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Natalia Durán habla de su embarazo adolescente, la soltería y la maternidad

Natalia Durán habla de su embarazo adolescente, la soltería y la maternidad

Afirma que se siente muy orgullosa de ser madre de tres hijos.

Natalia Durán habla de su embarazo adolescente, la soltería y la maternidad
Por: Karen Johana Sánchez
22 de Septiembre de 2011
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La actriz, modelo y cantante afirma que, aún siendo tan joven, se siente muy orgullosa de ser madre de tres hijos.

  

Parece que doblara su edad. Obviamente no por su físico, sino por la madurez con que ha tenido que experimentar su vida. A sus 27 años, Natalia Durán no solo es madre de Mía, Nina y Dante, sino que es actriz, modelo y cantante.


Tenía 18 años cuando quedó embarazada de su primer esposo, el actor, modelo y músico Juan Pablo Durán. A raíz de la noticia, inesperada pero llena de felicidad, se fueron a vivir juntos.


“Fue un gran reto: adolescente, esposa y mamá al mismo tiempo. Empecé con todo. Mía, mi primera hija, fue una sorpresa; estábamos muy jóvenes, pero nuestros padres nos apoyaron y la noticia fue bien recibida. Igual, yo tenía claro que quería tener hijos”, cuenta la actriz.


El primer embarazo fue largo y tedioso. Natalia sufrió los malestares durante los nueve meses; mareo, náuseas y vómito fueron el común denominador. Y, aunque la felicidad del nacimiento de Mía fue inexplicable, la modelo confiesa que sufrió de depresión posparto: “No sé si influyó la edad y el hecho de que mi mamá muriera cuando yo era una niña, pero la situación es dura: a los 18 años, sin mamá y con el primer hijo. Estaba muy contenta, pero pagué la primiparada con toda”.


Al poco tiempo, Natalia quedó de nuevo encinta. Tenía claro que quería tener pronto una compañera para su hija, y fue cuando llegó Nina a su vida. Un embarazo mucho más tranquilo y rápido.


No obstante, fue una época de sacrificios, trasnochadas y angustias, pues la pequeña nació antes de tiempo, y además de criar y cuidar a su primera hija, debía ir diariamente a la clínica para supervisar el crecimiento y desarrollo de la segunda, pues tuvo todas las dificultades propias de un bebé prematuro.


Lo único horrible de tener hijos es que se enfermen, que les pase algo –dice Natalia–. “Toda la mañana estaba con Mía, quien tenía 1 año, y como Nina estaba hospitalizada, iba a la clínica después de mediodía”.


Fue un momento que llenó a Natalia de fortaleza y que la hizo madurar: “Entendí mis prioridades; que lo que más quería en la vida son mis hijos, y que muchas veces hay que sacrificarse para que ellos estén bien”.


Fue una crianza casi simultánea. Cambiar doble pañal, alistar doble tetero y dormir a dos bebés no fue tarea fácil. Pero la actriz dice que el mejor regalo que pudo haberles dado fue tenerse la una a la otra.


Natalia monitoreaba cada respiro, llanto e incomodidad de Nina. Aunque Mía estaba muy pequeña, se convirtió en su mano derecha: “Ella se volvió muy madura; desde muy bebé sintió que me tenía que ayudar. Es la adulta de la casa; nos regaña y nos aconseja”.


Dedicó un año exclusivo a cuidarlas.  Cuenta que después comenzó a trabajar, y a veces solía llevarlas a sus compromisos laborales.

 

Nuevo hijo en casa...
Después de vivir juntos seis años, Natalia y Juan Pablo se separaron. Aunque no es fácil, la modelo cuenta que asumió el momento con naturalidad y tranquilidad: “Es normal que una relación no funcione. Nos casamos a los 18 años, entonces obviamente era muy difícil que la relación perdurara. Nosotros siempre hablamos pensando en las niñas; Juan Pablo es y siempre será su papá”.


A pesar de ser feliz con sus dos pequeñas, le entró la curiosidad por adoptar a un niño. Sin embargo, su situación civil no le ayudaba y la idea se empezó a esfumar.


Más tarde conoció a Álvaro Gilibert, el papá de Dante, su tercer hijo. “Cuando me enteré de que era niño, me puse feliz. Fue un embarazo relajadísimo; tenía 25 años y me puse supercontenta. Rompí todas las reglas. Por ejemplo, no podía comer sushi, y lo hice porque vivía antojada. Me sentía supersegura, y Dante nació saludable y grande”, cuenta.


Pero lo que más recuerda de esta época es un amanecer, al día siguiente de que nació el niño, con el cielo claro, su pequeño en sus brazos y su esposo a su lado: “Fue un momento de paz increíble”.


Dante es el único hombre en casa. Además de su mamá y sus hermanas, vive con dos niñeras: “Daniela y Edilma hacen parte fundamental de mi vida y estoy muy agradecida por eso; sin su ayuda, no podría hacer nada”.


Cuando sus ocupaciones se lo permiten, la actriz se levanta temprano, trata de bañarlos y llevar a las niñas a la ruta. Trabaja todo el día, pero si logra llegar a la hora del almuerzo, acompaña a Dante, y espera a Mía y a Nina para hacer tareas juntas.  De lo contrario, no solo las niñeras son su mano derecha. Natalia confiesa que, aunque trata de no ‘cargar’ a Mauricio, su padre, y a María José, su madrastra –quien es como su mamá–, cuando tiene demasiada ocupaciones, ellos son quienes están pendientes de sus nietos.


“Como mi papá es crítico de cine, los lleva a ver películas. O salen con ella, por ejemplo, a hacer tai-chi”, cuenta.

 

En la modernidad
Un niño siempre es sinónimo de felicidad y alegría, nazca en las circunstancias que sea, afirma Natalia respecto a la experiencia de ser madre adolescente: “Es difícil, porque es una situación que no vas a vivir igual como cuando eres adulto, pero la vida de un niño no es sinónimo de tragedia. Hay que asumirlo con madurez y amor. Al final, todo el mundo se derrite con un bebé”.


Incluso, piensa que ser mamá joven es lo máximo. Se siente más cercana a la realidad y a los puntos de vista de sus pequeños: “Ellos han tenido que madurar conmigo, y seguramente no habrían sido quienes son si yo los hubiera tenido a los 30 años. Son especiales por nacer en donde nacieron, cómo y en el momento que debieron nacer. Aparte, puedo disfrutar de ellos; tengo 27 años y estoy feliz de la vida. Por ejemplo, me siento muy bien de ver a mis hijas grandes y de poder hablar con ellas, como hablo con un adulto”.


Aunque ser madre soltera es una tarea difícil, ella dice que cree ciegamente en el poder femenino. “¿Sexo débil? No. Conozco la realidad de mujeres que hacen de papás y mamás, y mantienen a sus hijos. La mujer es la que cría al ser humano del futuro.Obviamente, hubiera querido tener mi familia completa, pero las condiciones cambian y ahora muchas parejas no funcionan”.


En cuanto a cómo dedicarles tiempo a los niños en la actualidad, cuando los padres trabajan continuamente, ella dice que la sociedad debe sensibilizarse frente a las necesidades de los pequeños, y opina que “en esta ciudad no se tienen en cuenta a los niños y toca adaptarse a eso. Muchas veces se quedan abandonados, cuando son el futuro de la sociedad. He tenido la fortuna de que en mi trabajo entienden que hay cosas importantes que no negocio, como las cosas importantes de mis hijos”, señala.

 

Diversión y unión
Natalia confiesa que se siente como una niña grande: “Con mis hijos, molestamos todo el día. En el carro, hacemos coreografías. Bailamos, nos disfrazamos, vemos películas, nos encanta salir de  picnic los domingos o irnos de viaje. Me gusta esquiar, y ellos comparten eso conmigo”.


Dice que la mejor actividad que los padres pueden compartir con sus hijos es el juego. El primer paso es encontrar dinámicas que sean divertidas para el padre y compartirlas con su pequeño: “los niños se ‘engoman’ con lo que uno les proponga”.

 

¿Qué piensas de tu mamá?
Mía, 8 años. Es buena conmigo; me gusta salir con ella, ir de camping, al spa.
A veces, la acompañamos al trabajo y me gusta verla actuar. Cuando grande, quiero ser actriz, modelo, bailarina, veterinaria, equilibrista (en el circo) y cantante.

Nina, 7 años. Me gusta salir con ella y jugar. Cuando crezca, quiero ser cantante.
Dante, 2 años. Me gusta jugar carros con ella en las maquinitas.

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