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Ante todo, somos pareja

Ante todo, somos pareja

Por la llegada de un hijo, la pareja de no debe dejar a un lado la comunicación, la ternura...

Ante todo, somos pareja
Por: Karen Johana Sánchez
02 de Mayo de 2016
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Llega el bebé y es cierto que la realidad se transforma, pero no puedes dejar atrás todo lo que has vivido con quien compartes ser padre o madre. Aunque la relación de pareja tiene varias etapas y tener un hijo significa el paso de una a otra, no hay que olvidar el origen del hogar: papá y mamá.

Para Ingrid Gómez, psicóloga de relaciones y creadora de Prosperlove, cuando no ha nacido el bebé no son muchos los cambios; de hecho, “el hombre y la mujer se conectan más: la mayoría de parejas “se quiere más, es más amorosa, hay más protección y ternura, el esposo ve a la esposa divina y la mujer se siente protegida por el hombre. El miedo está en el cuidado y futuro del bebé”. (Te puede interesar: Separación & embarazo: estados posibles)

No obstante, hay circunstancias en torno a esa nueva fase que dependen de otros factores y no necesariamente de un primogénito. Por ejemplo, de si los padres comunican entre sí lo que les pasa o de si, por el contrario, guardan y acumulan sus sentimientos; también de cómo expresan sus emociones, cuáles son sus propias historias y la manera como ven la vida.

Las reacciones de la pareja frente al embarazo son variadas, lo que quiere decir que no hay un patrón y que a veces dependen de cómo fue concebido el niño. Si es un hijo planeado, evidentemente llegan la felicidad y una conexión muy profunda, en la mayoría de los casos. Si no lo es y ambos se sienten felices con la noticia, habrá temores aunque pronto recuperarán la armonía; otros no se sienten preparados y no lo aceptan con felicidad, aunque son un porcentaje muy bajo.

También, los cambios que enfrentan las mujeres son diferentes a los de los hombres: para ellas es más clara la transformación física y hormonal. En los hombres, pese a que es diferente, también es común sentir compasión, miedo, inseguridad, curiosidad o incertidumbre. Algunos se vuelven muy cuidadosos y proteccionistas.

Aunque, en general, las parejas pueden acoplarse a la nueva vida que conlleva el embarazo, es importante comunicarse, expresar las emociones y los malestares, brindar ayuda, consentir al otro, y basarse en el amor y la fe: “hay que quitarnos el miedo, ya sea con oraciones o hablando con gente con experiencias positivas. Y si están muy nerviosos, buscar ayuda terapéutica”, dice Ingrid Gómez. (Puedes leer: ¿Cuál es el momento adecuado para tener un hijo?)

Si la mujer tiene cambios emocionales, es bueno que el hombre la apoye y entienda, pero con límites y sin entrar en el capricho o la terquedad. “La armonía viene de definir nuevos acuerdos entre la pareja basados en lo que necesitan ahora, esto implica mirar áreas como las finanzas, los amigos, la familia, la sexualidad, entre otros”, aconseja la ‘coach’ Carolina Gómez Vásquez.

“A veces hay tantos cambios que no esperábamos o para los que no nos preparamos que, por ejemplo, muchos divorcios se dan en los primeros dos años después de nacer el bebé. Cuando los hijos vienen es un buen momento para transformar la pareja, descubrir posibilidades, analiza Gómez Vásquez.

Cuando nace el bebé…

Un hijo trae ilusión, bienestar, motivación y felicidad. Asimismo, una gran responsabilidad. La casa ya no será para cocinar para todos los amigos una noche, ver una película con toda la familia o ‘escaparse’ un fin de semana. Ahora hay que respetar los espacios y tiempos del bebé, y afrontar la aventura.

Las actividades cambian, las rutinas también, así como los horarios, nuestros cuerpos, emociones y conversaciones, cuenta Carolina. De cierta manera, todo gira alrededor de los hijos y es común que se vuelvan prioridad: “dormimos cuando ellos duermen, salimos a los lugares a donde los podemos llevar y van a estar cómodos. Nos vemos con parejas que también tienen hijos, cargamos ahora una pañalera y no una cartera. Pero somos nosotros quienes elegimos cómo queremos cambiar la vida: negativa o positivamente; si queremos aprender de todas estas nuevas experiencias o quedarnos añorando de cómo eran las cosas antes”.

Por otra parte, las madres primerizas sienten que lo saben todo sobre crianza y cuidado, y que su pareja está en la ignorancia completa, sin ver que los dos son primerizos: “los dos están aprendiendo”.

Como mujeres tendemos a controlar, cuenta Carolina, y la maternidad parece que intensifica esa necesidad y genera una sobreprotección, la cual enfocamos en el bebé. Por eso hay que trabajar en equipo, no ‘echarse en cara’ o criticarse las labores del otro. Hacer acuerdos para las despertadas nocturnas o para el cambio de pañales, actividades compartidas. (Lee: Cómo cambia la relación de pareja con la llegada de un hijo)

Otro factor que predomina es que las madres dicen que se enamoran de una manera impresionante de él y manifiestan que no es el mismo amor que creían tener por su marido. Seguramente a ellos también les pasa. “Hay que entender que son amores distintos, y que a ninguno se le abandona por el otro. A mi hijo lo amo como hijo, y a mi esposo, como mi pareja”, afirma Ingrid.

El diálogo y el contacto diario también son fundamentales. Tocarse, sentirse, acariciarse. Papá tiene que admirar a su esposa, decirle que está linda, consentirla, y no olvidar la ternura y el erotismo. “Al él se le admira por su capacidad de proveer, de proteger, eso lo empodera y lo hace sentir importante”, aconseja Gómez.

Aunque todo gire alrededor del niño, y es inevitable, hay que darle al otro importancia. Igualmente, los espacios individuales (tanto en hombres como mujeres) deben persistir, sin culpa ni remordimientos; disfrutar de lo que nos gusta, atrae y llena y, de la misma manera, tener espacios para los dos.

Al pasar los tres primeros meses, cuando se supera la etapa más crítica del cuidado del niño, hay que volver a salir a comer, a cine o hacer un viaje. Es vital una red de apoyo, como familia, amigos o profesionales. “Algo que veo que funciona en muchas parejas (y me incluyo) es viajar solos, pues nos desconectamos de la rutina, permitimos que otros se hagan cargo de los hijos, tenemos tiempo para conversar, reencontrarnos, seducirnos mutuamente”, expresa la ‘coach’.

Si se logra una conexión con la paternidad y la maternidad, y se confía en las capacidades de cada quien para lograr las metas como padres, es más fácil disfrutar de la novedad, los retos y los aprendizajes en conjunto.

Para revivir el deseo y la pasión

En el embarazo hay dos tipos de personas: en las que aumenta la libido y las que temen sostener relaciones sexuales. En cualquier caso, durante el embarazo “no abandone la sexualidad; entre menos sexo, más se reduce el deseo. El embarazo no es una enfermedad; el sexo tampoco, a menos que el médico lo prohíba.

La sexualidad es lo que diferencia a una pareja de un par de amigos. Pero en eso caen muchas parejas, sobre todo cuando nace el niño”, dice la terapeuta Ingrid Gómez.

Aunque es entendible que los primeros días la mujer está dedicada a descansar y cuidar el niño, además de que su condición física no le permite tener relaciones, hay un momento en el que es necesario que padre y madre estén juntos.

Hay que hablar sobre qué se quiere, qué se espera, qué se permite y qué no, y qué hace falta. Tampoco hay que tener miedo ni pena de los cambios físicos que haya traído el embarazo. “Podemos hablar de cómo transformarnos como pareja en esta etapa, cómo hacerlo en esta nueva forma de estar juntos, con este nuevo cuerpo, con estas emociones, concluye.

¿Hay rechazo?

En un bajo porcentaje, algunas madres reportan rechazo o fastidio frente a sus parejas cuando nacen sus hijos. “El fastidio es una emoción y, como otras, el truco está en observarlas, saber si lo que siento es realmente fastidio o es algo más, qué logro con eso; buscar en nosotras mismas y encontrar la respuesta a lo que sentimos y lo que nos lleva a actuar así. En ocasiones, este proceso de observarnos nos cuesta trabajo, tendemos a defendernos y a culpar a otros... Aquí, la red de apoyo puede ser útil: contar con un especialista que nos acompañe en el proceso de auto-observación funciona”, aconseja Carolina.

Por su parte, Gómez dice que si la mujer siente rabia “no siempre es contra el padre, sino que puede ser un conflicto interno que la amarga y lo está revirtiendo hacia el hombre. Entonces, es importante hablar con alguien, expresarse o escribir todas las emociones de rabia, quemarlas y conectarse interiormente con el origen de la relación, desde el amor y no desde el ego”.

Señales de alarma

La pareja se encuentra en una situación crítica si:

- No se presta atención.

- Hay más crítica que admiración.

- No hay comunicación y cada uno lleva su vida por aparte.

- Manifiesta: “estoy contigo solo por el hijo, pero no porque quisiera estar contigo”.

- Existe completa falta del deseo y hay comportamientos inapropiados por parte del otro. Por ejemplo, la madre debe criar sola a su bebé por falta de presencia del esposo.

 

 

 

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2 Comentarios

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Comentarios (2)

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jasson326529
Hace 31 semanas
interesante articulo
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jesus249117
Hace 31 semanas
Es necesario, entenderlas y comprenderlas,lo sierto es que en colombia aun existe un alto porcentaje de machismo y se tiene la creencia que la atencion de los bebes es solo de las madres! y los padres que? pasa igual como cuando se sataniza a la adolescente cuando se "(embarazan)" y los que las embarazan que? a ellos son los que se deberia castigar por ser parte de la irresponsabilidad.
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