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Identifique si su hijo tiene algún retraso en el desarrollo sicomotor

Identifique si su hijo tiene algún retraso en el desarrollo sicomotor
Miércoles, 9 Mayo 2007 - 1:19pm
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Levantar la cabeza, voltearse, rolar, sentarse, gatear, pararse y dar los primeros pasos son algunos de los retos que el bebé debe afrontar en su primer año de vida.

Desde que nace, es ideal que el ambiente que lo rodea le brinde los estímulos necesarios para llevar a cabo cada una de esas destrezas.

El desarrollo sicomotor, es decir, la adquisición de habilidades que le permitirán al niño adaptarse y sobrevivir, comienza desde el útero. “A la tercera semana de gestación aparecen las tres capas embrionarias, de las cuales una va a dar origen al sistema nervioso. Consideramos que este desarrollo termina entre los 5 y los 7 años, edad para la cual el ser humano ya cuenta con el 90 por ciento de su capacidad motora”, afirma el neuropediatra Álvaro Izquierdo.

En el desarrollo sicomotor entran en juego no solo la maduración del cerebro, médula, nervios y músculos, sino la exploración que el pequeño hace de su entorno y los estímulos recibidos. Izquierdo señala al respecto que en los primeros seis meses de vida el bebé recibe el 25 por ciento de toda la información que alimentará su cerebro; el 50 por ciento en los dos primeros años; el 80 por ciento cuando cumple los 4 y entre los 5 y los 7, el 90 por ciento.

“Cuando el niño ingresa al colegio cuenta sólo con el 10 por ciento de ‘programas’ por instalar en su cerebro, de manera que no es mucho lo nuevo por aprender. Se concentrará en desarrollar las habilidades sobre aquellos ya instalados en los años anteriores”, agrega. Es aquí cuando cobra importancia el acompañamiento de los padres y demás adultos que conviven con el menor. Su presencia, actitud, condiciones y oportunidades ambientales son vitales para favorecer el avance del niño en su motricidad fina (coordinación mano-ojo, escritura, movimiento de pinza) y gruesa (movimientos grandes como salto, gateo, rolado, marcha), desarrollo sicoafectivo, sensorial, cognitivo y de lenguaje. Los grandes son modelo de imitación para los más pequeños.

¿Cuándo se habla de retraso sicomotor?

Según el doctor Izquierdo, todos los niños vienen programados genéticamente para realizar determinadas actividades como sentarse, gatear y caminar (motoras gruesas) y el ambiente (jugarles, acariciarlos, hablarles) les ayuda a avanzar en cada proceso (ver tabla).

Factores como prematurez, falta de oxígeno al nacer, patologías neurológicas o infecciosas, bajo peso al nacer, golpes, enfermedad de la madre durante el embarazo, ausencia de estímulos y baja tonicidad muscular, podrían influir en tal atraso. Los niños que pasan por estas experiencias deberían recibir asistencia de un neuropediatra y un fisiatra de manera inmediata, con el fin de intervenir tempranamente y favorecer su desarrollo en el futuro, explica Izquierdo.

Aunque hay edades establecidas para alcanzar cada destreza, el retraso no tiene un estándar similar; se hace alusión a este cuando “el desfase entre lo que el niño debe hacer y lo que está haciendo es superior a cuatro o cinco meses”, explica la terapeuta ocupacional Clara Luz Moya. Un ejemplo: el infante, a los dos meses, debe sostener la cabeza. Si a los cinco no lo hace, se habla de retraso.

Izquierdo, por su parte, ilustra lo anterior de la siguiente manera: el infante se sienta, normalmente, entre los 6 y los 8 meses de edad y lo hace de diferentes maneras (hacia delante y con las manos apoyadas en la cama, por ejemplo). A los 8 debe hacerlo con la espalda recta. Si a esta edad no es capaz de sentarse, ya existe un problema. “Cuando el 97 por ciento de los niños ha llegado a la etapa y el menor no está dentro de ese porcentaje, existe retardo motor”, señala el especialista.

Para llegar a sentarse, el pequeño debe cumplir requerimientos previos como levantar el mentón, sostener la cabeza y voltearse de un lado a otro. La terapeuta ocupacional Ana Ximena Rivera explica brevemente la secuencia en este desarrollo: recién nacido, el bebé reconoce el olor y la voz de la mamá y se tranquiliza cuando le habla; a los 2 meses, sostiene la cabeza y entre los 4 y los 6 comienza a rolar y a explorar con sus manos y con objetos; a los 6 meses se sienta solo y a los 9 inicia el gateo (previo están el arrastre y la posición en cuatro).

“Luego del gateo viene la posición bípeda, con apoyo; da pasos solo y empieza a caminar, generalmente con las piernas separadas (a medida que se fortalece la marcha, éstas se van cerrando) y sosteniéndose en sillas y paredes. Aunque al principio es normal que se caiga con frecuencia, poco a poco se va independizando y es importante que se le dé seguridad”, explica Rivera.

Lo mismo sucede con el lenguaje: para que a los 6 meses diga ‘ma’ o ‘pa’, debió emitir sonidos guturales a los 4. También, haber hecho burbujas con la saliva.

Frecuentemente, explica el neuropediatra Izquierdo, el retraso sicomotor se asocia con problemas de lenguaje: más de la mitad de los infantes que presentan dificultades en esta área, tiene inconvenientes en su desarrollo motor.

Cómo estimularlo y evitar retraso

Aunque el ambiente en el cual crece el menor puede influir positiva o negativamente en su desarrollo, todo extremo es malo: la sobreestimulación podría convertir al niño en un ser aprehensivo y con defensibilidad táctil (no le gusta que lo toquen). Por otro lado, mantenerlo siempre envuelto en cobijas, rodeado de cojines, en el corral o impedirle que haga cosas por su cuenta, por miedo a que se lastime (obvio, hay que manejar ciertas normas de seguridad), es una manera de cohibirlo para que aprenda cosas nuevas y actuar con libre albedrío.

A los 6 meses de edad, el 50 por ciento de las neuronas de la médula espinal se mueren y desaparece el 50 por ciento de las comunicaciones que existen en el cerebro. Si al infante se le estimula visual y auditivamente, estas células persisten.

El secreto, dice la terapeuta Moya, está en la calidad de tiempo que se le dedique al bebé y en manifestarle afecto de forma permanente. Hablarle, besarlo, abrazarlo y masajearlo tiene un efecto positivo en su desarrollo. “Al arrullarlo, abrazarlo y tocarlo, lo estimulan táctilmente; sonreírle y jugarle, visualmente; al mecerlo, el estímulo es vestibular y cuando lo cargan y le muestran objetos, entran en juego la parte visual, motora y auditiva”, señala el neuropediatra Izquierdo.

El baño y la alimentación son momentos especiales para hablarle al bebé y expresarle sentimientos (es necesario hacerlo de una manera clara y coherente, llamando las cosas por su nombre). También, para explicarle paso a paso cuáles son las partes de su cuerpo, qué se está haciendo con él y qué sigue a continuación.

Además de jugar e interactuar con él, permitirle tener contacto con diferentes superficies, objetos de distintas texturas, varios olores, sabores, formas y colores lo ayudan a adquirir habilidades. “Es vital que explore su mundo: que toque los alimentos, se unte e intente llevárselos solo a la boca”, comenta la terapeuta Rivera. El fin de semana, hay que sacarlo a un parque para que interactúe con otros niños de su edad.

Para gatear: primero que todo, no se le debe forzar más allá de sus capacidades. Si tolera estar bocabajo, estimularlo para que se apoye con las palmas de las manos de manera que gane fuerza en los brazos; luego, doblarle las rodillas para que soporte su peso sobre estas y las manos. Si logra hacerlo, es viable intentar tomarlo de las manos y retirárselas de la superficie de apoyo, de manera que quede arrodillado para que comience a tolerar dicha posición (hacerlo de a poquitos, pues les resulta molesto).Cuando logra permanecer en cuatro, se le puede balancear de atrás hacia adelante y de un lado al otro e incentivar el gateo: moverle una mano y la rodilla contraria hacia el frente, de forma tal que discrimine ambas partes del cuerpo. Debe hacerlo sobre una colchoneta o un tapete. Para caminar: si ya se para solo, celébrele este logro y déle seguridad. No expresarle susto cuando se caiga. Normalmente, el bebé se apoya sobre objetos para permanecer de pie: en las sillas, en la cama o en la pared. “Los padres pueden tomarlo de ambas manos, luego de una, y caminar hacia delante y hacia atrás; después, con un solo dedo y al final el pequeño lo hará solo”, dice Moya. Es importante brindarle seguridad y que pueda ejercitarse sobre zonas seguras, como un tapete, pasto o colchoneta en caso de caídas.

El retraso y sus secuelas en la infancia

“Todos los niños que presentan alguna dificultad en su motricidad fina tuvieron problemas en su desarrollo motor”, afirma la terapeuta Clara Luz Moya.

En la etapa preescolar es muy frecuente que comiencen a ser visibles ciertas dificultades que reflejarían dicho retraso. Por ejemplo: al niño le cuesta coger bien el lápiz, no le gusta estar sentado mucho tiempo porque se cansa, le disgusta colorear, le molesta el colbón, no le gusta untarse con témpera, plastilina ni greda; salta y se le dificulta; se cae cuando corre; camina como si fuera un robot; se inclina demasiado sobre la hoja y no puede mantenerse erguido; se le dificulta manejar tijeras, no puede hacer trazos continuos, su coloreado es irregular y no respeta límites.

Cuando el niño tiene hipotonía, es decir, disminución en la resistencia muscular o en la capacidad de respuesta del músculo, le cuesta hacer cierto tipo de movimientos. “Aquellos que no gatean tienen dificultad para saltar en un pie, atrapar un balón y diferenciar en su propio cuerpo y en el espacio la izquierda de la derecha”, dice la terapeuta Moya.

Tratamiento

En todo niño que presente alguna alteración en su neurodesarrollo se debe buscar la causa del problema y a partir del diagnóstico, determinar el procedimiento a realizar.

Cuando se han descartado patologías neurológicas o enfermedades crónicas que requieran tratamientos especiales, regularmente se envía al pequeño a terapia ocupacional.

Si los padres son inconstantes y asisten a ella una vez cada 15 días, el niño no avanza y se le presentan mayores dificultades.

Tampoco se trata de llevarlo a terapia todos los días, porque el niño se fatiga y el padre no se compromete a trabajar en casa. Las terapeutas aconsejan llevarlo dos o tres veces por semana y reforzar los ejercicios en el hogar y en el colegio.

Desarrollo del bebé en el primer año de vida

Edad Motor Lenguaje Social Ejecución 0 a 3 meses

- Sostiene derecha la cabeza cuando lo alzan.- Estando bocabajo levanta bien la cabeza

- Cambia de conducta con los ruidos.- Emite sonidos diferentes.- Tiene distintos tipos de llanto; ejemplo, por dolor, hambre o cansancio.- Succión adecuada.- Sigue con la mirada personas o juguetes.- Se calma al alzarlo o con la voz de la madre.- La observa cuando come.- Sonríe si su mamá le sonríe.- Tiene períodos de sueño y períodos despierto.- Sostiene objetos con la mano cuando se le colocan en ella.- Mueve por igual los brazos y piernas y el lado derecho que el izquierdo del cuerpo.4 a 6 meses - Se sienta con apoyo.- Da botes.- Bocabajo se apoya sobre las manos teniendo los brazos extendidos.- Coge objetos con la mano.- Se arrastra boca arriba o bocabajo.- Estira los brazos para coger objetos. - Hace sonido de gusto o disgusto.- Localiza el sitio donde se origina un sonido.- Babea muy poco.- Puede comer alimentos semisólidos (papilla, compotas).- Extiende los brazos para que lo alcen.- Sonríe si le habla mamá.- Manifiesta gusto o disgusto con gestos.- Ríe a carcajadas.- Opone resistencia al quitarle un objeto.- Busca a la madre en los juegos.- Pasa objetos de una mano a otra.- Se coge los pies.- Duerme 12 a 14 horas de las 24 del día.- Intenta alcanzar el tetero.- Se quita un trapo que tenga sobre la cara. 7 a 9 meses

- Intenta pararse solo.- Se sostiene sentado sin apoyo durante ratos largos.- Gatea.- Suelta un objeto sin un límite demarcado.- Agarra objetos con los dedos índice y pulgar.

- Dice monosílabos como ma, pa, te y hacia el final del período dice ma-ma, pa-pa, te-te.- Imita sonidos de estornudo y repite sonidos.- Reconoce voz de familiares.- Muerde y mastica.- Rechaza a los extraños.- Muestra preferencia por un juguete.- Busca el objeto que se le cae.- Juega palmitas.- Llora cuando le quitan un juguete.- Mira un objeto que cae. - Sostiene el biberón con las manos mientras come.- Choca objetos que tiene en sus manos.- Duerme entre 10 y 12 horas.- Ensarta aros en un palo.- Todo lo chupa. 10 a 12 meses - Se sostiene de pie solo.- Inicia solos (da pasos).- Logra pasar de acostado a sentado solo.- Suelta un cubo en un recipiente pequeño.- Coge objetos muy pequeños con los dedos índice y pulgar. Ej: coge una borona de pan o un grano de maíz. - Dice tres palabras claramente. Ejemplo: papá, mamá, tete.- Responde al llamado por su nombre.- Identifica objetos de uso corriente; ejemplo, tetero, juguete.- Obedece a toma y dame.- Manifiesta cariño.- Da besitos.- Obedece órdenes simples: quieto, toma, no cojas eso, si, no.- Entrega un juguete.- Juega con la cuchara y el plato.- Juega explorando objetos que están a su alrededor.- Va hacia los juguetes, los explora, aprieta y golpea.- Juega con el adulto a tomar y entregar un objeto.- Saca objetos de una caja.- Sostiene la taza con ambas manos.- Dice adiós con las manos.- Empuja objetos.- Se quita medias que estén sueltas.

Por Andrea Linares G.Redactora ABC del bebé.

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