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Los niños aprenden a defenderse de una agresión a través del ejemplo que reciben en casa

Los niños aprenden a defenderse de una agresión a través del ejemplo que reciben en casa
Viernes, 24 Julio 2009 - 12:06pm
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Cuando hay un situación de agresión infantil, es necesario que el menor tenga a su lado a una persona que lo oriente en su actuación. 

Bertha Gamarra, sicóloga especialista en niños y adolescentes, explica que la agresión tiene dos vértices: uno normal y otro patológico. “La agresión normal es una pulsión humana necesaria para el desarrollo del individuo. En el niño, cuando se usa sanamente, sirve para expresar rabia, molestia, inconformidad, deseos o necesidades no satisfechas, defensa de los propios espacios. Se manifiesta gestualmente y verbalmente, pero es necesario enseñarle a no agredir físicamente, ni a otros, ni a sí mismo, ni a permitirle que la expresión de la agresión alcance dimensiones desmesuradas, como gritos, pataletas, etc.”, apunta la especialista.

Los padres no deben reprimir las muestras sanas de agresión del niño; por el contrario, es necesario que negocien, dialoguen y entiendan qué le pasa para remediar la situación en lo posible.

Por otro lado, se encuentra la agresión patológica, que tiene lugar cuando es el niño el que la recibe; es decir, cuando él es el objeto de la agresión, que puede manifestarse en maltrato físico, como golpes, manotazos, palizas y pellizcos. A esta le sigue la agresión verbal, que consiste en insultos y desplantes, en no permitir que el niño se exprese libremente, ni que dé a conocer sus deseos, opiniones y puntos de vista.

Ejemplo, el mejor blindaje La mejor manera de proteger y enseñarles a los niños cómo defenderse y reaccionar ante una agresión es precisamente a través de las lecciones que aprende en casa, de sus padres. Si, por ejemplo, en la familia hay golpes, insultos y frases denigrantes, al niño no le parecerá extraño si lo mismo le sucede fuera de casa.

En todo esto se involucra el concepto de autoestima y los principales forjadores de esta en los niños:los padres. De esa manera, quien se siente y se sabe amado, respetado, cuidado y considerado por sus padres sabrá que no debe permitir ningún abuso en su contra y podrá informar cuando sea víctima del maltrato por terceros.

“Los padres que nunca acuden al castigo físico, dejan en su hijo una marca que les indica que nadie puede hacerlo. De igual manera, cuando como padres respetamos la palabra del hijo, lo escuchamos, valoramos sus opiniones, sus deseos, sus necesidades, cuando le permitimos intervenir en las conversaciones familiares, cuando le pedimos su opinión, cuando respetamos su turno para hablar, cuando interrumpimos nuestra conversación para poner cuidado a lo que dice, cuando hacemos todo esto, nuestro hijo también va a saber que no debe ser atropellado verbalmente por nadie”, afirma Gamarra.

De todas maneras, la especialista añade que también es necesario hablar con los niños permanentemente y hacerles saber que nadie puede ni debe atacarlos porque merecen respeto y buen trato, así como ellos tampoco pueden ni deben hacerlo. “Hay que enseñarles a no tener miedo de hablar y a defenderse con su actitud”, dice la especialista.

 

Niños violentosAhora bien, cuando se trata de enseñarles a defenderse de la agresión de otros niños de su edad, la doctora Gamarra brinda una serie de recomendaciones importantes para seguir, como:

Hay que trasmitirles firmemente que deben comunicar la situación de agresión a un adulto, al maestro y a sus padres. Ahora bien, como padres, se debe manejar el asunto de forma adulta; es decir, sin hacer de esta situación otra espiral de violencia. A nadie le gusta que le peguen a su hijo, pero debemos entender que esta situación se está dando porque el niño agresor está en dificultades. Entonces, son los padres de este quienes se deben hacer cargo de la situación.

Los padres deben tener presente que cuando su hijo ha sido objeto de una agresión, no se trata de hacer un reclamo al colegio para que castigue y reprenda al otro. De una forma u otra, esto implicaría vergüenza ante el grupo y sería ocasión para posteriores burlas.

◗ “En los grupos, los niños identifican las identidades y personalidades con mucho acierto y son crueles por excelencia. Eso les permite detectar rápidamente al más débil y, como en la horda primitiva, exigen su eliminación. En parte, el grupo no tolera la visión de la fragilidad del otro porque le pone en frente de sus ojos la propia fragilidad de cada uno de sus componentes. Es decir, cada niño se siente identificado con la fragilidad del agredido y al atacarlo a él, la ataca en él mismo. Por eso, hay que ayudarlos a ambos”, explica la sicoanalista. En ese sentido, la escuela debe actuar inmediatamente a nivel grupal, invitando a la reflexión de las razones por las cuales los seres humanos nos agredimos, pues no hay que olvidar que lo que caracteriza al ser humano y lo diferencia en la escala evolutiva es la capacidad para pensar sobre sus actos. ◗ A los padres del niño agredido también hay que hacerles un cuestionamiento: ¿por qué su hijo está siendo objeto de agresión? ¿Por qué no pudo defenderse de la agresión? “En general —dice la sicoanalista—, se trata de niños con baja autoestima, que se sienten inferiores, frágiles internamente y que están pasando por un momento difícil (sus padres están en conflicto, se están separando, están sometidos a situaciones nuevas a las que les resulta difícil adaptarse). Este niño necesita ayuda”. ◗ La verbalización es indispensable, hay que reiterarla y decirle al niño que nadie tiene derecho a agredirle, que debe acudir por ayuda, comunicar a un adulto cuando esto está pasando y que no debe permitir que se vulneren sus derechos. Por eso, se deben privilegiar las herramientas que tenemos en casa para educar: el diálogo y el profundo respeto a sus sentimientos, necesidades y deseos. “Pero insisto, todo esto debe partir de casa, allí no debe haber ningún tipo de agresión por parte de los padres, ni entre ellos. Este es el mejor sustento, la mejor garantía y la mejor protección que le podemos dar a nuestros niños”, concluye Gamarra.

Maltratados por los padresEl médico sicoanalista Juan Rafael Padilla afirma que cuando un niño es maltratado emocionalmente por sus padres, principalmente, le queda imposible establecer un vínculo confiable –también llamado apego seguro–. En su lugar, crea una serie de apegos inseguros; es decir, formas particulares de relacionarse con las que se protege de vivencias de angustia y dolor emocional que no encontraron un receptor adecuado en los padres.

“El niño puede crear tres tipos de apego inseguro: el apego rechazante, en que origina una barrera frente a los demás, mostrándose indiferente a las necesidades emocionales, tanto propias como de los otros. El apego preocupado, en que el infante extrema la necesidad de cercanía para protegerse del temor. Finalmente, se encuentra el apego desorganizado, en que pierde momentáneamente contacto con la realidad para no percatarse de que la fuente de su temor es justamente la o las personas que deberían proporcionarse tranquilidad y sosiego”, concluye el especialista.

 

Secuelas del maltratoEl médico sicoanalista Juan Rafael Padilla señala que cuando un niño es maltratado emocionalmente, esto lo predispone a presentar ciertas actitudes, reflejadas, por ejemplo, en el matoneo o intimidación escolar. “Esto sucede porque el infante ha creado una barrera frente a los demás; eso lo hace incapaz de identificarse con las necesidades emocionales de los demás, tal como sus padres fueron incapaces de hacerlo con él. De esa manera, fácilmente se convertirá en el ‘matón’ del curso. Otro niño maltratado, que suele necesitar de protección, mostrará abierta e inconscientemente su indefensión e inseguridad y será el ‘matoneado’ ”.

Por Melissa Serrato Ramírez

Redactora ABC del bebé

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