¿Su hijo no se quiere disfrazar?

Obligar y presionar al niño no es la mejor opción.

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Por: Tatiana Quinchanegua
octubre 25 de 2011 , 11:48 a.m.

“Es muy raro que a un niño entre los 4 y los 9 años no le guste disfrazarse, ya que están inmersos en una etapa de fantasía e ilusión en que el juego es una herramienta de comunicación”, afirma Carolina Molina, psicóloga especialista en Psicología clínica y desarrollo infantil de la Universidad de El Bosque de Bogotá, quien desarrolla una metodología psicoterapéutica caracterizada por el uso del arte.
Sin embargo, cuando esto sucede, añade, lo recomendable es evitar presionar al pequeño, para no cultivar miedos, temores e inseguridades a futuro.
Lo mismo opina María del Rosario González, psicóloga de la Universidad de la Sabana y del Jardín infantil Jack & Gill. “A algunos niños les cuesta trabajo ponerse sus primeros disfraces; lo más importante es no forzarlos porque podrían cogerle pereza al tema. Si usted nota que su hijo hace berrinche y necesita llevarlo disfrazado al colegio, lo que puede hacer es empacarle el traje en la maleta y motivarlo. Una vez arriben, permítale observar a los demás niños para que se le despierte el interés y quiera hacer lo mismo. Si se asusta, intente calmarlo y bríndele confianza”.
Días previos a la noche de brujas, fiesta de disfraces con sus amiguitos o presentación, desarrolle un juego de roles. Es importante promover la capacidad de expresión en él, preguntarle de qué se quiere disfrazar. Existen niños que con solo ponerse una corbata, corbatín, capa o pintarse la cara se identifican con los personajes, montan un escenario y construyen una historia. El papel de los padres es alimentar esta iniciativa a través del juego, lecturas atractivas y comunicación.
María del Rosario afirma que otra opción es llevarlos a escoger el disfraz o sentarse con los niños a crearlos. Y una alternativa que puede resultar es que los padres también se disfracen. El plan familiar le puede gustar al niño.

Por Tatiana Quinchanegua