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Deberes, ¿cómo inculcarlos?

Deberes, ¿cómo inculcarlos?

En el proceso de la crianza de los niños, un aprendizaje que resulta muy importante es el de la enseñanza de los deberes, no solo porque los lleva a adquirir

Deberes, ¿cómo inculcarlos?
Por: Astrid López
01 de Julio de 2014
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En el proceso de la crianza de los niños, un aprendizaje que resulta muy importante es el de la enseñanza de los deberes, no solo porque los lleva a adquirir responsabilidades, sino porque a través de estos van fortaleciendo la personalidad, y son “la base de los hábitos de estudio, de lectura y de aprendizaje académico, que se originan desde los 5 años en adelante”, dice Victoria Cabrera, profesora investigadora del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana.

Para entender el porqué de los deberes y su objetivo en la formación de los pequeños, se podrían clasificar en tres vertientes, “los de carácter escolar; los que nacen en casa y que hacen parte de la convivencia en comunidad, y unos muy especiales, los individuales, que ayudan a los niños a sentirse orgullosos de sí mismos por cumplir con esas tareas que, aunque ‘simples’, facilitan su crecimiento”, explica Analía de Torres, psicóloga infantil especialista en desarrollo.

Las tareas ejercitan

Para Claudia Marcela Rozo, directora del Programa de Terapia Ocupacional de la Universidad del Rosario, los deberes escolares, es decir las tareas en el jardín, buscan ser una preparación de las habilidades para el aprendizaje, necesarias para que, más adelante, el proceso fluya.

Rozo indica que, “en el aula se trabajan destrezas específicas enfocadas a madurar ciertos procesos del desarrollo, para que los niños adquieran toda la base del funcionamiento corporal, como la tolerancia del cuerpo a las actividades, el desarrollo de habilidades cognitivas y motoras, que a los pequeños les permitirán aprender a leer, escribir y a abordar el proceso del aprendizaje con mayor facilidad”.

Pero en la casa, la dinámica debe continuar, sostienen la mayoría de los educadores, solo que algunos difieren del tipo de tareas; es decir, de cómo deben ser esos deberes escolares. Estas actividades, en ocasiones, involucran no solo a los padres sino a toda la familia, en un ejercicio colectivo, orientado a que se afiancen los conocimientos adquiridos en el jardín, pero también, a que los padres sepan en qué etapa del proceso de aprendizaje están sus hijos.

Trabajo en casa, sí o no

Como lo explica Claudia Marcela Rozo, no todos los colegios o jardines envían tareas a casa, pero aquellos que lo hacen buscan que, a través de la repetición, el niño afiance la habilidad de hacer algo que ya aprendió en el jardín. “Con esa tarea no van a aprender nada nuevo, ratifica un conocimiento ya adquirido”.

Muchos padres rechazan el que se les pida a los pequeños que realicen trabajos escolares en casa, que por su grado de dificultad se conviertan en tareas para ellos. Los expertos dicen que esto tiene una razón. Se hace para que los padres conozcan el proceso de aprendizaje en el que están sus hijos, sus progresos, fortalezas y debilidades escolares.

Además, dice Rozo, “algunos jardines ponen tareas que no están al alcance de los pequeños, que parecieran ir dirigidas a los padres, para que ellos se acerquen a lo que sus hijos están aprendiendo, y logren detectar si están asimilando bien los conceptos y en qué necesitan acompañamiento. También para que compartan con ellos sus formas particulares de resolver problemas, modelos diferentes y nuevos de hacer las cosas, que enriquecen el aprendizaje”.

Sin embargo, sostiene Victoria Cabrera, de la Universidad de La Sabana, “siempre se debe aclarar la instrucción; es decir, que si la tarea era para los niños y la terminan haciendo los padres, no tiene sentido. Debe plantearse, desde un principio, si se trata de una actividad familiar para que surta un efecto enriquecedor en la formación, o si se trata de un trabajo indicado para los pequeños, diseñado para sus capacidades”.

¿Cuánto tiempo?

Otro de los temas importantes frente a los deberes, es precisamente el tiempo que se considera idóneo para su realización, ya sea en casa o en el jardín. Para la doctora Rozo, ese tiempo siempre dependerá de la edad del niño. “Una tarea no debe exceder los 20 minutos, pues es solo para reforzar un conocimiento ya aprendido, una habilidad que ya se ha trabajado en clase. Además, hay que pensar que los niños deben realizar, en su tiempo libre, otras actividades de esparcimiento, ejercitación y motivación.

Son hábitos                               

Definitivamente, los deberes deben convertirse en hábitos y rutinas que los niños realicen diariamente. “Esos elementos deben integrar una forma de comportamiento del pequeño, no solo debe ser llevar la ropa al cesto, por el hecho del orden, sino porque eso lo irá formando como un individuo más organizado, que planea actividades y obtiene resultados. Siempre es necesario que el adulto supervise y coordine dichas tareas”, explica Rozo.

Deberes como lavarse las manos al llegar a casa, quitarse el uniforme, recoger su plato al terminar de comer, organizar sus juguetes y, más adelante, tender la cama o ayudar a servir algunos pasabocas durante una reunión social son tareas que llevan a que los niños adquieran responsabilidad, se involucren con su entorno e interioricen normas, que los ayudarán

a cultivarse como individuos, añade la profesional de la Universidad del Rosario.

La profesora Cabrera indica que estas actividades, o responsabilidades, se deben adjudicar desde edad temprana, obvio, en la medida en que las habilidades del niño lo permitan, y deben ejercitarse a diario, para consolidarlas como rutinas. “Por ejemplo, los deberes empiezan con la ida al baño solos, pues es esta la primera manifestación de autonomía del pequeño”.

¿El cumplir se debe premiar?

Claudia Marcela Rozo dice que a los niños debe hacérseles un reconocimiento social cada vez que alcancen un logro en sus deberes. Esto significa felicitarlos, darles un aplauso, un beso, un abrazo, pero no deben premiarse, pues entregar un regalo cada vez que el pequeño logre algo, “puede ser una escala muy difícil de cumplir”.

Por otra parte, Victoria Cabrera habla de la motivación interna y de la motivación externa, que deben cultivarse en los niños. La primera es esa satisfacción del deber cumplido, lo que se siente al ayudar a otros, al obtener buenos resultados escolares; esto es un sentimiento interno y personal que debe inculcarse. Pero también está la motivación externa, que es el reconocimiento público, un halago, y, por qué no, un obsequio de vez en cuando, algo pequeño, sin gran valor, con lo que se estimule el correcto comportamiento del niño. 

 

 

 

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