El cuidado de un ser vivo fomenta y fortalece la responsabilidad de un niño

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Por: Abcdelbebe.com
mayo 09 de 2012 , 10:22 a.m.

Este sentido de pertenencia puede empezar a incentivarse al hacerlo cargo de una mascota o una planta.

La responsabilidad es un valor que se puede aprender desde los primeros años. Por supuesto, darles a los niños interminables cátedras sobre su importancia y la manera como deben asumirla, en ocasiones puede resultar inoficioso, pues más vale inculcarla a través de la experiencia directa y propia.


Por eso, según la sicóloga infantil María Isabel Guerrero, una manera para hacerlo es permitiendo que los pequeños se responsabilicen de un ser vivo, inicialmente puede ser de una planta y luego de una mascota.


“Para los niños resulta muy importante acumular experiencias no solo comportamentales, sino emocionales, que los harán más participativos y solidarios. Esto se puede lograr dándoles pequeñas responsabilidades que deberán ir aumentando en complejidad con el paso de los años; por ejemplo, sembrar una semilla, ver germinar la planta, trasplantarla y cuidarla para que se mantenga viva”, dice la experta.


Este tipo de actividades hace que los niños sean más sensibles y tengan un mejor sentido de participación. Con ello, a medida que van creciendo, tienen mayores habilidades para solucionar problemas cotidianos. Igualmente, son más organizados al ejecutar una tarea que les ha sido encomendada.


En convivencia
Guerrero explica que el hecho de que el niño sienta que algo con vida le pertenece “lo motiva a hacer; es decir, a la actividad, pues el niño que, gracias a las normas existentes en casa, entiende que tiene responsabilidades, acuerdos y derechos es un niño que logra involucrarse socialmente de manera positiva. Teniendo en cuenta que los seres vivos tienen la capacidad de generar interacción”.


En ese sentido, aclara que si bien es cierto que un animal o una planta no habla con el niño, sí tiene la capacidad de sorprenderlo al florecer o de esperarlo cuando llega del colegio, propósito que no se logra con seres inanimados.
Es justamente en ese punto en el que radica la importancia de interactuar con seres vivos, porque se despiertan en el niño la sensibilidad y los sentimientos de ternura, protección y afecto.


Además, el pequeño también comprende y disfruta lo agradable que resulta hacer cosas en común. “Si el niño no es un buen cuidador de su planta o mascota, observará que por su ausencia, la planta, por ejemplo, se deterioró. En ese caso, el adulto debe intervenir y hacerlo reflexionar, así el niño se dará cuenta de que es cierto que sus actos tienen consecuencias en los demás”, concluye Guerrero.