Dejar el pañal de manera natural

¿Está listo tú hijo para aprender a usar el baño? Consejos para afrontar ese momento.

Dejar el pañal de manera natural
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Por: Andrés Felipe Cardona
junio 22 de 2016 , 06:54 p.m.

¿Cuándo estará listo mi bebé para dejar el pañal?, ¿a qué edad es normal que comience el proceso? Estas son algunas de las preguntas que hacen una y otra vez los padres en los consultorios pediátricos, preocupados porque sus niños aprendan pronto a usar el baño y ellos dejen de comprar pañales.

Los especialistas consideran que muchos padres, en su afán por lograr esa meta, no toman en cuenta que, más que un proceso fisiológico, el hecho de aprender a controlar esfínteres implica un fuerte componente emocional y educativo basado en amor, paciencia, tiempo y dedicación. (Te puede interesar: Recién nacidos sin pañales, una tendencia que crece entre los padres)

De hecho, los padres deberían empezar por preguntarse si están listos para comprometerse con este proceso de sus hijos en el que la frustración o, incluso, la ira pueden aparecer justo cuando la humedad se evidencia en los pantalones de sus niños. También, si están ‘equipados’ con la paciencia necesaria para asumir esta fase y con la buena disposición para limpiar los ‘accidentes’ que muy seguramente van a ocurrir durante esta etapa.

Además, deberán cuestionarse sobre si están dispuestos a comprender que cada niño tiene su ritmo de desarrollo y que, por lo tanto, olvidarse del pañal no es una carrera contra el tiempo ni una competencia con otros padres, pues algunos niños lo logran antes y otros después. Finalmente, son ellos quienes controlan su cuerpo y eso depende de su evolución fisiológica.

¿Cuándo comenzará?

Para los especialistas, no existe una edad fija para dejar el pañal. Para ello, los menores suelen comenzar a manifestar signos de madurez mental y física entre los 18 meses y los 2 años, aproximadamente; pero hay otros que se demoran más, lo que no significa que la conducta sea preocupante o patológica.

Para Juan Manuel Paez, urólogo pediatra infantil, uno podría sospechar que el niño está preparado cuando comienza a manifestar que quieren hacer ‘pipí’, lo que implica que está haciendo consciente en su cerebro las señales que envía su vejiga. Otros signos se manifiestan cuando el niño empieza a incomodarse cuando tiene el pañal mojado y lo manifiesta, a la vez que procura pasar más tiempo con el pañal seco.

En palabras de Páez, “el control de esfínteres no es más que el proceso natural de maduración del sistema nervioso y del sistema urinario, que dialogan entre sí. Cuando el cerebro es capaz de percibir ese diálogo, el deseo de hacer una evacuación se pospone hasta el momento adecuado”. Esto es lo que hace que tu hijo termine desarrollando una capacidad de almacenamiento de orina y heces, así como un control voluntario o dominio de esa necesidad. (Puedes leer: El reto de cambiar el pañal)

No obstante, el proceso va paso a paso. Ese control de esfínteres generalmente se desarrolla en una secuencia que empieza con el control fecal nocturno, continúa con el control fecal diurno, le sigue el control urinario diurno y finaliza con el urinario nocturno.

¿Cómo lograrlo?

Aunque los especialistas subrayan que no existen estrategias especiales y que lo más importante de todo es la conexión emocional y empática con el menor, si se pueden repasar algunas estrategias para conseguir buenos resultados.

Una de ellas es inculcarle hábitos de higiene al pequeño a través del ejemplo que le muestren sus padres, pues el aprendizaje por imitación no es la excepción en este caso. Así, los padres pueden enseñarle, de manera muy lúdica y si se quiere divertida, cómo se desarrolla la rutina de ir al baño estableciendo un orden claro o una secuencia lógica en la que el menor comprenda cuáles son los pasos necesarios para hacer sus deposiciones. Por ejemplo, pueden llevarlo consigo al baño y explicarle que cuando se nos presenta la necesidad el paso número uno será bajarse los pantalones, el paso número dos será sentarse en la bacinilla o el inodoro, el tres será tomar el papel higiénico y mostrarle qué cantidad usar y cómo limpiarse, y así sucesivamente hasta llegar al lavado de las manos. La creatividad en este aspecto será fundamental. (Lee: Para que no se enrede al poner el pañal, siga este paso a paso)

Una recomendación importante para los padres es que tengan en cuenta limpiar a las niñas de adelante hacia atrás y no de la forma contraria, además de la higiene con agua y jabón.

Los pediatras, además, recomiendan el uso de bacinilla (las hay con sonidos y hasta juegos) o asientos pequeños, para que el niño sienta que utiliza un espacio propio que está a su alcance. Este es un elemento que le permite al menor sentarse cómodamente y evita que tenga miedo frente al ‘gigantesco’ inodoro.

De otro lado, acompañarlo al baño y permanecer a su lado es una de las tácticas que usan varios padres. Sin embargo, psicólogos infantiles como Vilma Pineda recomiendan que esta sea una estrategia temporal a utilizar mientras que el niño inicia el proceso y aprende a utilizar este espacio del hogar. De resto, solo se debe poner en práctica cuando el niño requiera ayuda, pues lo ideal es que adquiera la autonomía y la confianza de hacerlo por sí solo, como la actividad privada que es.

A su vez, la especialista es enfática en mantener control sobre quién acompaña al niño al baño, ya que esta debe ser siempre una persona de confianza con la que el niño se sienta seguro; de lo contrario, se podría poner al menor en riesgo.

Confianza y emocionalidad

Ahora bien, en este proceso de dejar el pañal, expertos como el urólogo pediatra Eduardo Llinás Lemus señala que “ante todo hay que brindarle al niño seguridad, claridad y cero presión”.

Dejar el pañal, para Llinás, es un proceso de ensayo, de acierto-error, en el cual se debe buscar “no generarle una respuesta negativa que lo haga sentir que lo que está tratando de aprender se puede convertir en un castigo si él no logra hacerlo bien”.

El castigo, según el pediatra, siempre será una opción contraproducente, pues genera presiones sobre el menor que lo desaniman o lo asustan, lo que genera que comience a bloquear el proceso o a temerle al mismo cuarto de baño. 

Por eso, lo más importante será no forzarlo ni regañarlo, así como evitar castigos y agresiones; en cambio, utilizar acciones que lo animen o apoyen a intentarlo, como llevarlo a comprar ropa interior que él mismo escoja y cuide, a comer un helado de vez en cuando o a hacer algo que le guste y lo haga sentir responsable y empoderado. Recompensarlo e incentivarlo con cumplidos moderados es otra de las estrategias, pero hay que cuidar que los premios no sean excesivos, porque se le puede dar a entender al niño que lo que hace en el baño es algo especial, en vez de algo natural.

Presión emocional

La psicóloga infantil Vilma Pineda hace un llamado a tener en cuenta que los problemas emocionales que vengan desde los padres, como los divorcios, la pérdida de un ser querido, los traslados de espacio, los cambios culturales o la llegada de un hermanito, entre otros, pueden causar regresiones en el proceso de dejar el pañal, como accidentes en la cama en la noche o eventualidades con la ropa durante el día.

Estos estarían relacionados con la ansiedad que podrían llegar a experimentar los niños como consecuencia de las situaciones que afectan su entorno directo. Esto se reflejaría en que el menor se devuelva unos pasos, lo que es bastante común y frente a lo cual los padres pueden esperar a que el menor se adapte a la nueva situación suspendiendo el proceso de enseñanza durante algún tiempo. ()

¿Cuándo preocuparse?

Según Juan Manuel Páez, urólogo pediatra infantil, "cada niño va a su ritmo: algunos pueden demorarse años, otros dominan el tema rápidamente, por lo que los padres no deberían inquietarse por el tiempo que se tome en el proceso, a menos que exista algún trastorno específico".

Esto, para el médico, podrían ser problemas relacionados con infecciones urinarias o problemas intestinales, en especial el estreñimiento, en cuyo caso los padres deberían consultar con un especialista para tomar las acciones correctivas a tiempo.