¡El niño no hace caso!

Cuando los pequeños desafían a sus padres, sienten que ganan independencia.

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Por: Tatiana Quinchanegua
julio 31 de 2014 , 04:29 p.m.

¿Su hijo le reprocha, se torna desafiante e imponente cuando se le da una orden, no hace caso y cuestiona lo que se le dice? Tranquilos papás. A esta etapa entre los 2 y 3 años se le conoce, desde la psicología, como la primera adolescencia, momento en el cual han ganado algo de independencia gracias a que tienen un mejor vocabulario y control de su cuerpo.

No todos los niños viven este momento. Por el contrario, según el doctor César Sierra, investigador del Observatorio de Educación y coordinador de la Escuela de Educación de la Institución Universitaria Politécnico Grancolombiano, “los niños se comportan según lo que les enseñan sus padres, el contexto en el que crecen y las pautas de crianza que se tienen en casa”.

Por ello, cada niño tiene características distintas de personalidad y de comportamiento.

Cada infante expresa las cosas de forma diferente. Algunos pueden sentirse ‘agrandados’, otros se manifiestan a través de la rebeldía y la pataleta. Mientras que otros se deprimen e intentan manipular a los adultos.

¿Qué hacer? Padre, educadores y cuidadores deben asumir su papel de adultos orientadores de la formación de los niños y, en este momento de su vida, enseñarles a manejar sus emociones, empezando por transmitirles calma. De esta manera, el niño identificará lo que siente y empezará a autorregularse.

Los adultos deben aprender a manejar la situación y no tomarlo a manera personal. Es decir, evitar pensamientos como “soy un tonto”, “esto me va a quedar grande”, “no puedo con este niño”.

Si el infante toma una posición desafiante, lo mejor es que el adulto se ponga a la altura del pequeño, lo mire a los ojos y repita frases como “si me vas a seguir gritando, no hablo contigo”, “si haces pataleta, me retiro”. Posteriormente, emplear estrategias como la del tiempo fuera, que consiste en dejar al niño alejado durante un minuto por edad, es decir, si tiene 3 años darle tres minutos para dar la posibilidad de reflexión, hasta que se calme.

Es probable que el niño emita frases como “ya me calmé, ¿me puedo ir?” o “ya se me pasó”. Pero cuando empiezan a hablar vuelven a alterarse. Si esto sucede, deben repetir los minutos de tiempo fuera y explicarles que con ese comportamiento no es posible establecer una conversación.

La mayoría de los adultos quisieran tener hijos perfectos, pero eso nunca sucederá. Y en esa etapa en que lo pequeños se tornan desafiantes, es clave enseñarles a manejar sus emociones y a controlarse. Una vez pase el tiempo fuera, se debe hablar con firmeza con los niños, sin gritarlos, maltratarlos, menospreciarlos o agredirlos. Se deben emplear frases cortas, para que los niños entiendan de lo que se les está hablando.

Según Viviana Delgado, psicóloga del Montessori British School, subir el tono de voz y gritar implican un valor adicional al tono desafiante de los niños. “Aunque es una forma de expresión, lo que buscan los niños es desesperar a sus papás. Tienden a emplearlos mientras están en la calle o en un centro comercial, donde se siente acompañados de muchas personas. Recuerde, usted es el adulto. Se debe apartar al niño, explicarle que debe comportarse y callarse. Si no lo hace, ¿quién se va a cansar: el papá de escuchar a su hijo o el niño de la garganta? Los padres no se deben dejar manipular”, agregó.

El acelere diario obliga a los padres a solucionar de manera rápida este tipo de conflictos. Sin embargo, los adultos deben aprender a manejar estas presiones y a solucionar de forma inmediata, ya que si se espera y se arregla en casa no tendrá ningún efecto positivo.

Por ningún motivo debe convertirse en una situación recurrente. Ambos padres deben estar sintonizados en la forma de crianza de sus hijos. En caso contrario, deben evaluarse las pautas que se dan en casa, con ayuda de un psicólogo.

Posterior a la corrección, es importante que el niño entienda en qué está fallando y cómo enmendar la situación para no repetirla. También se les debe enseñar a reflexionar y a pedir perdón, a través del ejemplo.