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Los niños quieren Rock

Los niños quieren Rock

School of Rock es un proyecto donde los niños aprenden a interpretarlo

Los niños quieren Rock
Por: Edna Juliana Rojas H.
11 de Noviembre de 2011
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Alejandro Duque sabe a la perfección cómo suena la batería en Florecita rockera, Bolero falaz o Mujer gala, canciones de El Dorado (1995), uno de los álbumes más exitosos en la escena roquera latinoamericana, de la banda colombiana Aterciopelados. Era el baterista.
‘El Duque’ también hizo parte de Alerta Kamarada, el grupo de reggae colombiano más representativo del género en el país. Hoy, acomodado en un sofá junto a otros músicos, define las canciones de un próximo repertorio. No planean un concierto, sino el montaje que harán con los niños de School of Rock, un espacio donde desde los 3 y hasta los 17 años los estudiantes aprenden música a través de canciones de los Red Hot Chilli Peppers, Iron Maiden o ACDC.
Juan Carlos Gómez tocó ante 55 mil personas. Era 2 de mayo de 1999; él era bajista de La Pestilencia, y en ese momento también, telonero de Metallica. Tanto Juan como ‘el Duque’ aceptaron la invitación de Juan Pablo Mier, el director de School of Rock. Hace un año, Mier creó el proyecto pensando específicamente en los niños amantes del rock, que no encontraban un lugar para aprender música con las canciones que los apasionan, “y no con Pueblito Viejo”, dice él, ex gerente de mercadeo de Emi (casa disquera).


Nace la escuela
El hijo de Juan Pablo tiene siete años y medio. Un roquero que no sabía tocar un instrumento, que se moría de ganas por interpretar su música preferida, pero que no encontraba dónde hacerlo. De ahí surgió la idea de negocio de Juan Pablo, que no solo creó un lugar para que los niños aprendieran un instrumento, sino que se sumergieran en el mundo del rock. Así nació School of Rock, que comenzó con 15 niños y hoy cuenta con 100. Los estudiantes pueden elegir dos instrumentos, pero a lo largo del semestre montan una canción solo con el principal, la que tocarán con su banda como espectáculo de cierre.  Además, estudian expresión corporal, participan en actividades que incentivan su desarrollo motor y su gusto por el arte como la pintura, el dibujo e incluso grafitis. Aprenden el oficio de ser roadie, es decir, conectar y afinar instrumentos. Al final del semestre se presentan con la banda que han conformado en las clases, en un concierto en Hard Rock Café, el escenario emblemático de este género en el mundo. 
La dinámica de la escuela al elegir –además de pedagogos musicales experimentados– a estos músicos reconocidos como profesores es que, según explica Sandra Jaramillo, la coordinadora académica, música y compositora, “ellos están de gira, son músicos activos que se vuelven ídolos para los niños y los motivan a ser como ellos”.
Juan Pablo agrega que para los roqueros también ha sido una experiencia increíble porque “músicos de su talla no tendrían por qué estar dando clases en una escuela para niños, pero se convirtió en una experiencia fascinante para todos”. Por ejemplo, para el Chato Rivas, músico de bandas como la de Shakira, La Derecha o Maia, la docencia en esta escuela se ha convertido en un amor y disfrute con los niños, que les permite trabajar con pasión y en la que nadie sale aburrido.


Más allá de la música
Aunque el programa inicial comenzó con niños mayores de 6 años, muchos padres llegaban interesados en que sus hijos más pequeños tuvieran acceso a las clases; así nació Rockin’ Kids, a donde los pequeños desde los 3 años asisten una hora a la semana y se familiarizan con los sonidos, instrumentos y canciones. “Aprenden de música sin saber que la están estudiando”, explica Sandra. Luego, de los 5 a 6 años están en una etapa avanzada en la que toman dos horas semanales y empiezan a acercarse con mayor profundidad a cada instrumento.
Entonces llegan a los 6 años al programa en el que deben elegir entre batería, teclados o guitarra. Todos los pequeños se aproximan con un nivel alto de interés, motivados por sonidos que les despiertan su creatividad. Trabajan a través de propuestas de sus canciones preferidas o de sugerencias de los profesores. El papel de estos es también hacer los ensambles o las bandas entre estudiantes que irán preparando el concierto para final de semestre.
Sin embargo más allá de la habilidad musical que adquieren, el director dice que al principio, como todos los músicos, los niños son tímidos, no suelen mirar a los ojos y permanecen casi en silencio durante las clases. “Luego esto funciona como una catarsis, como una posibilidad de expresión, y los niños cambian completamente”, dice la coordinadora académica. “Es un gusto ver a los niños que luego se sientan en la oficina, nos hablan y nos cuentan de todo”, recuerda Juan Pablo, quien además se refiere a una estudiante de 16 años que presenta un tipo de autismo. Hace poco compuso una canción, y los músicos profesionales la montaron y la tocaron con ella como si fueran su banda. “Por eso, cuando los niños tienen una falla en el colegio y los padres piensan en sacarlos de la escuela, lo primero que les decimos es que es un error, porque esta es la manera como ellos pueden desfogarse y expresar lo que sienten”, señala Sandra. abc


 Antes de elegir
Los padres llenan hoy a los niños de actividades extracurriculares que los agobian y que muchas veces ellos no disfrutan. Juan Pablo Mier, director de School of Rock, asegura que ve cómo algunos padres organizan un horario de actividades para sus hijos, por las largas jornadas laborales que ellos enfrentan. Expertos como Linda Balog, ex directora ejecutiva del Instituto de Gestión del Estrés Infantil y Adolescente de la Universidad Estatal de Nueva York, asegura que es esencial preguntarles a los menores sobre sus gustos y necesidades, pues muchos se sienten obligados a participar de actividades que no disfrutan.
El artículo ‘Horas extras para menores’, escrito por Sara Campelo para la plataforma Mejora tu escuela pública en España, asegura que aunque se trate de actividades lúdicas, es importante permitir que el pequeño tenga tiempo libre para disfrutar con sus padres, descansar en casa o salir al parque. Y, cuando se trate de seleccionar una actividad, es esencial descubrir los gustos de los niños, su edad, características, para que no sea una decisión tomada solo por los padres.


Los costos del rock
Los chiquitos que pueden entrar desde los 3 hasta los 5 años de edad en el programa Rockin’ Kids pagan una matrícula semestral de $110.000 y una mensualidad de $140.000, con una intensidad de una hora a la semana. Desde los 6 hasta los 17 años en School of Rock se paga una matrícula de $275.000 y una mensualidad de $395.000, dos horas a la semana.

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2
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Hace 3 años
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Hace 3 años
El hijo de Juan Pablo tiene siete años y medio. Un roquero que no sabía tocar un instrumento, que se moría portable dog fences dogs
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