Mitos y verdades de los remedios caseros para los niños

Muchas madres usan alimentos o hierbas que no tiene validez científica.

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Por: Margarita Barrero
julio 19 de 2012 , 11:55 a.m.

El jabón azul, el tomate, las telarañas y la saliva, son algunas de las sustancias caseras que se convierten en  ‘medicinas’ cuando las madres deciden usarlas para sanar a sus hijos. La pregunta es: ¿qué tan efectivas son?
El pediatra Carlos Enrique Cortázar dice que la actitud de los padres y abuelos de resolver la enfermedad de sus hijos con elementos de su hogar antes de llevarlos al especialista responde a una tradición transmitida de generación en generación: “aún persisten mitos, muchos de los cuales no tienen aplicación alguna; pero otros ‘remedios caseros’ sí sirven dados los efectos de las sustancias que se utilizan”, asegura.
En la cultura campesina históricamente se les han atribuido características curativas a los alimentos o a las hierbas, y estudios recientes han podido comprobar la efectividad de algunos, que incluso han sido registrados en diccionarios médicos, según el pediatra Alejandro Luna. De hecho, mucha de la medicina homeopática, naturista o china, se basa en principios activos de elementos naturales. Incluso medicinas alopáticas (medicina convencional)  tienen sustancias obtenidas de plantas, capaces de modificar reacciones en el organismo, por ejemplo: la digoxina, que sirve para el corazón y se encuentra en una planta, o la penicilina, un antibiótico que viene de un hongo.
Estas son algunas de las alternativas que funcionan:
Panela rallada: es excelente antiséptico para las heridas abiertas o infectadas.
Vinagre: desinfecta, porque es ácido acético puro, así que mata cualquier bacteria.
: funciona como antiséptico en la conjuntivitis bacteriana y, a veces, es más útil que el mismo antibiótico, afirma el doctor Cortázar.
Tomate: se usa para ‘madurar orzuelos’ y, según el pediatra Luna, la hortaliza se ha estudiado científicamente y está comprobado que sus hojas tienen propiedades antisépticas para uso tópico experto. Sin embargo, la gente se confunde y piensa que es el fruto el que logra el efecto.
Caléndula: su agua se ha usado tradicionalmente para desinflamar cuando se presentan caídas: “Bases científicas soportan su uso antibacterial, antiinflamatorio y desinfectante, por eso ahora está en enjuagues bucales y cremas, también se usa para la dermatitis, las raspaduras y ampollas en la boca de los niños”, asegura el pediatra Luna.
Cataplasmas de hierbas: muy utilizadas por las abuelas para poner en las heridas con la intención de curarlas. Según los especialistas, este remedio podría funcionar solamente si en la fusión hay plantas con propiedades, como es el caso
del árnica,  la caléndula y las hojas de tomate, pero su uso no está aprobado médicamente.
No todo lo natural es inofensivo
Pese a que existen contadas excepciones, las recomendaciones de las madres o las abuelas tienen poca validez científica, pues es claro que hay algunos ‘remedios caseros’ que carecen de toda prueba o comprobación médica y que, definitivamente, no sirven o no son útiles para la salud. Estos son algunos casos:
Papa caliente: muy usada para bajar la fiebre y para los chichones, pero no funciona en ninguno de los casos.
Jabón azul: es utilizado para bajar chichones, pero este no sirve.
Papel azul: este se pone en la frente de los niños para contener el hipo, pero no existe ninguna evidencia de que haga algún efecto.
Limón: se usa tanto para detener las hemorragias como para el mareo, pero las dos son falsas creencias.
Camisa roja: normalmente se le pone al bebé para quitarle el escalofrío, pero no se ha demostrado que esta logre algún beneficio.  
Cuchillos helados  o carne fría: se cree que sirven para desinflamar, pero el pediatra Alejandro Luna afirma que no es el elemento lo que funciona  sino la temperatura, ya que esta permite disminuir la inflamación o hinchazón.
Papel periódico: para bajar la fiebre de los niños hay madres que ponen papel periódico en la frente del enfermo, y esto tampoco sirve para nada: “Si quieren bajar la temperatura del niño deben ponerle compresas con agua tibia en la frente o debajo de las axilas, y pueden bañar al niño con agua templada para mejorar la temperatura. Eso sí ayuda”, asegura el especialista.
Los padres siempre deben consultar
En muchos casos, la ignorancia médica de los padres los lleva a seguir consejos dados por personas que están convencidas de su falsa teoría, y esto puede enfermar más al niño e incluso poner en riesgo su vida. Estos son algunos ejemplos:
La saliva: una falsa y común creencia es la que dice que la saliva desinfecta las heridas. Según los médicos, lo que hace esta sustancia en aumentar el riesgo de infección, por los millones de microorganismos que contiene.
La vela: hay quienes utilizan el cebo de vela tibio sobre la nariz con la idea errónea de que este les sirve para descongestionar las fosas nasales de sus niños, cuando en realidad puede convertirse en una mecanismo de obstrucción nasal, peligroso desde el punto de vista médico, ya que uno de esos pedazos puede irse por la nariz y, además, la piel del menor de edad puede quemarse seriamente.
Fríjol: erróneamente le dan agua de fríjol a los bebés menores de 6 meses para que su estómago se vuelva más duro. Con esto se pueden crear graves obstrucciones intestinales, e incluso alergias.
Sobadas: se cree que ‘el cuajo’ en los bebés ocasiona diarrea y que la solución en una sobada. Esto es falso, se trata de una leyenda urbana, ya que el cuajo solo lo tiene la vaca y cualquier sobada en menores de 1 año puede generar obstrucciones o rupturas intestinales.
Leche materna: dicen que esta alivia el dolor de oído en el bebé, pero esto no ayuda y sí ocasiona infecciones y otitis severa.
Alcohol: colocar periódico mojado o un trapo con alcohol en la frente del bebé es peligroso, porque las sustancias que se liberan con estas mezclas pueden causar intoxicación por absorción de la piel, sobre todo en menores de 6 meses.
Café o telarañas: es un riesgo utilizar estos productos para evitar los sangrados en las raspaduras. Su uso puede acarrear una infección o intoxicación.