Texturas a flor de piel

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Por: Abcdelbebe.com
junio 05 de 2014 , 01:02 p.m.

La piel es el órgano más grande y el sentido más importante del cuerpo. La estimulación táctil, a partir de la exposición a diferentes texturas, es una de las estimulaciones más completas que un niño puede recibir, porque se dan a través del tacto y, por ende, se crean conexiones neuronales,  explica Catalina Torres, magíster en arteterapia.

“Mientras el resto de los sentidos siguen desarrollándose durante varios meses para llegar a su plenitud, el del tacto se encuentra a plenitud desde el nacimiento. Por tanto, las

primeras percepciones del bebé, a nivel del tacto, son muy intensas e importantes”.

La estimulación táctil se debe realizar mediante masajes, exposición a diferentes texturas y siempre en un ambiente de confianza y supervisando permanentemente.

Se pueden aprovechar los momentos cotidianos en la vida de los pequeños, tales como el baño, para que puedan sentir la textura del jabón y la esponja, primero seca y luego mojada. O en el momento del arrullo, la textura de las mantas lisas o rugosas. En el parque, los niños pueden explorar descalzos la arena, el pasto, las rocas y la hierba.

“Sugiero que los niños estén con una camiseta corta o pañal, para que puedan sentir las texturas en todo su cuerpo y experimentar con cada una de estas:

• Diferentes tejidos, como lana, pana, peluche y seda.

• Papel periódico, rugoso, de celofán, de aluminio o cartones acanalados.
• Semillas, granos (lentejas, fríjoles, garbanzos, pasta o arroz).
• Cepillos o esponjas.
• Plastilina, pintura, algodón, arena, agua con arena o agua con tintura de colores y crema de afeitar. 

Los padres pueden aprovechar estas situaciones de estimulación táctil para trabajar la comunicación y el lenguaje (nombrando las texturas y sensaciones que están sintiendo sus hijos, como suave, áspero, etc.). Asimismo, para compartir con ellos una situación nueva y satisfactoria, lo cual fortalece la relación y el vínculo afectivo. “Siempre que se vaya a realizar la actividad sensorial, es importante que el niño o la niña hayan dormido y comido bien. Además, se debe tener en cuenta su grado de tolerancia y siempre respetar su momento emocional y evolutivo”, explica la experta Torres.

Debemos procurar que las primeras experiencias sean agradables y gratificantes para los niños y, así, evitar posibles rechazos.

¿Cómo hacerlo?

La casa y los padres son el lugar y la compañía perfecta para lograr una estimulación táctil natural. Sin embargo, existen programas en academias que cuentan con las áreas de estimulación táctil.

A partir del nacimiento esta estimulación comienza a través de la comunicación con la piel. El intercambio de miradas y las sensaciones que transmiten las primeras caricias, le dicen al bebé que todo está bien. Le dan sensación de seguridad y contención.

“El masaje al recién nacido, que al principio puede ser de  2 a 5 minutos, se hace con aceites naturales, para que comience a sentir su cuerpo. La estimulación con texturas se puede introducir a partir de los 3 meses. De ahí hasta los 5 años de edad se recomienda la exposición a texturas para desarrollar la sensibilidad, la tolerancia y la seguridad en sí mismos y en el mundo que los rodea”, añade Torres.

Explorando sensaciones

Lentejas, cepillos carrasposos, contac, mantas suaves, jabón, agua, lentejas, avena y aceites naturales fue a lo que estuvieron expuestos estos pequeños durante la clase de estimulación táctil. Sin falta alguna, todos los infantes, cuando pisaban el contac y quedaban pegados, querían saltar y no continuar con el resto de texturas.

Catalina Botero, fonoaudióloga de Gymboree Colombia, indica que esto sucede porque es una textura que poco sienten en sus actividades diarias. “Esto es normal, y lo que debemos hacer cuando esto sucede es exponerlos más seguido a esta textura, hasta que se acomoden y ya la disfruten y deseen explorarla mucho más”.

La razón por la cual en Gymboree utilizaron estas texturas es porque cuando se realizan los contrastes es cuando se enseña más a los pequeños. “Que un niño experimente una esponja suave y otra dura es maravilloso para el aprendizaje, porque el niño lo que hace es asimilar que existen diferentes texturas y, por ende, sensaciones, las cuales le ayudarán a tener más conocimiento, a conocerse mejor y a contener información en su cerebro”, relata Botero.

Para practicar en casa

• De 0-6 meses: el mejor estímulo táctil a esta edad es el contacto a través de las caricias y el masaje corporal del bebé (que debe durar de 2 a 5 minutos). Durante el cambio de pañal se puede aprovechar para acariciar suavemente las extremidades y el tronco del bebé, indicándole el nombre correspondiente: brazo, mano, pierna. Además del estímulo táctil, también debe hacer el auditivo.

• De 7-12 meses: la estimulación táctil en este periodo ya no es pasiva sino activa, y de exploración por parte del niño. Se le puede acompañar para que examine con sus manos y su cuerpo distintos tipos de texturas, como telas diferentes, arena, granos, agua, pintura, etc. (teniendo en cuenta que a esta edad suelen llevar todo a su boca y, por tanto, estar pendientes de no dejarlos solos durante estas actividades).

• De 12 meses hasta los 5 años: este es el periodo más importante de los niños en la exploración del mundo que los rodea. Permitirles jugar con agua, arena, diferentes texturas como plastilina, arcilla, pinturas, telas y estar descalzos en el pasto, les dará seguridad y confianza en ellos mismos y la posibilidad de un mejor desarrollo integral.

Beneficios

Las expertas Catalina Botero y Catalina Torres explican los beneficios de la estimulación táctil

en los niños.

Teniendo en cuenta que el desarrollo cerebral de los pequeños depende en gran medida de la cantidad y calidad de estímulos que reciben desde edad temprana. Un niño expuesto a texturas tiene más posibilidades de hacer conexiones neuronales que le van a ayudar a su desarrollo físico, cognitivo y emocional.

Específicamente, con la estimulación con texturas se trabajan las terminaciones nerviosas, importantes en el desarrollo de la motricidad fina y gruesa, y el sentido del tacto les brinda la seguridad de explorar con confianza el mundo que los rodea.