"No existen las terapias mágicas para los niños": Isabelle Beaudry

Isabelle Beaudry, experta en terapia ocupacional, explica.

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Por: Karen Johana Sánchez
octubre 11 de 2013 , 11:45 a.m.

Los niños están padeciendo más problemas en el desarrollo que antes, y sus padres tienen un afán continuo de encontrar las mejores terapias o métodos para contrarrestar las dificultades de sus hijos. Sin embargo, este ‘boom’ de ayudas no es la gran solución, pues hay diversas variables que se deben evaluar para tratar a los pequeños. Esta es una de las opiniones de Isabelle Beaudry Bellefeuill, especialista en terapia ocupacional de la Universidad M. Gill. de Montreal, certificada en integración sensorial y actualmente directora de la Clínica de Terapia Ocupacional de Oviedo en España, quien habló con ABC del Bebé sobre por qué el uso de las terapias son cada vez más frecuentes y cuáles, de verdad, funcionan en actualmente.

¿Desde cuándo las terapias son importantes en la vida de los niños?

En general, desde los años cincuenta o sesenta se está dando un enfoque especial a ciertos tipos de problemas. Desde ese tiempo, hay un movimiento más humanista en la educación que hace que nos preocupemos más por aquellos que tienen dificultades. Desde el punto de vista de la atención a los niños, podemos hablar que desde la segunda mitad del siglo XX, figuras como el terapeuta ocupacional, el fonoaudiólogo, el fisioterapeuta y el psicólogo son personas que van desarrollando un papel cada vez más relevante en la atención a niños con necesidades especiales. Inicialmente, el trabajo con terapias, de rehabilitación, estaba enfocado más a personas con grandes dificultades, muy obvias, como parálisis cerebral o síndrome de Down, problemas que saltaban más a la vista. En los últimos años, a partir del trabajo de la doctora Jean Ayres (terapeuta ocupacional estadounidense) y Jean Piaget (psicólogo suizo), quienes empezaron realmente a estudiar cómo aprenden los niños, estamos atendiendo más a pequeños con problemas leves de aprendizaje, quienes son aparentemente normales, pero tienen algunas dificultades en su desarrollo que afecta el aprendizaje en la escuela, las actividades diarias, y eso tal vez es más reciente.

¿Cuáles son los principales problemas que viven los niños hoy día?

Muchos padres acuden por diagnósticos de diversos tipos, como autismo, déficit de atención, hiperactividad y problemas de aprendizaje en general. Por ejemplo, los niños que no van bien en el colegio son un grupo grande de la clientela de clínicas que ofrecen terapias para los niños. De estos, los que tienen una enfermedad o una condición, como parálisis cerebral, son más incorporados en el sistema. Como se detecta muy pronto el problema, suele  haber instituciones que se hacen cargo de ellos. Pero estos otros niños que tienen dificultades sutiles son diagnosticados después y llegan más tarde a terapia.

¿Cuáles son los principales miedos de los padres a la hora de consultar?

Desde el punto de vista del ‘qué dirán’, sigue existiendo el miedo a que “si llevo a mi hijo a terapia, no es un niño normal”, cuando sabemos que hoy día acudir a una terapia es como quien va a una cita médica normal. Allí se trabaja, se intenta corregir, no hay que tener vergüenza.

Ahora, el gran temor es si el niño saldrá de esto. ¿Lo superaremos? Y es una pregunta a la que la mayoría de las veces no podemos contestar. Lo que sí podemos decir es que, entre más temprano empecemos a trabajar en el problema, mejor son las expectativas para superar las dificultades.

¿Cuáles son las terapias adecuadas?

Cuando una familia tiene una preocupación por el desarrollo de sus hijos, lo mejor es acudir a un centro donde se puedan valorar todas las áreas del desarrollo; es decir, un equipo multiprofesional. Realmente lo ideal es que haya un terapeuta ocupacional que asuma el papel de valoración y derivación a otras ramas, como fonoaudiología, fisioterapia, apoyo psicopedagógico o alguna derivación médica.   Y, si realmente, por ejemplo, el área afectada es la motriz, el fisioterapeuta es quien va a tener un papel más relevante en la terapia. Es decir, no hay una receta sencilla y, por eso, me preocupa que existan determinados grupos profesionales que trabajan de manera aislada, y creo que eso es un error. Hoy día tenemos mucha información  y es casi imposible que un solo profesional pueda controlar la situación. Lo ideal es que los padres puedan acudir a centros donde existe un trabajo multidisciplinario, donde se sabe que, si hace falta algo, el niño puede tener la valoración integral.

¿Cuáles son las terapias más novedosas que hay actualmente?

Más que hablar del nombre de las terapias novedosas, es mejor buscar un profesional que sepa utilizar la técnica que necesita su hijo. Es decir, en vez de buscar una técnica, porque hay algunas personas que se forman en esta y es la que aplican, se debe buscar un buen profesional de la rehabilitación. Él sabrá si esa técnica novedosa es lo que necesita su hijo, o realmente no le sirve. Porque eso lleva a los padres a hacer  una especie de peregrinación por pseudoprofesionales que venden técnicas en vez de ser profesionales de un área.  Puede haber diferentes terapias con nombre específico, pero siempre les digo a los padres que busquen un profesional del área, que sabrá qué técnica utilizar, en vez de uno que venda una sola técnica, porque ese la venderá a todos los padres por igual.

En este sentido, ¿qué piensa del ‘boom’ de las terapias para niños?

Las terapias son una necesidad. Efectivamente hoy tenemos más niños con problemas que antes, porque hay más nacimientos prematuros, contaminación en el ambiente, la comida no es tan natural como antes, las madres trabajan, el estrés. Hay mil factores para tener en cuenta. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado. Desgraciadamente, hay muchos pseudoprofesionales sueltos por el mundo que ven a los padres con un niño con problemas como un cliente. Es triste. Nuestra profesión es de ayuda, es humana, es de salud, estamos tratando con familias, con  emociones, de ayudar a niños. Creo que en todo el mundo hay ciertos abusos mercantiles alrededor de esto. Creo también que ante el centro o el profesional que intenta convencer o vender la idea que, con su terapia, va a resolver el problema, hay que salir huyendo. No existen las terapias mágicas, no existe un profesional con una barita mágica que pueda arreglar todo. También los padres tienen que asumir que su papel es muy relevante. No pueden esperar que su niño vaya a mejorar porque lo están llevando a una terapia diaria; no es así. Su colaboración con los terapeutas es fundamental para que este mejore. No es que lo llevo a terapia, me arreglan y ya.
Realmente, en mis 25 años de profesión, lo que veo es que cuando la familia se compromete con las indicaciones y el trabajo en casa que recomiendan los profesionales, y se hace de una manera coordinada entre las diferentes áreas profesionales que incluye la familia y el colegio, es la mejor manera de avanzar.  Incluso, hay padres que están tan enloquecidos por buscar esa solución para el niño, que eso deteriora la vida familiar, las finanzas y empeora el problema.

Entonces, ¿cómo saber si son útiles?

Las terapias, sean cual sean, necesitan constancias y continuidad. También necesitamos fijar, juntos, tanto el profesional como los papás, unos objetivos concretos, bien identificados y realistas. Y evaluar, ¿estamos consiguiendo nuestros objetivos? Si es así, fenomenal; si no… ¿mis objetivos eran realistas o tal vez no estoy con el profesional adecuado para cumplir ese objetivo?

A veces los problemas infantiles se confunden uno con otro. No todo es blanco y negro.
Lo que sí está claro es que cuando una familia tiene la impresión de que el niño está estancado, debe hablar cara a cara con el profesional y evaluar los objetivos. Si no se cumplen, hay que cambiar los logros establecidos o la terapia.

¿Cómo se identifica la utilidad de una terapia en el niño?

Si este va llorando y gritando, y con miedo o disgusto a una terapia, hay que cuestionarse, porque sabemos que para aprender y asimilar nuevas capacidades, tenemos que estar a gusto, tranquilos, motivados. Entonces, si el profesional propone un método que provoca mucho rechazo en el niño, yo me preguntaría sobre la utilidad de esa terapia. También me cuestionaría si el niño no avanza. También advierto que los padres se tienen que implicar en el tratamiento. Deberían, siempre que se pueda, estar presentes en la terapia, seguirlo de muy cerca para entender los progresos. Porque, a veces, para un terapeuta, un niño que no habla nada y después de semanas de trabajo asimila el uso de una palabra es un gran paso. Pero los padres quisieran que hablara como el hermanito. Hay que mirarlo desde distintos puntos de vista. Hay que hacer un balance.