De la independencia a los primeros amigos

Los niños necesitan tener cerca a sus padres, pero también deben aprender a no depender de ellos.

Niños jugando

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Por: ABCdelbebe.com
septiembre 05 de 2018 , 10:27 a.m.

Aprender a relacionarse con los demás, ser sensible y empático hacia los otros y saber controlar las emociones son habilidades que no aparecen de la nada. De hecho, los primeros años de tu hijo son determinantes para que alcance un buen desarrollo socioemocional y, aunque muchas otras variables influyen a lo largo de la infancia, sí podemos favorecer positivamente esos primeros momentos de socialización. ¿Cómo lograrlo?

Lo primero que debes saber es que tu bebé ya nace con una predisposición genética, como ser social que es, para atender y responder a los estímulos sociales y emocionales de su entorno. Así, desde que los primeros meses prefiere la cara y la voz humana ante cualquier otro tipo de estímulo y responde a los gestos, juegos y las interacciones que los adultos generan para captar su atención.

Aquí, las primeras formas de socialización de tu hijo parten de vínculo emocional que se genera con las figuras más cercanas a él: sus padres, abuelos, hermanitos, tíos y cuidadores, y que se materializan cada vez que estas personas lo alimentan, lo bañan, le cambian el pañal, lo visten, le dan un paseo o lo preparan para la hora de dormir: siempre, siempre hay interacción verbal y física.

Pero es a partir del primer año que tu pequeño empieza a interesarse por el mundo que le rodea. Con la llegada del gateo y luego, la aparición de los primeros pasos y el posterior inicio de la marcha, la posibilidad de exploración se torna un factor esencial en su relación con el mundo.

Es en este punto donde aparece la formación del apego seguro: tu niño llorará con gran desconsuelo y angustia ante la separación de la madre o del padre, mientras que si alguna de esas figuras están presentes, explorará libremente el medio cercano.

Al respecto, la psicóloga Paula Martín de Bustamante explica que "cuando las figuras de apego responden a las demandas del bebé de manera sensible, se genera lo que se denomina 'apego seguro', el cual permite que los niños sean capaces de gestionar adecuadamente las emociones negativas y amplificar las positivas en su beneficio. Así, si el apego se ha establecido de manera sana, existirá una motivación en el pequeño por conocer su entorno, siempre con la posibilidad de volver a su base segura, que son sus padres y cuidadores", explica Bustamante.

La interacción a través de los objetos

Ahora bien, la siguiente etapa en el desarrollo social y emocional del niño es fruto de esa curiosidad por conocer todo aquello que le rodea. En este punto aparecen las llamadas "conductas de atención conjunta", en las cuales tu pequeño señala algo que le provoca interés y dirige la atención del adulto hacia ello. Igualmente ocurre a la inversa. El adulto señala algo, el niño sigue su mirada y presta atención a lo que el adulto le dice sobre el objeto.

Por ello, este tipo de interacción es especialmente relevante en el aprendizaje del lenguaje, favoreciendo la asociación de las palabras con su referente. Es esencial que prestes atención a lo que el niño mira y/o te señala y, a su vez, le muestres aquello que le rodea y se lo menciones por su nombre ya que son conductas facilitadoras que contribuyen a establecer una interacción social adecuada.

Desarrolla la imaginación de tus hijos a través del juego
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En adelante, tu hijo no solo buscará dirigir tu atención hacia los objetos, sino que esperará que realices una acción determinada con los mismos. Dar, tomar, ofrecer, mostrar, manipular y hacer sonar, conjuntamente, favorecen la interacción con el otro a través de los objetos y permiten que el niño descubra el uso funcional de los mismos por lo que también conviene generar diálogos sencillos y claros con él.

Yo, yo, yo

A partir del año y medio, tu pequeño entra en una fase que se caracteriza por descubrirse a sí mismo y esto supone el primer gran paso hacia la búsqueda de su independencia: comienza a querer hacer cosas por sí mismo, a tomar decisiones y a seguir sus propios criterios. Además, ya tiene un apego establecido a sus padres, que le proporciona seguridad y confianza y eso le abre las puertas a la relación social con otras personas y con sus iguales.

Sin embargo, el desarrollo de todas estas capacidades va teniendo lugar de forma paulatina y va acompañado de la falta de conciencia de sus propias limitaciones, lo que hace frecuente la aparición de conflictos entre lo que quiere y puede hacer o los límites que le marcan los adultos. Por ende, las rabietas o pataletas son características de esta etapa ya que tu pequeño se ve superado por sus propias emociones.

En este sentido, los psicólogos infantiles advierten que no es adecuado darle todo lo que pide para que no llore, pero sí es necesario prestar atención a esos sentimientos de frustración que el niño aún no sabe manejar. Por último, hacia los dos años los niños inician las relaciones con sus iguales. No obstante, en un inicio, Todo su mundo gira en torno a sí mismo. Esto limita su forma de relacionarse con otros niños.

Así, puedes llegar a observar que, en el parque, aunque tu niño se siente a jugar al lado de otros pequeños, jugará solo y los observará. Pueden jugar juntos, en el sentido de compartir espacio y tiempo de juego, con breves interacciones basadas en mirar lo que hace el otro e incluso imitar sus acciones, pero aún sin compartir los objetos.

A su vez, te darás cuenta de que, por lo general, los contactos se producen cuando uno intenta apoderarse de los juguetes de otro o cuando éste defiende los suyos. En este sentido, si tu hijo es muy posesivo con sus juguetes es aconsejable que le enseñes a compartir y trates de convencerlo de que no ocurre nada si otro niño juega un rato con ellos, pero siempre reafirmándole que es su juguete y que nadie se lo va a quitar. Esta capacidad para compartir surge poco después, por una parte, con el desarrollo propio del niño cuando se va acercando a los tres años lo que implica una mayor evolución en su lenguaje y cambios en su forma de juego, que pasa de ser individual a ser más imaginativo y social. Por ello, los niños empiezan a ponerse de acuerdo con otros y cooperar para lograr objetivos.