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Tareas en el jardín ¿Útiles o no?

Tareas en el jardín ¿Útiles o no?

Razones del porqué estas actividades pueden ser útiles o no

Tareas en el jardín ¿Útiles o no?
Por: Karen Johana Sánchez
29 de Noviembre de 2013
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Hacer un disfraz de un gorgojo, en casa, para un niño de 7 años y segundo de primaria. Esa fue la tarea a la que una madre y su hijo tuvieron que enfrentarse por semanas, pues el alumno debía ir disfrazado así al colegio para una presentación. El reto fue el tiempo, el dinero y la capacidad manual para hacerlo. Además, una labor que supuestamente le competía al niño, pero que por su complejidad resultan elaborando los adultos.

Como este caso, hay bastantes entre los padres, quienes en ocasiones se ven en apuros por resolver esas obligaciones ‘maratónicas’ y es ahí cuando surge el interrogante sobre si es bueno o no que los pequeños hagan tareas académicas en el preescolar.Para la directora de la maestría en pedagogía de la Universidad de La Sabana, Rosa Julia Guzmán, las tareas tienen dos funciones: una es ayudar a que el niño aprenda a trabajar solo; eso quiere decir que no debería necesitar la ayuda de los papás. Segundo, darle información al profesor con respecto a lo que puede o no hacer un estudiante.

Esta “es muy importante porque el profesor ve, por ejemplo, si los estudiantes no logran hacer algo que él les propuso y le debe servir para preparar su siguiente clase, pero eso casi nunca lo toman en cuenta. Los profesores tienden a calificar a los niños como bien o mal, si sabe o no sabe, pero no lo retoman para preparar su clase siguiente, que es la verdadera función de las tareas”, añade. Guiomar Alarcón Castro, psicóloga del Gimnasio Los Andes y magíster en educación, indica que las actividades que les dejan a los niños en el preescolar deben cumplir con una función de enseñanza: “Es el momento real del aprendizaje porque es cuando el niño se enfrenta solo a reproducir, reelaborar o entender qué fue lo que hizo a través de un momento especial, donde fue instruido o dotado de algunas herramientas por un docente y luego debe hacerlo en solitario”.

Para Maritza Díaz, antropóloga y directora del Centro de Expresión Artística y jardín infantil Mafalda, en el preescolar se debe promover la oportunidad de que los niños indaguen, exploren, construyan y elaboren aprendizajes, a partir de temas específicos que se estén trabajando, pero “no como una tarea, como algo que hay que entregar en una fecha que va a implicar calificación, sino como un hábito de estructuración personal constante”. Es decir, es algo que debe hacerse no solo en el contexto escolar, sino también familiar, social. Y que los resultados de exploración se vean en el momento en el que el mismo niño los quiera compartir.  “Yo creo que la tarea, de alguna manera, escolariza la vida familiar. Si surgen interrogantes desde el colegio, el jardín infantil o la guardería, los niños van a querer indagar al respecto, espontáneamente, si están interesados. Hay justificaciones que indican que la tarea es un entrenamiento fuerte alrededor de la responsabilidad de asumir y de cumplir. De un rigor y de una autodisciplina, agrega la antropóloga, pero no es la tarea que les da esos elementos de responsabilidad a los niños. Es el resultado el que les brinda los elementos de autocontrol, de autodisciplina.

El proceso correcto

“La mayoría de la gente piensa que al preescolar solamente se va a jugar; eso no es cierto. Los niños de preescolar hacen aprendizajes que pueden estar apoyados con tareas, siempre y cuando los profesores tengan clara cuál es la función de esta”, enfatiza Guzmán. En esta etapa se pueden poner muy pocas tareas, muy de vez en cuando, pero el criterio es que tengan un objetivo de aprendizaje y formación muy concretos. Esto se debe realizar, dice la experta, según el colegio: “Si la jornada es completa, no se debería dejar trabajos. Se supone que ese tiempo debe ser suficiente para que los niños hagan las actividades necesarias para obtener un aprendizaje y, además, el profesor tendría el tiempo suficiente para observar a los niños trabajando para ver qué pueden y qué no pueden hacer. Por el contrario, un colegio que tiene media jornada,  puede pensar en poner unas pocas, según la edad del niño”.  Básicamente, el maestro debería valerse de situaciones cotidianas que incentiven y dejen una enseñanza concreta en el pequeño. “La pregunta que se debe hacer el profesor es para qué necesito poner esta tarea, para qué le sirve; si no tiene respuesta, es mejor que no la ponga”, opina Rosa Julia.

Papel de los padres

• Facilitar las condiciones para que los niños puedan hacer las tareas. Es decir, pactar con ellos un horario de trabajo y de descanso. Proporcionar un sitio adecuado para hacerla, sin elementos distractores, y alistar las herramientas necesarias.

• Aprovechar los trabajos como motivo de diálogo en la familia. Preguntar al niño por la actividad, si le gustó hacerla, por qué es útil y sobre la opinión del profesor.

• Seguir el proceso con ellos; esto no significa sentarse a hacerla. “Si permitimos que esos hábitos se adquieran en un afán de acabar la tarea, se le niega al niño que lo haga por sí mismo, entre en una zona de confort y no se vaya a esforzar nunca porque siempre va a tener alguien que le resuelva sus obligaciones”, indica la psicóloga Guiomar Alarcón Castro.

Principales errores

Según las expertas, estas son las principales fallas que se cometen a la hora de dejarles tareas a los niños:

• Tienden a llenar vacíos de lo que el profesor no alcanza a hacer en clases.

• Anticipan el desarrollo de los niños. Se hacen solicitudes de procesos para los que los niños todavía no están listos.

• Exigen procesos tan elaborados que son actividades dirigidas no solo al niño, sino también a sus padres. Por ejemplo, las manualidades complejas o de alto costo. Algunas son tan agotadoras que se convierten en motivo de pelea.

• Actividades repetitivas sin sentido para el niño. Por ejemplo, las planas no ayudan, por el contrario, agotan; al igual que copiar.  

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