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La ansiedad puede volver gordos a nuestros hijos, aseguran expertos

La ansiedad puede volver gordos a nuestros hijos, aseguran expertos

Cómo identificarla y tratarla, antes de sufrir malnutrición.

La ansiedad puede volver gordos a nuestros hijos, aseguran expertos
Por: Karen Johana Sánchez
16 de Noviembre de 2011
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Si el niño termina de comer y quiere más,  está pendiente de cuándo, cómo y cuánto se sirve y quiere anticiparse a repetir; es decir, la alimentación es el centro de atención de su vida, puede estar sufriendo de ansiedad por la comida.
Las causas de esta situación son muy diversas. Intervienen factores genéticos (antecedentes familiares), biológicos y aspectos de tipo afectivo, social y familiar; es decir, no hay una causa única, dice Aída Lebbos Saad, pediatra MBA y directora de Fun 4 Fit,
centro de control de nutrición y actividad física para niños.
Específicamente, entonces, los aspectos que condicionan este trastorno pueden ser la falta o el exceso de afecto, baja autoestima, placer al comer, malos hábitos de alimentación, cambios emocionales en su vida o falta de actividad física regular, añade la nutricionista y dietista Silvana Dadán.
Se ha descrito la presencia de ansiedad ante diferentes estímulos como son las fobias, la separación de los padres, la pérdida de algún familiar, problemas en el colegio y estrés. En algunos casos, para llamar la atención los niños ven en los alimentos una forma de sentirse amados y protegidos, agrega la doctora Lebbos.
Si la situación no se controla a tiempo, el niño puede sufrir de obesidad y sobrepeso. Según Dadán, esto puede ser “la base de otros trastornos como resistencia a la insulina, diabetes, dislipidemias (alteración de los triglicéridos, colesterol), hipertensión arterial y alteración del funcionamiento del hígado (hígado graso)”.
También pueden generarse trastornos como bulimia o anorexia al ver la comida como enemiga, alteración en la autoestima y la socialización e irritabilidad.
La familia es el eje central de acompañamiento y ayuda en la modificación de estas conductas. Según Dadán, “hay estudios que demuestran que los niños que comen en familia o comparten tiempo de alimentación juntos tienen menos trastornos alimentarios”.
Para la nutricionista infantil Clara Rojas, el primer paso para calmar la ansiedad es establecer rutinas de alimentación. Es decir, instituir horarios para comer, darle suficiente masticación a la comida (masticar un bocado de 10 a 15 veces) y dar alimentos fraccionados (tres  comidas principales y dos refrigerios) para que no haya vaciamiento gástrico y evitar que coma entre horas.
“Cuando haya mucha hambre –añade–,  brindar alimentos como un plato de ensalada, tomar líquidos y comer frutas“. Y dejar que el niño elija entre varias alternativas saludables. Asimismo, evitar la comida chatarra o golosinas en casa, gaseosas y hábitos como comer en la habitación o frente al televisor.
Durante los cambios, explicarle al niño para qué y por qué se están haciendo, invitarlo a la preparación de alimentos, como si fuera un juego, siempre bajo supervisión de un
adulto, e incluir al colegio en el proceso educativo. 
También es fundamental implementar actividad física diaria, como esparcimiento y no como obligación, y limitar los hábitos sedentarios (computador, TV, videojuegos). Si el problema continúa, pida ayuda profesional, un nutricionista, siquiatra o psicólogo infantil.

Para detectar la ansiedad
Las doctoras Silvana Dadán y Aída Lebbos Saad dan algunas pautas para identificar el problema:
• Cuando de manera frecuente se sirvió la porción recomendada para la edad, se incluyeron alimentos como carne, vegetales, cereales y frutas, y el niño quiere repetir.
• Cuando el niño está comiendo con rapidez y se percata si aún hay alimento preparado para volverlo a pedir. No saborea, disfruta ni mastica bien los alimentos.
• Cuando está pendiente única y exclusivamente de las horas de las comidas, de qué se va a comer, de mirar vitrinas y entrar a sitios de expendio de alimentos.
• Cuando está almorzando y, al mismo tiempo, piensa y pregunta qué van a cenar.

Nunca le prohíba     
Estos son algunos errores frecuentes de los padres que pueden empeorar la ansiedad o generar más problemas en el pequeño:
• Decirle que está gordo.
• Prohibirle absolutamente todos los alimentos que le gustan.
• Dar los alimentos como premio o castigo.
• No explicarle por qué debe limitar su ingesta.
• Reaccionar impulsiva y agresivamente con regaños sin explicación.
• Esconder la comida.
Estas actitudes, dice la doctora Dadán, hacen que el niño se esconda para comer, coma los residuos y restos de los platos de los demás, esconda la comida, saque dinero para comprar en el colegio e intercambie alimentos saludables por golosinas.

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