¿Por qué algunos niños se lastiman a sí mismos?

Pueden tener problemas neurológicos o sicológicos.

Foto:

 -

Por: Mónica Toro
enero 11 de 2012 , 10:37 a.m.

Jalarse el pelo, arañarse, rasguñarse, morderse y golpearse la cabeza contra el piso son algunas conductas autoagresivas que pueden tener los niños.
 Las razones de estas actuaciones, según el siquiatra infantil Germán Casas, pueden ser de tres tipos: sicológico, neurológico o manipulación.
 El primero se refiere al pequeño que se lastima después de un enojo o inconformismo, con el fin de llamar la atención. “Es el que después de que el adulto le niega un helado, el infante se agrede, creyendo que con esto llamará la atención y conseguirá lo que desea”.
Este tipo de niño, según Casas, es consciente de su agresión y evita, en la mayoría de los casos, lastimarse fuerte. Es decir, controla la fuerza con la que se pega, ya que solo busca ser complacido.
 Otro caso es el de aquel menor que se lesiona debido a la ansiedad, soledad, depresión y poca tolerancia a la frustración. Además, encuentran en la autoagresión la estimulación que les hace falta.
 “Estos son pequeños que carecen de amor y compañía, pero sobre todo del cuidado de los adultos, por lo que incluyen la autolaceración en un intento desesperado de tener un apego propio”, indica Casas.
 También puede ser el resultado, afirma la sicóloga Sandra Jaramillo, de una respuesta a la separación de sus padres, de problemas escolares, económicos y familiares en los que el niño se ve involucrado.
Sin embargo, la causa que requiere más cuidado es neurológica. Según el neurólogo pediatra Álvaro Izquierdo, el déficit de atención con impulsividad, el cuadro sicótico, el autismo, el retardo mental y las anormalidades metabólicas podrían ser algunas causas por las cuales los niños se agreden a sí mismos, ya que los aleja del mundo real y no les permite diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal, sufriendo así una alteración de la sensibilidad.
Investigadores han encontrado que desequilibrios en los neurotransmisores podrían causar conductas autoagresivas, ya que algunas sustancias podrían incrementar su producción o liberación, lo que aumentaría el grado de irritabilidad; además, el pequeño no experimenta ningún dolor mientras se hace daño.
 
¿Qué hacer?
Antes de diagnosticar al pequeño, la sicóloga Sandra Trujillo señala que lo más importante es revisar si ese comportamiento del menor ha sucedido una o varias veces y si los episodios los hace con varias o solo con una persona determinada. Eso, en realidad, dará un primer paso para que los expertos especifiquen las causas y los tratamientos que se seguirán.
Por lo tanto, Trujillo sugiere que en la primera autoagresión que vean de los hijos, los padres ignoren, calmen y, luego, les expliquen las razones por las cuales no se debe actuar con maltrato.
 “Es fundamental tener claro que si la autoagresión se repite, los adultos deben buscar asesoría de un experto, para descartar cualquier lesión sicológica o neurálgica”, indica Trujillo.
 Los tratamientos para la autoagresión dependen de la causa que la ocasionen; pero pueden ser sicológicos o con
medicamentos.

Tenga en cuenta
• Trate de resolver la autoagresión en casa, si esta fue ocasionada por una pataleta.
•  Hable con su pequeño e indague por las razones de la autoagresión.
• Bríndele abrazos, caricias y compañía, quizás se siente solo.
• No lo ofenda ni regañe cuando él se autolastime, puede ser contraproducente.
• No espere a que las autoagresiones se den más de dos veces. Visite al especialista cuando estas continúen.
• No considere que el maltrato es una manera de ellos conocer su cuerpo y el mundo.
• Nunca automedique.

Atender a tiempo
Toda autoagresión debe tener tratamiento, afirma el siquiatra infantil Germán Casas. Si los padres evaden la experiencia de un especialista para tratar a su hijo cuando se lastima a sí mismo para llamar la atención, podría volverse una costumbre hasta llegar, incluso, a afectarse a sí mismo con objetos que estén a su alcance. “La agresión podría llegar hasta la adolescencia”,  indica Casas.
Entre tanto, los menores con diagnóstico de agresión patológica y que no son evaluados ni medicados, explica Casas, podrían mutilarse y hasta tener un aumento en el umbral del dolor, lo que podría llevarlos a sentir que el dolor es un placer.