percibe en sus reacciones. Es un pequeño que permanece alerta y que es menos propenso a problemas de irritabilidad. En general, los rangos para el periodo de 0 a 2 meses son de 10,5 a 18 horas al día, incluso más, alternado con cortos tiempos de actividad motora y de alimentación, “a este sueño se le denomina polifásico, y hacia el final de la lactancia dormirá alrededor de 16 horas.

Luego, cuando tenga de 3 a 4 años dormirá de 12 a 14 horas diarias, con un periodo largo en la noche y máximo dos siestas cortas en el día”, dice el docente de la Universidad Nacional.

Por ejemplo, en los bebés, las siestas que toman por periodos a lo largo del día y el sueño nocturno son indispensables el uno del otro y muy benéficos para su desarrollo. Los niños que toman su siesta son por lo general menos caprichosos y duermen mejor durante la noche.

Las rutinas educan

Las estadísticas indican que los niños no son ajenos a los trastornos del sueño, pues de 25 a 30 por ciento de las visitas que los padres hacen con sus hijos al pediatra están relacionadas con algún tema de sueño. “De allí que enseñar a los pequeños a que adquieran una rutina de buen dormir, a lo largo de su primera infancia (0 a 6 años), resulta básico para asegurar un desarrollo equilibrado de sus habilidades”, dice Cielo Torres Mariño, pediatra especializada en trastornos del sueño.

Por otro lado, hay que tener en cuenta una serie de rituales facilitadores del sueño y, a la vez, apartar ciertas acciones que no hay que realizar en los momentos previos a dormir. En este punto el tema de leer cuentos, hablar de las actividades del día o ponerles, sobre todo a los bebés, música y luz. Lo primero es conocer el sueño normal en los bebés y cuáles son sus características, en segundo lugar, dejar que inicialmente duerma a libre demanda y en la medida que va creciendo enseñarle que la noche se hizo para dormir y el día para tener actividad, y que por eso solo se incluyen de uno a dos periodos cortos de sueño.

“El establecer horarios fijos ayuda a que el niño se adapte más fácilmente al ciclo luz-oscuridad y mantenga un periodo de sueño vigilia normal. Es especialmente importante, que cuando el niño tiene entre 3 y 4 años se fortalezcan horarios claros para las comidas, lo que influye también en los de sueño”, anota el doctor Escobar.

“Los rituales de conciliación del sueño son necesarios en los niños, para que no caigan en el insomnio infantil, que no se debe a despertarse por la noche, sino a no volverse a dormirse, por estímulos que se asocian al inicio de sueño, o a que se acostumbran a la presencia de sus padres, en medio de la noche, al despertarse”.

Esté alerta frente a la falta de sueño y la hiperactividad

Los expertos sostienen que los niños que no duermen lo suficiente son pequeños que requieren atención médica con mayor frecuencia, y que dicha deficiencia en el dormir tiene que ver, en gran parte, con malos hábitos de higiene del sueño. Algunas acciones que entorpecen el ritmo de sueño son, por ejemplo, “cuando las madres suelen despertar a sus hijos para comer; o angustiarse porque les parece que el bebé duerme demasiado y lo despiertan, o interpretan los gestos de la cara, que ocurren durante el sueño MOR (una de las cinco fases del sueño.

Aquella cuando los ojos se mueven rápidamente y se está soñando), y ellas se asustan al creer que al niño le pasa algo, y entonces lo despiertan; de esta forma desarrollan un condicionamiento para que el bebé altere su sueño. Ahora bien, si se le estimula con juego, el niño conciliará mejor el sueño y este se mantendrá de forma natural”, dice el doctor Franklin Escobar.

En el caso de que el bebé tenga dificultad para quedarse dormido o se despierte con frecuencia y no vuelva a conciliar el sueño; si respira con dificultad o con la boca abierta, es probable que tenga algún trastorno primario del sueño, como una apnea del sueño, caracterizada por paradas frecuentes de la respiración mientras se duerme. “Si esto sucede, hay que consultar con el pediatra. De igual forma, ante la presencia de movimientos anormales al dormir, los que son signos de alarma”, añade el docente.

Además, tanto los niños como los adultos pueden tener dificultad para dormir cuando están muy contentos con la actividad que realizan, o por estrés debido a horarios irregulares; también,por hiperactividad, problemas familiares, miedos infantiles o ansiedad frente a situaciones de conflicto como una separación.

Para antes de dormir - Dele al niño una comida liviana pero nutritiva. - Elija una hora fija para ir a dormir, así irá adquiriendo horarios específicos para ello. - Especialmente en los bebés, antes del sueño de la noche, deles un baño, así estarán frescos y esto les ayudará a conciliar el sueño. - Póngale ropa limpia y cómoda para ir a dormir. - Léale un cuento o cántele canciones. - Procure un ambiente propicio para el sueño: una habitación ventilada y silenciosa. - Haga que su niño asocie la hora de dormir con un momento agradable, pero enséñele que esto es un proceso individual que solo tiene acompañamiento hasta cierto punto, pero después estará solo aunque tranquilo; así, si se despertara, no se angustiará. - Ponga al niño en su cuna o cama, despídase y salga de la habitación, aunque se quede sollozando.

 

 

 

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