Niños que mienten: ¿culpa de los padres?

Miedo, vergüenza o búsqueda de atención son algunas de las razones que llevan a los niños a mentir.

Mentiras

Los niños imitan comportamientos externos y aprenden a decir mentiras, sin embargo, con una buena educación les puedes enseñar en casa.

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Por: ABCdelbebe.com
abril 02 de 2018 , 03:24 p.m.

Si usted es de los padres que ya ‘pilló’ a su pequeño hijo diciendo alguna mentira lo más probable es que esté preocupado por la aparición de esa conducta.

Pero, ¿qué lleva a un niño a faltar a la verdad? Según los psicólogos infantiles, las primeras mentiras suelen aparecer entre los 3 y los 5 años de edad y están asociadas
al desarrollo lingüístico, cognitivo y social del niño
ya que, para esa etapa de crecimiento, posee herramientas comunicativas y estrategias lingüísticas que le permite jugar con el lenguaje y decir algo que no se corresponde con la realidad. A su vez, en estas edades, los niños empiezan a comprender normas y valores sociales
y tratan de ajustarse a estos.

De ahí que, el deseo de cumplir las expectativas que los demás tienen de ellos puede inducirles a mentir como ocurre cuando dicen, por ejemplo, que son los mejores de su clase o que anotaron muchos goles en el partido de fútbol.

Por eso, si bien los niños empiezan por pequeñas mentiras sin importancia o producto de su imaginación, pueden convertirlas en una forma constante de resolver situaciones cotidianas si descubren que logran sacar provecho de estas o evadir problemas al decirlas.

De acuerdo con Estefanía García, psiquiatra de niños y adolescentes, el origen de este comportamiento en muchos casos está relacionado con el miedo, la vergüenza, la búsqueda de atención y afecto (mienten para impresionar a otros), la evasión de castigos, la presión excesiva, el estrés y la necesidad de defenderse, entre otros factores en los que muchas veces los adulto aportan su grano de arena.

Lo que sí es un hecho es que un niño no miente por gusto y generalmente, la mentira es generada por un estado emocional. “Las mentiras son la manifestación de algo que está sucediendo en el mundo interno del niño, en interacción con factores externos,
y que tiene una razón y un objetivo.

Por esta razón, se debe tener en cuenta no solamente el contenido de la mentira, sino el propósito que esta lleva implícita, la frecuencia con la que es dicha y el contexto en el que se presenta”, explica García.

la clave para tratar el problema está en analizar la situación, dialogar con el niño, generar entornos de confianza y modificar esos comportamientos que lo presionan a mentir

La influencia de los adultos

En esta misma línea, Claudia Jiménez Chacón,psicóloga y experta en crianza, señala que “más que preocuparse por las mentiras, es mejor ocuparse: hallar la razón de fondo que motiva a los niños a mentir y que a veces tiene origen en algunos comportamientos que los padres asumen en el proceso de crianza”, explica Jiménez
Chacón.

En palabras de la especialista, “las amenazas, el castigo físico, los gritos, la atribución de culpas y las exigencias permanentes por resultados académicos, además de declaraciones exageradas como “me estás enfermando”, “tu comportamiento me tiene
cansado”, “un día de estos me vas a volver loca”, llevan al menor a distorsionar la realidad para no ser reprendido o para no causarles disgustos a sus padres.

Por lo tanto, la clave para tratar el problema está en analizar la situación, dialogar con el niño, generar entornos de confianza y modificar esos comportamientos que lo presionan a mentir.

Malos ejemplos

Ahora bien, el ejemplo que los adultos dan a los niños también aporta su cuota cuando de mentir se trata: muchas veces los padres dicen “mentiras piadosas” o verdaderas mentiras frente a sus hijos enseñándoles indirectamente a hacerlo a través del ejemplo.

Así las cosas, actitudes como pedirle al niño que niegue que su papá o su mamá está en casa cuando un particular llama al teléfono, decirle “no le cuentes a tu papá porque se pone bravo” o “si te preguntan, tú dices esto…”, “no vayas a decir que pasó aquello”, son peticiones que a veces les hacemos a los niños sin comprender el mensaje que en el fondo les estamos dando.

“En este sentido, el ejemplo y lo que los niños observan entra a formar parte de sus aprendizajes en el día a día. Si el menor se da cuenta de que sus padres utilizan la mentira como herramienta para salir de un problema, evadir alguna acción o responsabilidad o simplemente como un hábito, es muy probable que ellos lo hagan también y para ellos estará bien”, explica la sicóloga infantil Paula Bernal.

Por lo tanto, antes de alarmarse la próxima vez que descubra a su niño diciendo mentiras, revise su propio comportamiento y las lecciones de honestidad que se están
enseñando en casa.

Pautas para corregir

¿Podemos decirle a un niño que es un mentiroso? ¿Miente porque es malo? Por supuesto que no. De hecho, los psicólogos infantiles advierten que decirle ‘mentiroso’ a un niño empeora la situación porque le pone un rótulo que lo lleva a entender que no tiene posibilidades de cambiar, como si ello fuera parte natural de su personalidad.

Según Claudia Jiménez Chacón, es importante actuar desde la primera vez que se detecta una mentira y poner especial atención cuando estas se vuelven recurrentes e involucran a otras personas. Estas son las recomendaciones que la experta da para atender el tema:

* Evite sacar conclusiones apresuradas. En cambio, pregunte con calma sobre la situación, escuche el relato del pequeño e indague, con respeto, amor y paciencia, por las razones que lo llevaron a mentir.
* Dialogue con el niño sobre la importancia de decir siempre la verdad y demuéstrele que cuenta con la confianza y la seguridad para hacerlo.
* Haga referencia a la acción de decir mentiras en lugar de decirle que es un mentiroso.
* Busque con el niño una solución del inconveniente en lugar de castigarlo.
* Resalte los problemas que generan la mentira y su efecto de ‘bola de nieve’. Léale cuentos, relatos infantiles o muéstrele películas que dejen moralejas sobre los problemas que causa la mentira.
* Dele una recompensa por decir la verdad o admitir una falta. Un niño que admite su
culpa con valentía es digno de admirar.