¿Alguna vez un extraño le ha preguntado si su nacimiento fue por parto vaginal o por cesárea? Seguramente no, y si así ha sido, es una pregunta bastante extraña. ¿No cree?
Según especialistas consultados por ABC del bebé, con la misma extrañeza debe mirarse a quienes preguntan sobre la condición de un pequeño adoptado porque “un niño fue adoptado, pero no es adoptado. Eso hace parte de su identidad, pero no es toda su identidad”, explica Liliana Mejía, psicóloga de la Fundación Pisingos.
Eso ya lo entendió usted, ahora explíqueselo a un niño. Cuando en casa hay pequeños, biológicos y adoptados, esta información suele ser un arma de doble filo con la que rivalizan y ganan peleas. ¿Cómo mediar en estas discusiones?
La mejor manera, según María Cristina Buitrago, psicóloga de la Fundación Cran, es revelarles a todos los hijos la verdad sobre la adopción y ser enfáticos en que sus nacimientos fueron igualmente deseados. “Hay que explicarles –cuenta Buitrago– que quien llega es un hermano, por una vía diferente a la que él llegó, pero un hermano que va a tener el mismo nivel de amor y las mismas condiciones que él ha tenido”.
Cuando los hermanos tienen cinco años o más, se aconseja vincularlos en el proceso de la adopción, llevándolos a las reuniones e ir en su compañía cuando reciban al hijo adoptado. También se recomienda involucrarlos al comprar la cuna, la ropa y cuando se arregle la casa para su llegada.
Para Mejía, entre más claro se hable con los hijos, es más probable que el hermano biológico, quien es el que usualmente ha pedido el hermanito, asuma una postura protectora y no de rival.
Según resultados observados en el Cran, durante los seguimientos a las adopciones “nos hemos encontrado con que no hay diferencias entre los niños biológicos y los adoptados porque los padres han entendido, y así se lo han transmitido a sus hijos, que son una familia sobre todas las cosas”.
Natalia Salamanca
Para ABC del bebé



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