¿Necesitará aparatos?

La valoración temprana y continua de un especialista diagnosticará anomalía

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Por: Karen Johana Sánchez
julio 03 de 2014 , 02:08 p.m.

Desde que los bebés nacen se pueden ver “malformaciones como el paladar hendido y el labio fisurado, donde están afectados el maxilar superior, el paladar duro y blando, y el reborde de hueso, donde después se ubicarán los dientes y el  labio superior”, señala Ximena Baquero Álvarez, odontopediatra de la Clínica Infantil Colsubsidio, especialista en  ortodoncia preventiva e interceptiva, y expresidenta de la Academia Colombiana de  Odontología Pediátrica.

También, añade, puede haber alteraciones anatómicas en los frenillos del labio y de la lengua que pueden llevar a problemas en el desarrollo del lenguaje.

Ahora, los principales problemas que afectan a los niños pueden ser dentales (solo a los dientes) y esqueléticos (a los maxilares). También existe una variante que es la combinación de los dos anteriores, indica el odontopediatra y ortodoncista Juan Roberto López.

En los dentales pueden existir problemas de número, tamaño, forma, estructura y posición de los dientes. Pueden ser muy grandes o muy pequeños. Si son grandes, dice el odontopediatra, existe la posibilidad de que no quepan todos en la boca. Si por el contrario, son chicos, pueden existir muchos espacios entre cada uno de ellos.

Otro problema que se puede observar son las malas posiciones. “Generalmente los dientes y las muelas del arco superior cierran por delante de del arco inferior. Hay casos donde es al contrario, los dientes y las muelas de abajo cierran por delante de los de arriba. Esto se llama una mordida cruzada”, agrega López.

También puede suceder que los dientes de arriba estén demasiado salidos con relación a los de abajo, puntualiza el experto. En este caso, tanto el niño como sus padres, deben tener mucha precaución con las actividades diarias que se realizan, ya que una caída puede fracturarlos.

Estas situaciones se deben vigilar continuamente para detectar posibles anomalías en la dentición de leche o en la futura dentición permanente.

Las anomalías esqueléticas, por su parte, involucran a los huesos del maxilar superior y la mandíbula. Estos pueden crecer mucho o muy poco. Según el especialista, “al no tener un crecimiento normal los huesos de la cara, se puede ver afectada la manera como se relacionan los dientes y las muelas del maxilar superior con los que están en la mandíbula”.

Además, dice la doctora, los maxilares pueden tener una posición hacia adelante o hacia atrás, lo que ocasiona también mala mordida y maloclusión.

En general, añade la doctora Baquero, también docente de la Pontificia Universidad Javeriana, “las maloclusiones pueden estar genéticamente determinadas, igual que las características de los dientes, pero pueden ser también ocasionadas por factores ambientales como chupar el dedo, una respiración oral crónica, incompetencia para cerrar la boca o una posición hacia adelante de la lengua. En general, cuando hay presiones musculares anormales sin corregir a tiempo, se pueden generar maloclusiones o empeorar las genéticas”.

Los casos más complicados, señala Juan Roberto, “son cuando hay problemas dentales, ya sea de forma y/o de posición, y también existen problemas de crecimiento y desarrollo del maxilar superior y/o de la mandíbula. Aquí es cuando se observan las alteraciones más notorias en la cara de los pacientes”.
La doctora indica que también pueden existir anomalías funcionales, como problemas de masticación, deglución, fonación y respiración.

Prevención y tratamientos

La corrección de estos problemas depende de varios factores, pero la primera recomendación es prevenir a tiempo aquellos que se pueden controlar.

Como primera medida, es importante recibir educación en salud oral desde que la madre está embarazada para que promueva hábitos sanos y cuide los dientes del bebé y del niño en crecimiento, pues como dice la doctora Baquero, “una de las causas más frecuentes de maloclusiones es la pérdida temprana de dientes, lo cual ocurre principalmente por caries de la infancia temprana y traumatismos dentales”.

Es igual de importante conocer los beneficios de la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de edad, pues esta, agrega, “promueve el crecimiento adecuado de los maxilares y de la musculatura perioral”.

También, explica, se pueden interceptar hábitos musculares anormales e indicar a los padres cuándo retirar un chupo o cómo y cuándo suspender el hábito persistente de chupar dedo.

Ahora, si es necesario practicar algún tratamiento, el paciente debe tener una edad suficiente para poder colaborar con este, según lo que necesite. Es importante evaluar la severidad del problema y sus posibles consecuencias si no se corrige a tiempo, indica el experto: “mi recomendación es que los niños y sus padres visiten al odontopediatra desde el primer año de edad para monitorear su normal crecimiento y desarrollo dental y esquelético. Llegado el caso de que se presente una problema, se podrán tomar la medidas correctivas necesarias y, si es necesario, remitir al niño donde el ortodoncista”.

Ahora, existen muchas opciones terapéuticas para la corrección de estos problemas: observación, utilización de aparatos, sacar dientes, usar los brackets. En casos más severos, se puede optar por una cirugía.

Algunas maloclusiones se corrigen tempranamente con aparatos fijos o removibles, teniendo en cuenta que se requieren los 20 dientes ya erupcionados y aproximadamente 4 años de edad para que el tratamiento pueda ser exitoso, dice la odontopediatra: “Se debe hacer una valoración por parte del especialista para ver el tipo de maloclusión, el desarrollo emocional del niño y la viabilidad del tratamiento. En algunos casos, es mejor esperar un tiempo para hacer la corrección”.

La ortodoncia temprana trata las maloclusiones, incluso antes de que el niño termine su crecimiento y desarrollo craneofacial y dental. Algunas, dice la doctora, se pueden tratar desde los 3 años con aparatos fijos, y desde los 4 con removibles, cuando ya se espera colaboración del niño y de los padres, de quienes depende en buena parte el éxito del tratamiento.

En algunos casos se debe esperar hasta la dentición mixta para considerar el tratamiento.

Independiente del problema y del aparato que se use para su corrección, dice el especialista López, lo más importante para que un tratamiento sea exitoso es el trabajo en equipo donde participan el niño, sus padres y un grupo de odontólogos especialistas. Si este trabajo no es coordinado, las posibilidades de lograr un resultado exitoso no son muchas. Si el niño o sus padres tienen alguna duda, deben consultar y hacerle saber al odontólogo qué los inquieta.