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    “No hay relación entre las vacunas y el autismo”

    “No hay relación entre las vacunas y el autismo”
    Por: Andrea Forero Aguirre
    Lunes, 8 Abril 2013 - 12:57pm

    Así lo concluyó un estudio en Estados Unidos

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    Desde que en 1998 se conoció un informe de la revista británica The Lancet donde el gastroenterólogo Andrew Wakefield sugirió una relación entre la vacuna triple viral (sarampión, rubéola y paperas) y el autismo, estudio que fue declarado fraudulento, la ciencia no ha parado de investigar para tratar de frenar con argumentos el voz a voz virtual de los movimientos antivacunas, que profesan, como si se tratara de una religión, un rechazo contundente a las inmunizaciones.

    La más reciente publicación al respecto fue hecha la semana pasada en la revista Journal of Pediatrics de Estados Unidos, la cual concluyó que no existe vínculo alguno entre vacunar a los niños en sus primeros dos años de vida y el autismo, trastorno del desarrollo que afecta el comportamiento, la comunicación y las relaciones sociales.

    Investigadores estadounidenses de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) estudiaron la exposición de los niños a los antígenos, esas sustancias en las vacunas que hacen que el organismo produzca anticuerpos para combatir infecciones y enfermedades. Primero analizaron los datos de 256 niños con algún trastorno autista a través de tres diferentes organizaciones de atención médica en Estados Unidos. Después compararon la exposición acumulativa a los antígenos en esos niños con la de 752 menores sin autismo.

    Resultado: “No encontramos ninguna evidencia que indique una asociación entre la exposición a los anticuerpos que estimulan las proteínas y los polisacáridos contenidos en las vacunas durante los primeros dos años de vida y el riesgo de contraer un trastorno del espectro autista, un trastorno de autismo o un trastorno del espectro autista con regresión”, dijo el estudio.

    También descartaron el vínculo entre el autismo y la exposición acumulativa a los antígenos, ya sea desde el nacimiento hasta los dos años o en el curso de un solo día después de recibir múltiples vacunas en un consultorio médico.

    “Estos resultados indican que las preocupaciones de los padres de que sus hijos están recibiendo demasiadas vacunas en los primeros dos años de vida o demasiadas vacunas en una sola visita al médico no son compatibles en términos de un mayor riesgo de autismo”, aseguró la investigación.

    Impacto social “Dejar a sus hijos sin vacunas es exponerlos a adquirir infecciones que podemos prevenir, las inmunoprevenibles, pero también es poner en peligro a toda la sociedad. Si apareciera un solo caso de poliomielitis, sería volver a atrás y vivir de nuevo la epidemia de la que ya nos libramos. En 1991 tuvimos el último caso en Perú y, gracias a las vacunas, en 1994 las Américas fueron declaradas libres de polio. Sería muy triste retroceder”, dijo Pío López López, pediatra infectólogo, presidente del capítulo de vacunas de la Asociación Colombiana de Infectología y miembro de la Sociedad Latinoamericana de Infectotología.

    El doctor López partió de la idea de que quienes se declaran en contra de las vacunas no lo hacen por maldad sino por creencias equivocadas. Agregó que la verdad es que no ha habido en la historia de la humanidad nada que haya sido tan importante en disminuir la morbimortalidad en pediatría como las vacunas y el agua potable.

    “Ni siquiera los antibióticos han sido tan importantes. Gracias a las vacunas hemos logrado controlar muchas enfermedades: desapareció la viruela, gracias a eso en muchos continentes está erradicada la poliomielitis y tenemos controladas muchísimas enfermedades”, sostuvo el infectólogo.

    Acerca de la relación de las vacunas con el autismo, el pediatra dijo que los estudios son verdaderamente claros y se ha demostrado que no existe ninguna relación. Sin embargo, aunque la cobertura de inmunizaciones en la gran mayoría de países está por encima del 90 por ciento, es una tarea diaria tratar de convencer a esos pocos padres que siguen dudando.

    “Investigaciones como la que acaba de salir son importantes para reforzar el tema. Estos grupos antivacunas están vigentes, si desaparecieran no habría necesidad de hacer nada, pero todos los días hay que tratar de demostrarles que están equivocados”, agregó.

    López sostuvo que no se pueden atacar las vacunas porque producen fiebre, dolor o porque a un vacunado le dé sarampión. Aseguró que es normal que haya, en algunos casos, eventos adversos serios tras una inmunización, porque se trata de introducir al cuerpo algo extraño que el sistema inmunológico rechaza. Pero, a su juicio, se trata de una relación de mayores beneficios por algunos riesgos.

    “La vacuna de difteria, tétano y tosferina ha tenido buenos resultados, pero ha producido reacciones fuertes. En Japón la suspendieron por sus efectos y porque estaban libres de tosferina. Tan pronto suspendieron las inmunizaciones se desató una epidemia de tosferina severa. Una vez más quedó demostrado que es más el riesgo que el beneficio de no aplicarlas”, dijo el pediatra.

    Otro punto que debaten los sectores antivacunas es que no protegen ciento por ciento. El infectólogo respondió que estas tienen un índice de protección superior al 90 por ciento, es decir, que 10 de cada 100 niños no quedan protegidos de la misma manera y pueden llegar a tener la enfermedad, pero mucho más leve.

    Los movimientos antivacunas Dewey Ross Duffel, vocero del movimiento Vaccination Liberation, que además cuenta con una de las páginas en Internet más consultadas sobre el tema, respondió que no fue convincente para ellos la nueva investigación divulgada en Estados Unidos la semana pasada. Según el vocero de Vaccination Liberation, el artículo del Journal hace caso omiso de una inmensa multitud de toxinas peligrosas y de otras condiciones importantes de las vacunas. Advirtió, basado en la crítica de un médico llamado Brian S. Hooker – contradictor de las vacunas–, que en dicho estudio no hubo controles verdaderos, que es defectuoso en la metodología, que se produjo un sesgo de selección de los participantes y cuestionó la comparación entre niños no vacunados y niños vacunados.

    “Nosotros, en Vaccination Liberation, seguimos con un creciente número de padres y organizaciones dando a conocer que las vacunas son la principal causa del autismo. Las vacunas no son la única toxina ambiental que puede afectar el sistema inmunológico de un bebé, pero parar la vacunación ayudaría a una disminución dramática del autismo y muchas otras enfermedades infantiles como el asma, las alergias y la diabetes”, dijo.

    La versión del doctor Brian Hooker, profesor asociado de biología en la Universidad de Simpson en Redding California, donde se especializa en química y biología, es que de todos los artículos que ha revisado en su vida este es quizás el estudio más deficiente y poco sincero que ha encontrado y que no hay datos nuevos. “El estudio ocultó datos sobre la única parte válida del estudio (es decir, la exposición prenatal Timerosal) mostró que los niños expuestos al mercurio a sólo 16 microgramos de Timerosal en el útero tenían hasta 8 veces más probabilidades de recibir un diagnóstico de autismo regresivo”.

    Recuadro ¿Existe ese temor en Colombia? La pediatra María Cristina Angulo contó que si bien la recomendación médica aprobada en el mundo es la vacunación masiva y no hacerlo se puede considerar hasta maltrato infantil. En su consulta ha recibido algunas madres que se niegan a seguir dicha recomendación.

    “Casi siempre, quienes se niegan a vacunar a sus hijos tienen una experiencia familiar de autismo con un sobrino o un hijo mayor. Aunque científicamente no se haya probado el vínculo de las vacunas con este trastorno, ellas lo creen y prefieren no hacerlo”, aseguró Angulo.

    Mónica Name Guerra, médica cirujana y homotoxicóloga (estudia el efecto de las toxinas en los procesos fisiológicos del ser humano), opinó que no hay una última palabra sobre las vacunas y sus efectos. “Muchas mamás aseguran que sus hijos eran sanos hasta que los vacunaron. Dicen que desarrollaron problemas neurológicos y convulsiones, pero también han hecho estudios para medir el mercurio en la orina de niños con autismo y no han encontrado niveles altos que produjeran daños. Este es un tema de mucha fricción y debate”.

    Recuadro Preocupación mundial Una de cada 88 personas en Estados Unidos lo padecen y aproximadamente una de cada 100 en Gran Bretaña. En Colombia, según el Centro de Desarrollo Infantil Anthiros, se presenta con una incidencia de 1 por 500 con mayor proporción en hombres que en mujeres (4/1).

    Su presencia se manifiesta durante los tres primeros años de vida. Muchos de los niños que lo padecen no desarrollan lenguaje verbal, tienen dificultad para comprender estados mentales y emocionales en las demás personas, déficit para desarrollar acciones de manera conjunta y tienen tendencia a comportamientos ritualistas y rutinarios.

    No se ha determinado una causa concretamente, sólo se sabe que es una alteración congénita a nivel del sistema nervioso central, de origen multicausado. Se habla de la parte infecciosa, malnutrición, alergias alimentarias, intolerancia al gluten, problemas intestinales, disfunción tiroidea y en la última década corrió por cuenta de la triple viral. Lo cierto es que el miedo ante tantas versiones a favor y en contra ha hecho que aproximadamente uno de cada 10 padres estadounidenses se niegue a vacunar a sus hijos o retrase las dosis.

    Recuadro: El origen La mala imagen de las vacunas, para algunos sectores, se remonta a la investigación que hizo el doctor Andrew Wakefield con 12 niños entre los 3 y 10 años, quienes tenían una historia de desarrollo normal seguida de disminución de habilidades cognitivas, especialmente el lenguaje. En común, supuestamente, habían recibido la vacuna triple viral.

    Casi 10 años después, se supo que Wakefield había procedido de forma poco ética y los resultados no eran válidos, el médico perdió su licencia profesional. Sin embargo, en 1998, año en el que The Lancet hizo la publicación, el anunció se convirtió casi en una alerta mundial.

    Se dijo que la aparente relación de la vacuna triple viral y el autismo era culpa del contenido en mercurio de las vacunas que tenían Timerosal como preservante para evitar el crecimiento de microorganismos en las dosis.

    La revista Medical expuso una semejanza entre el autismo y los síntomas de la intoxicación por mercurio: trastornos del movimiento, alteración del lenguaje y alteraciones psiquiátricas.

    En un estudio llevado a cabo en 2007 se seleccionaron 1.047 niños entre los 7 y 10 años para evaluar 42 variables neuropsicológicas. Tras analizar la exposición del mercurio durante el periodo prenatal, durante el primer mes de vida y durante los siete primeros meses, el análisis concluyó que no se podía detectar ninguna relación alguna entre la exposición del Timerosal y el desarrollo cognitivo.

    Luego se hizo un estudio para comparar los síntomas de intoxicación por mercurio con el autismo Y se encontró que en altas concentraciones podría causar síntomas, pero nunca autismo.

    En 1990, en Dinamarca, dejaron de utilizar la vacuna con Timerosal para ver si disminuían los casos de autismo, pero por el contrario estos aumentaron. En California se realizó un estudio similar desde 1995 hasta el 2007 valorando la incidencia de autismo desde el 2001. Se redujo la aplicación de las vacunas con Timerosal, pero los casos de autismo no disminuyeron.

    Sin embargo, ante el temor de la población, el Timerosal fue retirado de las vacunas por precaución en 1999 y los laboratorios comenzaron a usar otro tipo de preservantes. La Doctora Irva Hertz_Picciotto, directora del Centro Médico Ambiental y Salud del MIND, el centro mundial más prestigioso en el estudio del autismo, comparó las muestras de mercurio en niños con autismo y sin autismo. Fueron 452 infantes entre los 2 y 5 años. Los resultados mostraron que los niños autistas tenían menos mercurio que los no autistas y que no existía relación del mercurio con el autismo.

    El Institute of Medicine (IOM) dijo que no existe evidencia alguna respecto a la relación causal entre el Timerosal y el autismo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo que no hay muestra de toxicidad en lactantes o niños expuestos al Timerosal contenido en las vacunas.

    European Agency for the Evaluation of Medicinal Products (EMEA) también ha manifestado que los datos epidemiológicos no hay relación entre la exposición al Timerosal y el autismo o trastornos de neurodesarrollo. Lo propio hizo la Food and Drug Administration (FDA).

    En Colombia, la Sociedad Colombiana de Pediatría (SCP) apoya la vacunación así como la no evidencia entre el Timerosal de las vacunas y el autismo.

    Nancy Soraya Martínez, pediatra miembro de la SCP, dijo que se ha mostrado con varios estudios de rigor científico que no hay evidencia de que la toxicidad por mercurio tenga relación con el autismo. Andrea Forero Aguirre

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