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Top 10 de lo que debes saber para ser un buen padre

Top 10 de lo que debes saber para ser un buen padre

Ejemplo, cuidado y respeto hacen de este un proceso amoroso y de aprendizaje.

Top 10 de lo que debes saber para ser un buen padre
Por: Catalina Gallo, especial para ABC del Bebé
29 de Septiembre de 2016
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Para conmemorar nuestra primera década de historia y circulación, la revista ABC del Bebé realizó un especial con 10 TOP, en los que te contamos, enseñamos y recordamos, los aspectos más importantes en la crianza, el desarrollo y salud de tu hijo en sus primeros 10 años. Un especial que no te puedes perder. Acá te dejamos uno de esos Top que te será muy útil.

No olvides que la información completa la encuentras en la edición 114 que está en circulación y que puedes encontrar en todos los almacenes de cadena del país, en los puntos de venta de EL TIEMPO y sitios especializados en revistas.

1.- Ama a tus hijos como son

Uno de los grandes retos para los padres es dejar que la esencia de sus hijos salga a flote. No es una tarea fácil, porque para lograrlo es necesario equilibrar la educación que se les quiere brindar con la libertad individual.

Sin embargo, puedes comenzar dejándolos manifestar sus sentimientos y respetar esa expresión, permitirles mostrar sus gustos y valorarlos como algo propio e individual. Jamás esperes que tus hijos sean lo que tú como padre o madre deseas, y respeta y amar lo que ellos son en esencia.

No los obligues a cargar con tus frustraciones. Debes aceptar que elijan el futuro de su vida, que tengan sus propios sueños e ideales. Permíteles desarrollar su mirada del mundo y dejarlos explorar la vida de acuerdo con sus intereses. No trates de cambiar la esencia de tus hijos, y más bien dales herramientas para que la desarrollen. Si tú los amas como son, ellos también se amarán a sí mismos.

2.- Háblales con amor

La forma en que hables a tus hijos les enseñará cómo habar consigo mismos, es decir, les creará una voz interna con la que se evaluarán y se medirán en el futuro; por ello es importante que les hables con amor y uses una voz tranquila y suave.

Los gritos afectan la autoestima de los niños y los maltratan. Siempre es posible corregir y enseñar con buenas palabras, sin insultos, groserías, ofensas ni menospreciándolo por lo que hace. El punto está en separar la acción de un hijo de su personalidad.

Un niño puede hacer una tontería, pero no por eso es tonto. Jamás les digas que son brutos, incapaces, ineptos, malos hijos o malas personas. Diles que han actuado mal y enséñales cómo se hacen las cosas correctamente. Así también exalta sus logros y acciones acertadas y diles todas las veces que puedas, que los amas y que siempre podrán contar contigo.

3.- Juega con ellos

El juego es la actividad más importante con la cual el niño descubre el mundo, reconoce y expresa sus sentimientos, aprende, se divierte y entiende la vida. Cuando juegas con tus hijos, también les estás diciendo que la vida tiene sentido, les enseñas que jugar tiene sentido y estás compartiendo con ellos uno de los momentos más importantes del día.

Cuando juegan juntos, ellos sienten que los amas. Así como para ti el trabajo es la manera como te ocupas en tu cotidianidad, porque es lo que te gusta hacer y quieres compartir con tu familia tus logros y expectativas, ellos desean disfrutar sus momentos de diversión contigo. Llévalos al parque, inventa mundos, arma casas con cajas de cartón, lean cuentos juntos, salgan a correr, tomen el té con las muñecas, preparen galletas, despiértalos con muchas risas y has que sus días sean lo más felices y divertidos posibles.

4.- Acarícialos y abrázalos

Los recién nacidos necesitan el contacto con la piel para sentir que no están solos en el mundo, pero con el paso de los años nos olvidamos de expresar con un abrazo o una caricia el amor por nuestros hijos.

Las caricias contribuyen a construir la autoestima del niño, lo hacen sentirse importante y atendido cuando lo necesita, lo que les permitirá establecer mejores relaciones cuando sea adulto. Además, le facilitarán establecer vínculos o apegos emocionales más estables.

Por medio de las caricias, el cerebro libera las hormonas del cariño, afecto y de la capacidad de transmitir las emociones a los demás, una liberación que también combate los efectos del estrés.

Igualmente, las caricias de las madres en la niñez, podrían ayudar a los niños a resistirse al consumo de sustancias adictivas en su adultez, según un estudio de la Universidad de Adelaida (Australia) y de Duke (EE. UU.).

5.- No trates de ser perfecto

Ningún papá se las sabe todas, ni siquiera si es el más experto en infancia o el educador con todos los premios. La paternidad y la maternidad pueden llevarte a descubrir aspectos que no conocías de ti, emociones que no habías estrenado, y actitudes nuevas y sorprendentes.

También puede llevarte a cuestionarte sobre tu forma de ver la vida y la manera como te educaron. Todo esto hace parte del crecimiento y del proceso de educar y criar hijos; por eso es importante que te permitas equivocarte, que no te juzgues tan duro por un error, que no creas que has arruinado la vida de tus hijos porque un día estuviste de muy mal genio o te quedaste dormido sin darle el beso de buenas noches. Déjate guiar también por tu instinto y tu corazón, no solo por el deber ser y lo que crees que puede ser perfecto. En resumen, permite que tus hijos te enseñen.

6.- Ríete con ellos

Lo mejor que puedes hacer como padre o madre es ser feliz mientras cuidas de tus hijos; es importante que asumas una actitud abierta ante la vida, en la que estés dispuesto a dejarte llevar por la sorpresa y el encanto.

Sé feliz con ellos, ríete, gózate sus imprudencias, sus embarradas, su mugre, su juego. Piensa que no todo es tan serio, que el amor también es gozo y diversión: no por ser feliz dejarás de enseñar o de ser autoridad para tus hijos.

Y ríete de ti, de tus “primiparadas”, de tus torpezas como padre o madre, conversa con ellos, disfruta sus descubrimientos y déjate llevar por el amor y el buen sentido del humor. Cuando les enseñas a tus hijos a reír, no solo tú eres feliz, también les estás entregando una herramienta muy útil para todos los momentos de su vida.

7.- Cuida su cuerpo con respeto

El cuidado de la salud de tu hijo mientras que él sea niño está en tus manos y el buen trato que le des a su cuerpo será el ejemplo para que él, cuando sea adulto, se cuide a sí mismo.

Cumple las citas médicas, atiende las recomendaciones de los profesionales y sigue el programa de vacunas. Consulta al odontólogo. Cuando bañes a tu hijo y lo limpies, hazlo con amor y respeto, no le digas malas palabras, no lo menosprecies, ni le compares. Jamás lo avergüences por ser como es y nunca lo expongas en público a situaciones que no desee.

Lávale los dientes con suavidad. Enséñale que él es el único dueño de su cuerpo y que nadie más puede ni debe tocarlo sin su permiso. Déjalo sentir texturas con sus manos y su piel, que se unte de pintura, que juegue con la tierra y en la arena. Ello le permite descubrir el mundo y conocerse a sí mismo; después de jugar, has que se bañe, pero todo díselo con amor y sin regañarlo.

8.- Aliméntalos con cariño

La comida es un vínculo de amor, es mucho más que el simple hecho de llenar un vacío de hambre. Desde que amamantas a tu bebé, descubres que el momento de alimentarlo es muy importante. Mientras que él toma su leche, siente tu piel y tu cuidado; de la misma manera, cuando crece, el momento de la alimentación debe ser atendido con cariño para su buen desarrollo físico y emocional.

Organiza menús balanceados, acordes con la edad de tus hijos y comparte con ellos los momentos de la comida mientras que estén dentro de tu horario. Procura desayunar en su compañía o cenar, disfruten esos momentos y vigila que se alimenten bien.

Si les creas buenos hábitos alimenticios desde niños, te lo agradecerán toda la vida. Recuerda que estos hábitos no se reducen a comer frutas y verduras, también implican enseñarles que la alimentación es importante, que es un momento para compartir con los demás y que se debe hacer y destinar el tiempo necesario.

9.- Fíjales límites

Los niños necesitan sentirse seguros y esa seguridad, además del amor del padre y de la madre, de su cuidado físico con la alimentación y la salud, está dada por los límites con los cuales se mueve en la vida.

Imagina que tus hijos están de pie frente al mar y les dices que se lancen al agua: tal vez sientan mucho miedo porque solo ven el infinito y no tienen un punto de llegada; en cambio, si los pones de pie frente a un lago y les dices que su meta está al otro lado, probablemente se sentirán más seguros de iniciar la proeza.

Algo similar sucede con las normas básicas de la vida: estas les dan seguridad porque les señalan bajo qué parámetros se pueden mover. No se trata de llenarles la vida de normas, sino de fijar las básicas para la convivencia como el respeto, los horarios y tareas, la expresión de amor y las que sean fundamentales para los padres. Lo importante es ser firmes y hacerlas cumplir.

10.- Respeta su desarrollo

Cada niño tiene su ritmo de crecimiento, enmarcado en unos parámetros generales; es bueno que respetes el proceso de tus hijos y la edad en la que se encuentran. No le pidas que a los dos años haga lo que haría un pequeño de 5, no los presiones para que crezcan más rápido de lo que deben, tampoco los trates como bebés cuando ya pueden hacer tareas por sí solos.

Déjalos ir a su velocidad, descubrir la vida a su medida. No los obligues a aprender a sumar y restar cuando todavía no están listos o no sea una prioridad, tampoco te preocupes porque hablen varios idiomas cuando lo que más necesitan es jugar y no les pidas que caminen cuando hasta ahora están listos para gatear.

Es muy importante que los niños vivan todas sus etapas, y en cada una de ellas aprendan algo de sí mismos y de los demás. Esto les permite crecer con equilibrio físico y emocional. No los compares con los demás, no te preocupes por lo que hacen los hijos de los demás y no los tuyos, pues cada ser humano es único y merece ser amado por lo que es.

 

 

 

 

 

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