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Nutrición de calidad

Nutrición de calidad

Una experta te cuenta por qué, de la alimentación que le des a tu hijo, depende su futuro.

Nutrición de calidad
Por: Lizeth Salamanca Galvis
23 de Mayo de 2016
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La calidad de la nutrición que un niño reciba desde antes de nacer y durante su primer lustro de vida es determinante para su crecimiento en los niveles físico, cognitivo e incluso social. Por eso, y para ahondar en la importancia de crear hábitos de alimentación saludables en la primera infancia, Abc del bebé habló con la experta María Victoria Benjumea, nutricionista y dietista de la Universidad de Antioquia y Ph. D. en Ciencias de la Salud de la Escuela Nacional de Salud Pública, quien ha liderado investigaciones relacionadas con salud materna y perinatal, seguridad alimentaria y nutricional, y nutrición maternoinfantil, entre otras de interés general.

De los estudios que ha liderado en el plano nutricional, ¿cuáles han sido los principales hallazgos?

El hecho fundamental que condiciona la salud y el estado nutricional de nuestros niños es la duración de la lactancia materna exclusiva; la Organización Mundial de la Salud propone que sean seis meses. En Colombia, según las cifras oficiales, es de apenas 1,8 meses. Esta situación, sumada a la inadecuada introducción de alimentos después del destete y a las condiciones de pobreza, se relaciona con el aumento de la frecuencia de enfermedades infecciosas, anemia y desnutrición en los niños colombianos.

¿Qué factores explican ese ‘destete precoz’?

El primero es la calidad de la atención y la consejería por parte del personal de salud durante el embarazo. No es fácil para una mujer amamantar si no ha recibido una consejería para adoptar buenas técnicas. Así mismo, la cesárea, la ligadura de trompas, el estrés, la ansiedad y la falta de acompañamiento dificultan esas primeras horas, que son muy importantes para que las mujeres ganemos confianza, y amamantemos con tranquilidad y seguridad. Un segundo factor se relaciona con la influencia que las abuelas tienen en la madre durante el inicio, el mantenimiento y la duración de la lactancia materna exclusiva.

El tercer factor se asocia con la presencia de trastornos del estado de ánimo: la depresión y la ansiedad, entre otras alteraciones de la salud mental materna, impiden el inicio y mantenimiento de la lactancia. Diagnosticarlas es necesario, pues de lo contrario ninguna madre en estas condiciones podrá amamantar.

¿Cómo calificaría el estado actual de nutrición de la niñez colombiana? ¿Qué falta por mejorar?

Aunque Colombia ha disminuido la desnutrición crónica en sus menores de cinco años, todavía está lejos de las metas establecidas por los gobiernos. Además, la ausencia de vigilancia nutricional en los programas de alimentación escolar no permite detectar el sobrepeso ni la obesidad en los niños. Esto, sumado al sedentarismo de la población infantil, contribuye al fenómeno actual denominado dualidad de la malnutrición infantil: desnutrición + exceso de peso.

¿Por qué la nutrición en la primera infancia es determinante para el desarrollo del niño? De acuerdo con los expertos en crecimiento y desarrollo, los primeros 1000 días de un ser humano son definitivos para potenciar o no su crecimiento y salud. Esos días se dividen en tres grupos: los 270 días que dura un embarazo, los primeros 365 de vida o el primer año y los 365 del segundo. Nunca un ser humano volverá a crecer o a desarrollarse a la velocidad con la que lo hace en ese periodo. Para dar una idea de esto, un bebé triplica su peso de nacimiento al término del primer año.

Por tanto, la alimentación y el estado nutricional de la embarazada son fundamentales para que se logre que el bebé nazca con un peso mayor o igual que 2500 gramos y una longitud entre 48 y 50 cm, considerados los valores normales.

Después del nacimiento, la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses es primordial y luego una alimentación complementaria adecuada, requerida. En el primer año, el bebé deberá consumir la misma alimentación que el resto de su familia y haber probado todos los alimentos vegetales disponibles en su hogar. Más tarde será difícil que los acepte.

Este primer año es para experimentar sabores, texturas, colores y olores, y la forma en la cual se preparen (sin excesos de azúcar o sal y en su estado natural, sin que todo sea licuado) será crucial para sus hábitos alimentarios. El segundo año es primordial porque el bebé ya camina y con esto empiezan los riesgos: se lleva casi todo a la boca, lo que aumenta el riesgo de infecciones y diarreas, entre otros.

¿Qué incidencia tiene en el resto de su vida la manera como un niño se alimentó en estos primeros mil días?

Todo lo que ocurra esos días será definitivo para su vida adulta. Las enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes mellitus, la enfermedad renal, el cáncer, entre otras, están relacionadas con el peso al nacer y con la forma en la que se alimentó de bebé. A su vez, el rendimiento escolar y, luego, la productividad en la etapa laboral adulta se relacionan con la presencia o no de anemia durante la niñez. Por ello, su control y erradicación son fundamentales, porque los daños que la anemia produce en el joven cerebro son irreversibles. (Puedes leer: ¿Cuándo introducir nuevos alimentos en la dieta del bebé?)

¿Cuál es nuestra ‘cultura alimentaria’ en la crianza, en la gestación y en la lactancia?, ¿cómo está Colombia en nutrición en la primera infancia?

De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional (ENSIN) del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, alrededor del 80 por ciento de las embarazadas colombianas no consume diariamente verduras y casi la mitad no come frutas por lo menos una vez al día.

También, más de la mitad de las embarazadas no toma leche a diario, que es importante por su aporte de calcio y sin la cual la formación de los huesos del feto no se puede dar con calidad. Ahora bien, la ENSIN mostró que la nutrición durante la primera infancia en Colombia deja mucho que desear.

Por ejemplo, en cuanto a los niños mayores de dos años, solo el 50,9 por ciento consume frutas y verduras diariamente; el 68 por ciento toma leche o yogurt, o come porciones de queso al día, y el 82,4 por ciento, cereales como fuente de energía y de proteínas. Sumado a esto, el destete precoz, una alimentación de mala calidad y el sedentarismo explican en parte la malnutrición que se presenta durante la infancia.

Además, más de trece de cada cien niños colombianos tienen baja estatura para la edad (desnutrición crónica) y más de cinco de cada cien tienen exceso de peso (sobrepeso u obesidad). Los más afectados son los niños en contraste con las niñas. (Te puede interesar: Consejos para introducir la alimentación complementaria del bebé)

¿Cómo debe ser esa nutrición en la primera infancia?, ¿qué consejos y recomendaciones les da a los padres?

Dos elementos deben tenerse en cuenta en la alimentación durante la infancia: la calidad y la cantidad. La primera se relaciona con la variedad de alimentos suministrados a un niño; de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, para evaluar la calidad se deben tener en cuenta cuántos grupos de alimentos consume una persona u hogar por día; por ejemplo, cuando se consumen tres grupos o menos se califica la variedad de la dieta como baja; cuando el consumo está entre 4 y 5 grupos, se califica como media, y con 6 o más grupos la calificación es alta.

Los grupos que deben consumirse para lograr una buena calidad de la alimentación son, en su orden (por la cantidad en la dieta): cereales, raíces, tubérculos y plátanos; hortalizas, verduras y leguminosas verdes; frutas; carnes, huevos, vísceras, leguminosas secas y mezclas vegetales; lácteos (sin mantequilla); grasas, y azúcares y dulces.

La cantidad de alimentos dependerá de la edad del niño. En la medida que esta aumenta, se incrementarán los requerimientos de energía por día y, a su vez, el número y la cantidad de los alimentos.

¿Qué errores cometen los padres y cuidadores a la hora de alimentar a los niños?, ¿qué se debe evitar?

La obesidad infantil está relacionada con el consumo de alimentos y bebidas denominados ultraprocesados, y con el de comidas rápidas. ¿Cuáles son estos alimentos? Aquellos que tienen una calidad nutricional mala o muy mala y que generalmente son muy sabrosos y en ocasiones hasta adictivos. Entre estos aparecen los ‘snacks’ empaquetados, salados o dulces; los helados, chocolates y caramelos; los productos de panadería como panes, galletas, pasteles y tortas empaquetados; los cereales endulzados para el desayuno, las barras “energizantes”, y las bebidas gaseosas o azucaradas a base de leche, entre otros.

A su vez, hoy día es muy común consumir productos ultraprocesados listos para calentar o comer, tanto en la casa como en los locales de comida rápida. En estos alimentos se incluyen los platos preparados de carne, pescados y mariscos, vegetales o queso; las pizzas, hamburguesas y perros calientes; las papas fritas; los ‘nuggets’ de ave o pescado, y las sopas, pastas y postres en polvo o envasados.

Estos tienen un alto contenido calórico y bajo valor nutricional (los nutricionistas los denominamos “alimentos con calorías vacías”): son grasosos, salados o azucarados, y bajos en fibra alimentaria, proteínas y micronutrientes. A menudo tienen un alto contenido de grasas saturadas o grasas trans, así como una carga glucémica alta. 

 

 

 

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