¿Para qué sirve enseñar a los niños a ahorrar?

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Por: Karen Johana Sánchez
junio 17 de 2016 , 11:25 a.m.

Así como el niño aprende a comer, a leer y hasta a bañarse, la primera infancia es el momento adecuado para enseñarle a ahorrar.

Según un estudio de la Universidad de Cambridge, los hábitos financieros de los adultos se forman desde temprana edad. Como dice Martha Liliana Cavanzo Ortiz, gerente de Inverkids S.A.S., entidad creada para enseñar comportamientos financieros y de emprendimiento, “si desde pequeños nos acostumbramos a ahorrar y a gastar inteligentemente en las cosas que necesitamos (no en las que queremos), lograremos ser adultos financieramente responsables”.

Para esto es importante enseñar el valor real de las cosas y no del dinero como tal. Es decir, “fomentar en los niños paradigmas adecuados en cuanto a valores: que el dinero puede proporcionar cosas importantes, pero explicándole qué es lo esencial en la vida. Por ejemplo, que la casa es importante pero el hogar es esencial. La compañía es importante, pero los amigos son esenciales. Los remedios son importantes, pero la salud es esencial”, afirma Pablo Andrés Puentes, gerente general de PMA Colombia, empresa dedicada a la planificación financiera personal.

En este sentido, más allá de ser una persona ahorradora, esta actividad les enseña a los niños a que los más importante es el ser, el hacer y el tener. ¿En qué sentido? Martha Liliana explica que ‘el ser’ se refiere a lo que somos y cómo somos (felices, inteligentes, honestos). ‘El hacer’ es qué hacemos (estudiamos, jugamos, ahorramos). Y ‘el tener’ significa lo que tenemos (dinero, cosas materiales). Entonces, si desde niños comprendemos que “somos felices, hacemos lo que nos gusta y, por ende, tenemos el dinero que necesitamos, y no al contrario, lograremos crecer con valores orientados hacia la buena administración y conservación de la riqueza”.

Otros valores importantes son el trabajo, la independencia, la responsabilidad y la honestidad.  Y saber enfrentar las consecuencias que tienen las decisiones. Por ejemplo, dice Puentes, si un niño se gasta una mesada en algo que no necesitaba, sino que quería, es bueno que el padre le permita cometer ese error porque, más tarde, se va a dar cuenta de que lo que compró no era necesario y va a querer otra cosa, y deberá trabajar por ella.

Idealmente, esta enseñanza debe comenzar hacia los 3 años porque, como dice Cavanzo, es la edad en la que los niños comienzan a entender mejor las cosas y hacer la diferenciación de estos valores. Hacia los 4 entienden que hay diversas monedas, a los 5 conciben la idea del ahorro y que se trabaja para ganarlo.

¿Cómo fomentarlo?

Algunas recomendaciones para enseñarles a los niños a ahorrar y a no gastar más de lo debido son:

• Compartir e intercambiar las pertenencias: les enseñará el concepto de valor.

• Jugar a la tienda o darles un trabajo pequeño: les enseñará que los negocios cuentan y que las responsabilidades se deben asumir.

• Clasificar las monedas, la comida o inclusive la ropa. En un futuro, representará su organización en el momento de llevar un presupuesto o de administrar un negocio.

• Llevarlos de compras: les dará una lección sobre presupuesto y enseñará a establecer prioridades.

• Fijarles metas y entusiasmarlos a cumplirlas: los convertirá en adultos comprometidos y sobresalientes que se esfuerzan por salir adelante.

• Participar en familia de campañas de ayuda y/o donaciones: les abrirá el corazón y la mente a nuevas oportunidades.  

• Los padres también pueden usar herramientas como juegos, fábulas, libros infantiles, actividades que les interesen a los niños y que estén relacionadas con el dinero.

• Dar pequeñas labores remuneradas e incentivar el emprendimiento.

• El ahorro es una rutina, así que una dinámica como una mesada permite aprender a familiarizarse con el dinero y a generar límites. Adquieren independencia al manejar su propio dinero.

Cuando se da una mesada, los padres deben darla con continuidad y puntualidad. Su periodicidad varía según la edad de los niños, de su madurez y de las características de cada uno. Por ejemplo, explica Pablo Puentes, “a un niño de 3 o 4 años se le puede dar eventualmente. Entre los 6 y 8 años, una vez a la semana. De los 9 a 12 años, quincenal. Y, a partir de los 12 años, mensual”.

• Las alcancías son importantes, siempre y cuando se establezca un objetivo. Es decir, no guardar el dinero por guardar, sino que sea, por ejemplo, para comprar algo. Y debe ser tan significativo que se puede  hacer una especie de ceremonia para abrir la alcancía.

• Más adelante, abrir cuentas de ahorro en un banco permite que los niños comiencen a conocer cómo funciona el dinero, el banco, una libreta, ver que su cuenta crece por el esfuerzo que realiza.

• Se debe hacer un trabajo en conjunto con la familia para lograr cumplir los objetivos planteados. Siempre será muy importante el apoyo y ejemplo de los adultos.