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Verdades sobre la 'comida chatarra', orgánica, los embutidos y el gluten

Verdades sobre la 'comida chatarra', orgánica, los embutidos y el gluten

Expertos hablan sobre cada uno de estos alimentos y su toxicidad.

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Por: Diana Bello*
26 de Diciembre de 2012
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No son tan malos como los ‘pintan’, parece ser la mejor frase para definir los efectos de la comida llamada ‘basura’ y de los embutidos en la dieta de los niños. La verdad, según los expertos, es que consumidos de vez en cuando, en reuniones o fiestas infantiles, no son un problema. Mientras no se conviertan en la base nutricional de los niños ni en el día a día de su dieta, no hay de qué preocuparse. Además, deben estar incluidos en una dieta equilibrada y completa para que no hagan daño. No se deben proporcionar como premio o castigo, y sí moderar y limitar su consumo.

 

Por otro lado, no están comprobados todos los beneficios que se les atribuyen a los productos orgánicos. ¿Qué es cierto de todo esto y qué no? Responden los expertos.

 

La ‘chatarra’ o ‘basura’

 

Para Claudia Angarita Gómez, nutricionista y directora del Centro Colombiano de Nutrición Integral (Cecni), el término ‘chatarra’ no corresponde del todo con la realidad. “Esta palabra califica un alimento como inservible, dañino y nocivo para la salud, y ninguno tiene ese efecto. Lo que hace que sea o no saludable es cómo se consuma”, afirma.

 

De manera general, se le asigna a la comida este calificativo cuando tiene un alto contenido de calorías, exceso de grasa saturada y azúcar, conservantes y aditivos químicos, componentes que no son apropiados para los niños. Pese a esto, no todas las hamburguesas, pizzas, perros calientes y demás alimentos que suelen ser considerados como ‘basura’ lo son por la forma como se preparan. También desempeñan un papel importante las cantidades y la frecuencia con que se consumen. 

 

Por eso, en el caso de los niños, quienes necesitan mantener una dieta equilibrada y completa, en la que se incluyan todos los nutrientes básicos y se disminuyan aquellos que pueden llegar a ser perjudiciales, cocinarles lo que más les gusta en casa en lugar de llevarlos a un establecimiento de comidas rápidas puede ser una sabia decisión.

 

Según la nutricionista y dietista Adriana Amaya Camargo, una hamburguesa de carne magra de 150 gramos, con tomate, lechuga, una pequeña adición de salsas y elaborada en aceite vegetal puede llegar a tener alrededor de 300 calorías, y es una alternativa saludable pues incluye un carbohidrato y proteínas animales y vegetales.

 

Entre tanto, una comprada en un restaurante tendría de 650 a 700 calorías. “En dichos lugares suelen reutilizar el aceite, lo cual repercute en la absorción de grasa saturada en el organismo, que es poco saludable, contrario a la polinsaturada, la más recomendada de todas las grasas”, comenta la especialista. Además, quienes ingieren este tipo de comidas suelen acompañarlas con bebidas azucaradas que incrementan el consumo calórico.

Así las cosas, aunque los alimentos considerados ‘chatarra’ hacen parte de la socialización de un niño, es importante que no sean la base de su alimentación.  

 

Embutidos

 

Se les llama así a aquellos productos que son elaborados con cortes de pollo, cerdo o res, e introducidos en la piel del animal, como chorizo, jamón, salami y morcilla, entre otros. Los hay de variadas clases: con recortes grasos de la carne, soya y sales, como nitritos, los cuales contienen gran cantidad de grasa trans y saturada; y también los hay 96 por ciento libres de grasa, ricos en proteínas y sin preservativos.

 

De acuerdo con Adriana Amaya, hoy los embutidos han sufrido una serie de cambios favorables en su almacenamiento y procesamiento. “Existe una ley de etiquetado y rotulado (333 del 2011, del Ministerio de la Protección Social) bajo la cual deben regirse los fabricantes. El consumidor está en la obligación de aprender a leer las etiquetas de nutrición para saber cuáles son bajos en sodio, grasa saturada y colesterol”, añade Amaya.

 

En términos generales, cada porción no debe tener más de 7 gramos de grasa, ser rico en fibra (más de 2,5 gramos), tener menos de 1% de grasa trans, menos de 140 miligramos de sal y estar libres de colesterol.

 

“Es necesario escoger complementos saludables al momento de cocinarlos, como el aceite vegetal que no contiene colesterol ni grasa trans o saturada, en lugar de manteca”, señala Claudia Angarita. También es importante comprarlos en sitios de confianza, como frigoríficos o supermercados, pues los primeros cuentan con certificados especiales que garantizan su calidad.

 

“En las tiendas muchas veces se venden embutidos que no son empacados al vacío, ni tienen fecha de elaboración y vencimiento o tabla nutricional, información esencial para saber su procedencia”, añade Claudia.

 

Aquellos elaborados con desperdicios no son recomendados. En cuanto a la frecuencia de consumo, en el caso de los niños no se aconseja que sea más de dos veces a la semana y no antes de los 2 años de vida.

 

“Después se les puede proporcionar esporádicamente, preferible de pollo y de marcas reconocidas”, dice Amaya, y agrega que pueden incluirse en un refrigerio, o como base de proteína de una de las comidas, una vez al día.      

 

Colorantes artificiales y conservantes

 

Se trata de sustancias que se agregan intencionalmente a los alimentos y las bebidas para mejorar su apariencia o prolongar el tiempo de conservación. Se encuentran principalmente en la comida ‘chatarra’, en algunos jugos y paquetes y en una gran cantidad de embutidos, aunque en la actualidad algunos no los contienen.

 

Hay que aclarar, sin embargo, que colorantes y conservantes no son lo mismo. Los primeros pueden ser de origen natural o artificial, y se usan esencialmente para dar color a los alimentos o hacerlos más agradables a la vista. Los de tipo artificial, de acuerdo con Clara Rojas, nutricionista clínica infantil, pueden
generar problemas alérgicos o intolerancias alimenticias en los niños.

 

Por esta razón, la experta aconseja no incluirlos habitualmente en la dieta de los menores de 6 años y suprimir su uso en pequeños menores de un año. “En lo posible hay que tratar de no hacerlo durante las etapas de crecimiento, y mucho menos en el momento de la alimentación complementaria cuando ni siquiera se les debería dar sal”, aclara. En cuanto a los conservantes, sustancias que aumentan el tiempo de duración de la comida, es prudente evitar su consumo, especialmente los que están hechos a base de nitrito, los cuales contienen gran cantidad de sodio y pueden llegar a ser perjudiciales para la salud de los más pequeños. Antes de un año no se recomienda su ingesta en ningún momento. “Las carnes procesadas y los embutidos suelen ser los que más conservantes tienen”, sostiene Clara Rojas, para quien la alimentación natural es la mejor.

 

Para identificar si un producto contiene o no conservantes y colorantes, hay que leer la etiqueta nutricional. En ocasiones, al respaldo se puede ver un aviso que dice ‘no contiene conservantes artificiales’.

 

Gluten

 

Se obtiene en cuatro cereales: el trigo, la avena, la cebada y el centeno. La gluteína, proteína que compone estos cuatro alimentos, a veces no la absorbe correctamente el organismo, lo cual genera alergias en algunos pequeños. Quienes padecen esta situación presentan problemas respiratorios frecuentes, diarreas, alteraciones en la piel y, en casos extremos, incluso retrasos
en el crecimiento.

 

Si esto sucede, los padres deben consultar con el pediatra qué hacer y cómo continuar con la alimentación.

 

Para los prescolares y escolares, estos cereales son importantes en la producción de energía. La avena, por ejemplo, es un excelente cereal porque su alto contenido de fibra es muy útil para el tránsito del intestino y la absorción de grasas en el mismo. El trigo, por su parte, el cual está presente en casi todos los productos de panadería, puede incluirse en el desayuno y en los refrigerios mientras haga parte de una dieta balanceada en la que se ingieran, por ejemplo, muchas frutas. Si es integral trae mayores beneficios para la salud. En caso de intolerancia, se puede reemplazar por harina de maíz, arroz o yuca.

 

Comida orgánica

 

Se refiere a aquellos alimentos que han sido cultivados o alimentados sin preservativos, fungicidas, pesticidas y hormonas, como en el caso del pollo. Para que el consumidor pueda identificar si lo que está ingiriendo es orgánico o no, la etiqueta debe especificar que se trata de un producto ecológico que no contiene aditivos.

 

Según la experta, la comida que ha sido sometida a procesos químicos, es decir, la que no es orgánica, puede llegar a perder nutrientes o quedar con restos de fungicidas, como pasa con las fresas, el tomate, la zanahoria o la papa. “Son bañados en dicha sustancia para evitar que se dañen o sean atacados por algunas plagas, aunque algunas veces esta es nociva para la salud”, sostiene.

 

Amaya advierte que el uso exagerado de fungicidas se ha asociado, por ejemplo, con la aparición de algunos cánceres. Lo anterior no significa que se deba descalificar todo aquello que no sea orgánico porque, entre otras cosas, aún no se ha documentado en qué cantidades pueden producir un daño en la salud los conservantes artificiales.

 

Por eso, la alimentación libre de químicos puede ser una buena alternativa para los niños, siempre y cuando haya un equilibrio en las creencias de los padres y no se recurra a hábitos extremistas que puedan perjudicar su socialización. “Hay que tener un balance en las elecciones alimenticias para evitar que sean demasiado selectivos o miedosos a la hora de comer o sufran de inapetencia. En la infancia, la comida debe ser variada y placentera, y cuando es 100 por ciento orgánica el sistema de defensas puede alterarse”, añade.

 

Una opinión similar comparte Adriana Amaya, para quien si los adultos tienen la posibilidad de solo brindarles frutas y verduras orgánicas, pueden hacerlo siempre y cuando se aseguren de que reciban todos los nutrientes básicos para su crecimiento y desarrollo, como el hierro y las vitaminas, entre las que se destaca la B12. “Más allá de si un alimento es orgánico o no, es aconsejable elegir carnes que sean magras, no tengan piel y nuevamente leer la información nutricional de los productos. El mercado de la agroindustria ecológica apenas está desarrollándose en Colombia y no hay estudios significativos que muestren una diferencia importante entre quienes se alimentan de esta manera frente a quienes no lo hacen. No obstante, considero que con el tiempo se podrá obtener un beneficio de disminuir el consumo de preservativos”, puntualiza. 

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