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Los mitos de la alimentación de los niños

Los mitos de la alimentación de los niños

Desde los tiempos de nuestros abuelos, cuando era común que un niño recibiera alimentos sólidos antes de los seis meses, hasta hoy, cuando existe una amplia

Los mitos de la alimentación de los niños
Por: Diana Bello
Viernes, 27 Septiembre 2013 - 3:57pm
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“Entre más gordo esté el bebé, más salud

“El tetero se debe preparar con agua ca

“El niño necesita una porción grande de

“Hay que adicionarle sal a las sopas, pa

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Desde los tiempos de nuestros abuelos, cuando era común que un niño recibiera alimentos sólidos antes de los seis meses, hasta hoy, cuando existe una amplia variedad de productos para bebés acordes con la edad y con infinidad de especificaciones (con o sin azúcar, con trigo y miel, con o sin gluten, por ejemplo), se ha recorrido un largo camino. Comer sigue siendo todo un arte, pero las reglas del juego han cambiado.

“El entorno familiar se ha modificado sustancialmente, lo cual no genera una red de soporte para inculcar hábitos alimenticios en los menores”, sostiene María Consuelo Tarazona Cote, médica pediatra nutrióloga y magíster en nutrición y alimentos infantiles, de la Universidad de Chile. Para la experta, es un hecho que la ausencia de la mujer en la vida familiar está afectando de muchas formas la nutrición infantil.

En primer lugar, según Tarazona, la educación de los niños con respecto a la comida tradicionalmente ha girado alrededor de la madre, pues es ella quien, con su ejemplo, palabras y actitudes forma expectativas, hábitos y conductas alimenticias. “Ahora ella pasa la mayor parte del tiempo trabajando y delega este proceso a terceros que, culturalmente, tienen principios muy distintos a los padres y no cuentan con las herramientas necesarias para afrontar la industrialización de los alimentos”, asegura.

Y es que en la actualidad el mercado ofrece una serie de productos con componentes artificiales que ya están listos para el consumo, lo cual les facilita la vida a los adultos que constantemente viven contrarreloj tratando de combinar su labor de trabajadores y cuidadores de la mejor manera posible. Estas comidas preparadas, aunque prácticas, no deben ser usadas en exceso y, en ocasiones, ante la falta de control y presencia por parte de las figuras primarias eso es precisamente lo que ocurre. Por otra parte, la participación activa del hombre en el campo laboral y, más recientemente, de la mujer ha hecho que los dos tengan menos tiempo para elaborar los alimentos y/o para controlar la manera en que estos son manipulados. Pero, además, la falta de tiempo incide en que ahora el ambiente alrededor de cada comida familiar no sea tan tranquilo y pausado como lo era antes. “Se ha perdido la disciplina para imponer horarios, y ahora todos comen a cualquier hora y en cualquier lugar (en la calle o al frente del televisor), lo cual ha cambiado el comportamiento del metabolismo”, dice María Tarazona.

Principales cambios

Composición de los alimentos

Antes: lo común era que las compotas, papillas, purés, jugos y demás presentaciones ideales para bebés se hicieran en casa de manera natural y libre de químicos, pues no había mucha disponibilidad de productos industrializados ni era habitual que las personas quisieran comprarlos. Además, era más barato no hacerlo. 

Ahora: por supuesto, aún hay padres que creen en la alimentación natural y que rara vez compran artículos preparados. Sin embargo, dado que existen en abundancia, muchos recurren a estos. “La modernidad ha hecho que la alimentación sea más tóxica, menos saludable y salubre”, añade el doctor Salazar, para qUien los químicos de los alimentos actuales van en detrimento de la salud.

Etapa complementaria

Antes: los bebés de las décadas setenta a noventa consumían casi lo mismo que los de ahora. Sin embargo, debido a la falta de información y conocimiento, era habitual que recibieran alimentos distintos a la leche materna o de fórmula de forma prematura.  

“A un niño de tres meses se le daba agua de la tinta de los fríjoles para el estómago; de canela, manzanilla o arroz. Se trataba de una costumbre muy marcada en las zonas rurales del país, que quizás pudo haber influido en los problemas de migraña, colon irritable y gastritis que hoy padecen algunos adultos. En mi opinión, un pequeño de esa edad no debería recibir nada más que leche, ni siquiera agua pura, a menos que habite en un clima cálido”, asegura Liliana Marcela Torres, nutricionista clínica. Antes consumían compotas de frutas hechas en casa o compradas en el supermercado (más lo primero que lo segundo), pero las de verduras, cereales o  aquellas a base de yogur eran caseras, porque el mercado no las ofrecía. Además, los productos disponibles no estaban separados por etapas (de 0 a 3 meses) sino que abarcaban un rango de edad amplio, como el primer año de vida. En resumen, la oferta era limitada. En cuanto a la manera de introducir cada alimento, antes no existía un esquema tan rígido y organizado para hacerlo. “Es posible que algunos niños estuvieran comiendo de todo a los cinco meses, porque los padres seguían su instinto y les faltaba información. No se perseguía un objetivo específico con la alimentación; si este se provocaba de algo, se lo daban, así no fuera apropiado para su edad“, dice Marcela.

Ahora: aunque no se puede generalizar, porque la manera en que se introducen los alimentos sólidos depende del nivel socioeconómico de cada familia y del lugar en el que se habite (en una ciudad pequeña, grande o en el campo), se ha visto que la etapa complementaria, que comienza cuando la leche de fórmula o natural deja de ser lo único que recibe el bebé, arranca normalmente entre los 4 y 6 meses de edad.

A diferencia de hace unos años, ahora se encuentran alimentos diseñados para bebés y divididos por rangos cortos de edad como, por ejemplo, para niños de 0 a 3 meses, que apenas comienzan a recibir su primera papilla y necesitan que lo que ingieren tenga ciertas especificaciones, o para más de 6 meses que ya pueden consumir alimentos que antes no seíran apropiados.  Se encuentran preparados industriales de cereales, con o sin gluten, con o sin azúcar, con trigo o miel; de una amplia gama de verduras, como espinaca, auyama o zanahoria, y a base de yogur. “Es bueno que existan productos de yogur especiales para bebés, porque antes los padres empleaban uno común y ahora se sabe que la proteína de los lácteos no la pueden digerir fácilmente los menores de 1 año. Hoy, esa proteína viene modificada para no irritar el intestino de los pequeños”, explica Marcela Torres.

Pese a esto, la especialista advierte a los padres que no se debe abusar de este tipo de alimentos, pues la nutrición tiene que ser equilibrada e incluir frutas y verduras naturales. “Las compotas de frutas tienen azúcar, mientras que las de verduras sal, y lo ideal es que un ser humano no consuma ninguno de estos antes de cumplir un año, porque no los necesita. Por eso, no son para todos los días ni superan o reemplazan la comida natural”.

Hoy las madres cuestionan más lo que se les dice, tienen una larga lista de preguntas para el pediatra y elaboran un plan para introducir cada alimento teniendo en cuenta, por ejemplo, que el bebé debe estar expuesto al mismo mínimo tres días para evaluar la tolerancia del organismo y descartar alergias. Además, hay un orden: primero las verduras, luego frutas, después cereales, carnes y carbohidratos. “Lo ideal es que sea el pediatra quien indique cuál es el esquema de alimentación a seguir”, añade Marcela Torres.

Problemas alimenticios

Antes: La verdadera inapetencia es aquella que se diagnostica por un médico luego de evaluar su condición general y determinar que no consume lo que debería. “Muchas madres creen que sus hijos sufren de inapetencia porque no comen lo que ellas desean, pero no se dan cuenta que quizás las porciones no son las más adecuadas”, explica el doctor Mauricio Salazar. Aclarado lo anterior, la inapetencia, según el pediatra y neumólogo, ha existido desde siempre y aún hoy persiste. “Se presenta cuando los niños comienzan a caminar y sus intereses cambian”.

Ahora: Desafortunadamente, hoy en día la inapetencia es el menor de los problemas a los que se enfrentan los infantes. En los últimos años, han aumentado los casos de bebés y niños con sobrepeso y obesidad debido a los malos hábitos, el sedentarismo y el auge de la comida chatarra. “Se trata de una gran epidemia mundial que antes no se veía, porque la alimentación era más sana y balanceada, mientras que ahora los menores viven confinados en apartamentos y no hacen ejercicio. La obesidad es preocupante, porque contribuye con otras problemáticas como la hipertensión arterial, la diabetes o los trastornos metabólicos”.

Motivación

Antes:

• No se organizaban juegos, ni se presentaba la comida de una manera creativa para que el niño se sintiera motivado a comer en la etapa complementaria o cuando se presentaba la inapetencia.• No se le daba importancia al ambiente para que la hora de la comida resultara atractiva.• Culturalmente no se acostumbraba pedirle a un niño que comiera. Lo habitual era recurrir al castigo y a las amenazas cuando se negaba a hacerlo.

Ahora:

• Las madres se sienten más motivadas a la hora de presentar los alimentos.• Recurren al juego y a divertidas presentaciones de verduras y frutas, como el apio o la guayaba, los cuales normalmente no son de sabor agradable para los más pequeños. 

 

 

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