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La lactancia, de la A a la Z

La lactancia, de la A a la Z
Martes, 19 Febrero 2008 - 12:29pm
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Desde el pezón hasta el cerebro, la alimentación del neonato involucra aspectos que, de ser tenidos en cuenta, garantizan el bienestar de la madre y la nutrición adecuada del bebé. Guía práctica de conceptos.

Amamantar va más allá de acercar la boca del bebé al pecho de la mujer. En apariencia, esta acción es simple, pero ejerce gran influencia en la relación madre e hijo: refuerza el vínculo generado en la gestación.

Y es que, luego de estar nueve meses en el interior de mamá, escuchando los latidos del corazón, su respiración e, incluso, sus movimientos digestivos, el recién nacido se siente vulnerable y desprotegido al salir de ese medio oscuro y acuoso que es el útero.

De ahí la importancia de la lactancia. El contacto piel con piel le devuelve la confianza de que su madre está ahí. Y aunque, eventualmente, las primeras sesiones no sean una experiencia placentera, lo más importante es conservar la calma; de lo contrario la tensión inhibirá el flujo de leche.

Asimismo, la posición es clave. Para ello hay que tener en cuenta que la cabeza del recién nacido esté en el pliegue del codo, su bracito atrás, el ombligo del pequeño contra el abdomen de la mamá (ombligo con ombligo) y la mano de la madre debe sostener las nalgas del neonato.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda alimentar al neonato, exclusivamente, con leche materna hasta los 6 meses. Desde esta etapa y hasta que el niño cumpla 2 años, esta debe complementarse con otros alimentos. Su ingesta debe ser hasta esta edad, pues es la mejor manera de proteger y defender al pequeño de virus, infecciones y enfermedades.

Incluso, el último estudio sobre el tema publicado en enero por la revista Nature, asegura que alimentar a los neonatos con leche materna ayuda a que se desarrollen defensas que les protejan de las alergias a las sustancias presentes en el aire causantes del asma.

Recuerde: no existen manuales que le enseñen cómo ser madre. La lactancia es una relación íntima entre madre e hijo, por eso todos los casos son completamente distintos. Así como usted aprende a amamantar, también sentirá cuándo es el momento de destetar; todo es un acuerdo entre usted y su pequeño. Por eso, le presentamos algunos conceptos que le pueden ayudar a afianzar su conocimiento sobre el tema.

Absceso mamario: estancamiento de la leche ocasionado por el dolor y endurecimiento del seno que dificulta que la madre amamante al neonato. La acumulación de líquido puede desencadenar una infección que se manifiesta a través de secreción purulenta. El absceso es característico de los casos crónicos de mastitis.

Amamantar: alimentar al bebé a través del pezón, con leche materna.

Areola: Piel oscura que rodea el pezón que presenta una especie de bultos llamados Glándulas de Montgomery que secretan una sustancia oleosa que mantiene lubricada la zona y la prepara para el inicio de la lactancia.

Banco de leche: reserva de leche materna que debe hacer la mujer cuando se acerca el final de su licencia y debe regresar al trabajo. Como ella no podrá poner el niño al pecho a lo largo del día, debe extraer manualmente la leche de sus senos y almacenarla en el refrigerador (la leche refrigerada en la bandeja del medio de la nevera dura 48 horas; congelada, 6 meses) para que, quien se quede a cargo del bebé, la caliente sumergiéndola en agua caliente (no directamente en el fogón para que no pierda sus propiedades) y la suministre al niño con un biberón.

Calostro: líquido espeso y amarillo rico en proteínas, vitaminas y minerales, bajo en grasas y azúcares, secretado por las glándulas mamarias los primeros días tras el parto. Contiene anticuerpos y glóbulos blancos que defienden al neonato de virus, bacterias e incluso ayudan a la formación de su sistema inmunológico. Asimismo, cubre su intestino para evitar que las bacterias invadan el sistema digestivo del menor y le causen malestares. Estimula el paso del meconio (primeras heces del bebé) y ayuda a eliminar la bilirrubina, previniendo el riesgo de ictericia en el menor.

Conductos galactóforos: vasos que transportan la leche desde los acinos, que producen y acumulan la leche, hasta el pezón.

Crisis de lactancia: son periodos de tiempo en los que el bebé pide alimento más seguido. Generalmente, se presentan al final del primero, tercer y quinto mes, pues se relaciona con los momentos en los que se acelera el desarrollo del neonato. Cada crisis dura entre tres y cinco días y la solución es alimentarlo más seguido para que aumente la producción de leche.

Chupar: presión ejercida, erróneamente, por el bebé en el pezón, pero que no extrae leche pues no estimula la zona de la areola en donde se ubican los senos lactíferos.

Destete: proceso de inclusión de alimentos complementarios a la leche materna en la dieta del bebé. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los lactantes reciban leche materna en forma exclusiva, por lo menos, durante los 6 primeros meses. A partir de este momento se inicia la alimentación complementaria pero no se suspende la lactancia hasta, ojalá, cumplidos los 2 años. La leche materna deja de ser alimento exclusivo y se combina con leche de fórmula y otros alimentos suaves como compotas de frutas o papillas, según indique el pediatra. El destete es un acuerdo entre la madre y su hijo, y debe realizarse gradualmente para no afectar el lado emocional del niño.

Extracción manual de leche: procedimiento que realiza la madre cuando debe crear su banco de leche. Consiste en poner el dedo pulgar en la parte superior de la areola y el índice debajo, comprimir el pulgar y el índice mientras se empuja el seno hacia la caja torácica y se hace presión sobre otro punto de la areola para vaciar los conductos que llevan la leche fuera del seno. Al comienzo, las extracciones deben ser de 10 minutos.

Flujo de leche: sensación que experimenta la madre en los primeros meses de lactancia al comienzo de cada sesión y que demuestra que la leche baja por los conductos hacia el pezón. Puede describirse como un cosquilleo, llenura y pesadez, comezón o algo agradable. Puede que el flujo se de en un pecho mientras el bebé toma del otro, en caso de que la sesión se haga fuera del horario habitual.

Fórmula láctea: la leche de fórmula, mal llamada maternizada, es la que se sintetiza en el laboratorio y se suministra en casos especiales en los que el bebé no pueda lactar (situaciones definidas por el médico tratante). Hay varios tipos de leche de fórmula, según la edad del menor. Las de inicio que se emplean hasta los 6 meses y las de continuación, que hacen parte de la alimentación complementaria (cuando el bebé comienza a ingerir alimentos adicionales a la leche materna) que inicia cuando se desteta al bebé, hacia el sexto mes de vida aproximadamente.

Lactancia: proceso de producción de leche que inicia en el momento en que la madre expulsa la placenta. Los niveles de estrógeno y progesterona (hormonas) que están altos durante la gestación (para preparar, entre otras cosas, a las glándulas mamarias, pues les dan volumen y peso y agrandan las estructuras glandulares que producen la leche), bajan tras el parto mientras los de prolactina aumentan para activar las células productoras de leche (alvéolos mamarios). El éxito de la lactancia está en la succión que reciba el pezón, por parte del bebé. Sólo así se garantiza la producción de leche.

Lactar: cuando el bebé succiona el seno, agarrando todo el pezón y la areola, para extraer leche.

Leche materna: líquido nutritivo producido por los alvéolos mamarios, una especie de sacos cuyas paredes están tapizadas con las células productoras de leche. Estos funcionan desde el quinto mes de gestación, pero luego del parto se activan plenamente. La composición y color de la leche varían, de acuerdo a las necesidades del bebé. Es de fácil digestión y entre sus múltiples beneficios están sus nutrientes que ayudan en la formación del sistema inmunológico del menor.

Mastitis: enfermedad relacionada con el puerperio (período de recuperación luego de dar a luz), que afecta a un 10 o 15 por ciento de las madres, en los primeros tres meses posteriores al alumbramiento. Es producida por la acumulación de leche que se infecta por una bacteria que, normalmente, existe en la piel cercana al pezón y a la areola y que ingresa a los conductos dilatados por la lactancia a través de fisuras resultantes de la continua e inadecuada succión del bebé, cuando él no agarra correctamente el pezón a la hora de lactar, sino que lo muerde, aumentando el riesgo de sangrado. Su síntomas son dolor en uno de los senos, sensación de calor, enrojecimiento de la piel de la mama, fiebre y en los casos crónicos, secreción purulenta cuando se forma absceso (el absceso ocurre, eventualmente, en menos del 10 por ciento de los casos de mastitis aguda).

Pezón: protuberancia pequeña que se encuentra en la mitad de la areola. Tiene de 15 a 20 conductos lácteos que permiten el paso de la leche para alimentar al bebé. La piel de los pezones está conformada por tejido eréctil que responde a estímulos como el roce, el frío y, por supuesto, la succión. Existen algunos pezones que, por no sobresalir tanto con la erección, se denominan ‘planos’y otros que en lugar de sobresalir se esconden y se llaman ‘invertidos’. No obstante las alteraciones, ninguna impide amamantar, ya que el bebé es el encargado de sacar su propio pezón, al succionar el área. La madre se puede ayudar a través de suaves masajes para darles forma.

Prolactina: Hormona secretada por la hipófisis cuando la madre expulsa la placenta. La prolactina estimula los alvéolos mamarios para que produzcan leche. Pero la liberación de esta hormona depende de la succión que reciba el pezón por parte del neonato.

Reflejo de búsqueda: (o reflejo perioral) reflejo primario de los lactantes, que los impulsa a girar la cabeza hacia el pezón y a abrir la boca. Se estimula cuando la madre toca o roza delicadamente las mejillas del bebé con el dedo o el pezón.

Reflejo de flujo: descenso de la leche desde la glándula mamaria hasta el pezón, debido a la succión que lleva a cabo el bebé en el pezón de la madre. Esto activa la hormona oxitocina que obliga a la leche a salir a través de los conductos y llegar hasta los senos lactíferos ubicados en la zona de la areola. También se conoce como reflejo de eyección.

Senos congestionados: hacia el segundo o tercer día tras el parto, los senos de la madre pueden estar hinchados, pesados y duros. Es usual cuando es madre primeriza, pues las glándulas mamarias y los pezones no se han acostumbrado a la lactancia. Y aunque sea un poco doloroso, o los pezones se aplanen por la hinchazón de la zona, la succión y el vaciado por parte del bebé son la única manera de descongestionarlos.

Sesión de amamantamiento: tiempo destinado a la lactancia. Al nacer, los bebés se alimentan a libre demanda (cada vez que sientan hambre), de día y de noche. No hay un tiempo definido pues lo más importante es que se desocupe completamente un seno para asegurar que el bebé succione la leche con mayor contenido de grasa, que sale al final de la mamada. No hay que alternar los senos, a no ser que ya no salga más leche de uno y el bebé tenga más hambre. La recomendación es amamantar, retirar al bebé para sacarle los gases y volver a colocarlo del mismo lado. La próxima toma iniciará con el seno contrario.

Succión: extracción correcta de la leche por parte del neonato; el éxito de la succión depende, principalmente, del agarre que haga el recién nacido del pezón y la areola, que deben estar completamente dentro de la boca del bebé, para facilitar que la lengua se dirija hacia delante y hacia atrás y así se extraiga la leche desde los alvéolos. Si el bebé no succiona, sino que chupa suavemente el pezón o, incluso su propio labio inferior (en caso de que se pliegue), queda con hambre y puede cuartear la piel del seno de la madre.

Supresión de la lactancia: eventualmente, cuando la madre o el recién nacido presentan situaciones médicas que dificultan la lactancia, el especialista tomará la decisión de suspender la alimentación del niño a pecho. Para ello, acudirá a medicamentos que cortan la producción de la leche.

Asesoría: Constanza CastillaPediatra especialista en lactancia materna.

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