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La presentadora Catalina Gómez cuenta todos los detalles sobre su embarazo y el nacimiento de su primera hija

La presentadora Catalina Gómez cuenta todos los detalles sobre su embarazo y el nacimiento de su primera hija
Martes, 29 Septiembre 2009 - 2:37pm
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Cuenta cómo sobrepasó los primeros meses de gestación, cómo vivió la muerte de su madre durante este periodo, cuáles son los momentos que más disfruta con Emilia, su bebé, y qué planes tiene a futuro. 

A pesar de que pasó por un embarazo lleno de molestias físicas y un gran pesar en el corazón, la vida y Dios supieron compensarla con el mejor regalo: Emilia, su primera hija. Con sólo dos meses, esta bebita se robó su corazón.

 

Cuenta Catalina que desde mediados del año pasado había planeado con su esposo, Juan, tener un bebé y aunque pensó que podría tardar más tiempo, en diciembre recibió la noticia: en su vientre ya había empezado a crecer Emilia desde hacía más o menos un mes.

“Nos pusimos muy felices porque coincidió con la temporada de vacaciones, pero, a la vez, fue una época muy dura porque mi mamá estaba muy enferma y su situación de salud era realmente difícil y complicada”.

A esto se añadió que en los primeros meses Catalina experimentó todas las molestias del embarazo con muchísima intensidad: las náuseas y el vómito la hacían sentirse indispuesta y sumamente débil, a tal punto que debía interrumpir hasta siete veces las jormadas de  trabajo y apartarse del set de grabación de ‘Día a día’, pues todo lo que comía le caía muy mal.

“Bajé como 5 kilos, fue muy duro y un par de veces me tuvieron que llevar a urgencias porque me deshidrataba de tanto vomitar, pero la bebé estuvo muy bien siempre”, recuerda Catalina.

Fue a partir del quinto mes que empezó a sentirse mejor, recuperó su peso, se alivió de todas las molestias físicas, pero aún le faltaba superar el golpe más duro que tendría que vivir durante la gestación: la muerte de su madre, cuando ella tenía siete meses de embarazo.

“Tener a la bebé representaba una alegría enorme, inconmensurable en mi vida, pero en mi vida emocional fue un momento muy duro y  difícil, pues no pude compartir la dicha de tener a Emilia con mi mamá. Eso hizo que yo no pudiera gozarme el embarazo tanto como habría querido”, comenta la presentadora.

Durante ese tiempo, su esposo se convirtió en su apoyo y fue él quien se encargó de hacer todos los preparativos y comprar todo lo necesario para la llegada de la bebé.

 

Llegó la hora Parecía que Emilia estaba muy ansiosa por conocer a sus padres, pues quería nacer unas tres semanas antes de tiempo; sin embargo, con los cuidados médicos fue posible retardar el parto, porque todavía estaba muy pequeña y algo bajita de peso.

“Esas últimas semanas tuve que quedarme quietita en la casa, no pude ir a trabajar. Cuando llegó el momento de dar a luz, todo transcurrió de maravilla, el parto fue natural y sin ninguna complicación. Digamos que lo difícil  que viví al principio del embarazo se compensó al final con un parto sencillo. Llegué a la clínica a las diez de la mañana, ella nació a las 4:45 de la tarde y a las 5:45 yo ya estaba en el cuarto con ella, dándole seno y al otro día salí de la clínica a las 10 de la mañana”.

Catalina asegura que “el parto fue muy fácil y lejos de esa situación tan dolorosa, horrible y horrorosa que algunas otras mujeres describen, a mí  la lactancia y el posparto se me facilitaron, no hubo depresión, angustia ni nada negativo”.

Hay momentos en los que uno quisiera llorar de la felicidadSí, es tal la emoción y felicidad que le ha brindado la llegada de su hija que Catalina, a veces, con sólo verla cuando duerme, cuando la mira fijamente, cuando bosteza o le aprieta la mano “quisiera llorar, salir corriendo y saltar de la felicidad”.

Y es que ella siempre había deseado tener una niña; entonces, cuando a los cuatro meses se enteró de que era Emilia la que venía en camino, sintió una alegría triple, porque tiene varios sobrinos y con las niñas dice que ha ‘muñequeado’ mucho; así que la ilusión de tener una hija y de poder ser amigas en un futuro la hacía plenamente feliz. 

Sin embargo, resalta que nada se compara al momento en que la pudo sostener en los brazos. “Cuando nacen, es una cosa que no se puede describir. Me acuerdo que el momento en el que la alcé como niña mía, mía, mía me hizo sentir... Es que no hay palabras, es impresionante, es lo más grande de la vida, hay que vivirlo para saber qué es y, además, pasan los días y uno como que de verdad no se la cree. Es una sensación muy rara, porque sí es la alegría más grande de la vida, pero a la vez son los temores de verla tan chiquita, tan frágil, si llora, si no llora, si come, si no come, si duerme, si no duerme. Todo es como un dilema; entonces, todo en algún momento me preocupa y me produce ansiedad, pero soy feliz y aprendí a mantener la calma para que ella esté bien”.  

En ese sentido, el padre de Emilia ha sido clave en este proceso, pues él estuvo de licencia y unió las vacaciones; entonces, “aunque él tampoco sabe a ciencia cierta a veces qué hacer, nos consultamos nuestras dudas y él me dice algo que me tranquiliza y así ambos nos encargamos de ella. Creo que hay una conexión muy fuerte entre los tres”.

tejiendo una vida

"Cada momento junto a Emilia es mágico. Desde que nació me embobé y ahora vivo por ella, le cuento historias, le cuento de la familia, le hablo de cada uno de sus abuelos, de sus tíos y a medida que le hablo, ella parece como si me dijera que no parara, que le está gustando la historia que le estoy contando, pues la veo con esos ojos ahí todos abiertotes.

A veces no puedo creer que sea mi hija y vivo momentos sublimes a su lado, pero llegan de repente, son muchos y realmente no podría escoger uno solo, pues todos son muy especiales. Por ejemplo, desde que nació le di pecho y tal vez podría decir que amamantarla produce una conexión muy especial, única. Sentir que de ti está saliendo lo que alimenta y mantiene saludable a la hija  de tus entrañas y que ella depende completamente de ti, es una experiencia sin igual en la vida".

 

En su rol de madre"Me siento completamente realizada, plenamente feliz. En algún momento  pensé que  volver a trabajar después de la licencia sería más sencillo, pero ahora me doy cuenta de que tres meses es muy poquito para todo el tiempo que  quisiera estar con ella.

Emilia se despierta por las noches a comer y yo puedo tener sueño, pero a mí no me importa, ni siquiera es un sacrificio, en realidad es una felicidad levantarse a las 3 de la mañana a darle comida, así  esté cabeceando de sueño, porque es un placer cargarla, tenerla cerca, cambiarle los pañales, bañarla, vestirla.

Soy una mamá muy 'egoísta', si es que cabe la palabra. Le hago absolutamente todo, pues tengo que aprovechar el tiempo que estoy con ella,  porque seguramente cuando empiece a trabajar será un poco menos.

Igualmente sé que le daré cada segundo que pueda, pero  creo que no solo se trata de calidad, sino también de cantidad. Entre más tiempo tengamos para estar juntas, conocernos y comprendernos, será mucho mejor.  Pero mientras pueda entregarme completamente, lo hago y lo haré. Desde que nació no hago más que pensar en el momento en que tenga que volver a trabajar y creo que en la medida de lo posible,  la llevaré conmigo; quiero que sea mi compañera de aquí en adelante.

 

Por Melissa Serrato Ramírez

Redactora ABC del bebé

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