Jardín infantil: en la ‘U’ y la oficina

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Por: Karen Johana Sánchez
junio 05 de 2014 , 04:12 p.m.

Los tiempos han cambiado. Y bastante. La necesidad de que los niños reciban cuidado mientras sus padres trabajan es una de las principales preocupaciones de las familias de hoy, de una sociedad donde la madre trabaja más que antes y delega la protección de su hijo a un cuidador.

Por esta razón, varias empresas y universidades del país se han preocupado por generar bienestar a la vida familiar del empleado, el estudiante o la sociedad en general y han creado jardines infantiles, propios o avalados por su institución, para cuidar y formar a los niños que hacen parte de su comunidad empresarial o académica.

“En estos tiempos modernos, las mujeres debemos trabajar más y, debido a las distancias, no tenemos tiempo de compartir con el bebé porque generalmente está en un lugar lejano. Tenerlo cerca te da ganas de poder compartir con él, ver su crecimiento, desarrollo, pilatunas, ver cómo cada día va descubriendo el mundo. Porque si lo dejo donde mamá o un en un espacio cerca a la casa, no tendría esas facilidades”.

Así como Sandra, muchas madres viven agradecidas por este tipo de beneficio. Ella, por ejemplo, trabaja hace 14 años en la Universidad Central y desde que su bebé, Juan, tenía 5 meses, lo dejó al cuidado del jardín infantil de esta academia.

Entidades comprometidas

Estos proyectos generalmente hacen parte del área de recursos humanos o bienestar, según el caso, de las universidades y empresas. Su propósito, más allá de ser estratégico o monetario, es brindar calidad de vida a los padres de familia.

“Cada vez más, las empresas se preocupan por el bienestar de sus empleados. Esto viene con una tendencia de responsabilidad social, cuando sabemos que lo importante no son los ingresos, sino las personas y que si ellas están contentas y felices, pueden ser más productivas y trabajar tranquilas”, dice Ana María Rodado, gerente operacional de Advenio, jardines corporativos.

Para Edna Margarita Corredor, directora del jardín infantil Universidad Nacional de Colombia (sede Bogotá), el aporte más grande tiene que ver con la concepción de una nueva sociedad o un país y de un desarrollo educativo: “Cuando las universidades hacen este aporte producen inversión en primera infancia y en el país. Se disminuyen gastos hacia el futuro en tener que reinvertir en educación. Además, se le permite al estudiante culminar su carrera profesional y, por ende, eso va a ayudar a que le país crezca educativa, social y culturalmente”.

Es una acción de transformación. “Estamos educando, cambiamos formas de ver la vida, de ver el mundo, de ser mejores ciudadanos. Y en los programas de responsabilidad social, lo ideal es que el Estado lo hiciera todo, pero en nuestro país no se puede y las empresas pueden ayudar, aunque no sea su total responsabilidad”, señala Adriana Salazar, directora del Jardín Infantil Osito Pardo, que pertenece al Grupo empresarial Bolívar y es manejado por el Preescolar Talento.

En las empresas, por ejemplo, adicional a la retribución monetaria se genera un salario emocional que, como lo explica Carmen Elena Largo Mejía, gerente de recursos humanos de Emergia, son estrategias que las compañías desarrollan para fidelizar a sus empleados; hace relación a todo lo que se le brinda al empleado, diferente a lo meramente económico, y que ayuda a su satisfacción, permitiéndoles valorar la permanencia en la compañía.

Estos beneficios, entonces, redundan en personas comprometidos con sus labores, más productivas y leales a su entidad.

Como Miryam Bernal, estudiante de la Universidad Central –de donde su esposo es egresado– quien, además de sentir tranquilidad y confianza por el cuidado de su hija, dice tener un sentido de pertenencia y agradecimiento por esta academia.

Además, al tener guarderías en empresas y universidades, según las fuentes, se contribuye a la disminución de la deserción estudiantil, el ausentismo, las rotaciones de empleados y la falta de oportunidades.

Beneficios incalculables

El principal aporte de este tipo de ayuda para los padres es que su hijo esté en un lugar cercano y sea cuidado por personas idóneas.

Se permite abrir espacios al diálogo y participación de los padres, y hasta la visita en pequeños momentos, sobre todo de los niños más pequeños. Es más, se suplen necesidades tan básicas, pero tan difíciles como la lactancia materna, así como lo cuenta Sandra, quien sale corriendo a la hora del almuerzo de la universidad en la que trabaja para ir a amamantar a su bebé.

Otra de las ayudas son los horarios extendidos, en jornada laboral y estudiantil, y las tarifas económicas. Generalmente, estos jardines son subsidiados, según el ingreso o las necesidades del usuario. Es la situación de Leydi Herrera Rojas, quien trabaja con el Grupo Bolívar hace 4 años, entidad que cuenta con dos jardines para los hijos de los empleados en dos sedes de la ciudad. Desde que su hijo tenía 3 años, ha pertenecido al Jardín Infantil Osito Pardo, que financia su empresa casi en su totalidad. “Es buenísimo, primero por la parte económica, porque pago un porcentaje mínimo de mi salario mensual. No se cobra material, almuerzo, onces, ni nada. Lo único adicional es la ruta. Además, tiene una metodología y un personal excelentes”.

Igualmente, son jardines que tienen un respaldo de la institución de tipo educativo y formativo. Esto redunda en que el hijo del estudiante o el empleado no solo está bien cuidado, sino además se está formando en áreas cognitivas, nutricionales, corporales y académicas, esenciales para salir a la vida escolar.

Incluso, se garantiza un cuidado integral donde se involucran expertos que, por ejemplo, en las universidades, integran a facultades de diferentes disciplinas y en ocasiones se forman estudiantes para hacer prácticas allí, explica Luisa María Guerra, directora Jardín Infantil Santiaguitos, de la Universidad Santiago de Cali.

“Es importante que las empresas se preocupen por darle ese apoyo a los padres de familia porque no es lo mismo una simple guardería donde solo se cuidan los niños, que tener un lugar donde se garantiza que no van a ser maltratados, estarán seguros y van a tener una formación completa”, opina Luz Elena Rojas Fernández, psicóloga social y comunitaria, y directora administrativa del jardín infantil Universidad Central.